¿Un Premio Nobel de Derecho?

Una injusta carencia: la necesidad de un lauro global de reconocimiento jurídico.

Por Luis R. Carranza Torres

Muchos abogados han ganado un Premio Nobel. Pero ninguno por su actividad jurídica en específico, desde que el derecho, a diferencia de la medicina, la química o la literatura, es una disciplina no comprendida dentro de los lauros que anualmente otorga la Academia Sueca.

¿Debería haber un Premio Nobel de Derecho? Peter Lattman se formulaba esa pregunta, desde su «Law Blog» del The Wall Street Journal, un 9 de octubre de 2007.

Recogía, en su postulado, un paper del profesor de derecho Thomas S. Ulen, publicado en el Nº 4, correspondiente al volumen del año 2002 de la University of Illinois Law Review.
En realidad, dicho autor usaba la pregunta de si alguna vez se instituiría un Premio Nobel jurídico como un disparador para discutir el «estado del derecho» en cuanto a su investigación científica y la posibilidad de «hacer ciencia» a partir de lo jurídico.

A pesar de la inexistencia de un «Nobel jurídico», no son pocos los colegas laureados con el Premio Nobel de la Paz.

El primer abogado en ganar un premio Nobel fue el suizo Charles Albert Gobat, profesor de derecho civil en la Sorbona de París. Sus esfuerzos junto a Élie Ducommun en el Bureau International Permanent de la Paix le otorgaron a ambos el lauro de la Paz en 1902. Tal organización, fundada en 1891 como resultado del Tercer Congreso Universal por la Paz, era la primera de su tipo en la historia del mundo, dedicada a soluciones a los conflictos mediante la paz, merced al uso del arbitraje, cortes internacionales y organismos supranacionales. Se buscaba con su institución «coordinar las actividades de las diferentes sociedades a favor de la paz y promover el concepto de la búsqueda de soluciones pacíficas en los conflictos internacionales».

En dicha lista pueden verse nombres como Nelson Mandela (1993), Mijail Gorbachov (1990), Menajem Beguin (1978), René Cassin (1968), Cordell Hull (1945), Woodrow Wilson (1919) o Louis Renault (1907). También el romanista Theodor Mommsen recibió el premio Nobel, pero de Literatura, en 1902.

Carlos Saavedra Lamas, el primer argentino en obtener un Nobel y el primer latinoamericano en obtener el Premio Nobel de la Paz, era un prominente abogado. Se especializaba tanto en derecho laboral como en derecho internacional. Bisnieto de Cornelio Saavedra, casado con Rosa Sáenz Peña, hija del presidente Roque Sáenz Peña, su labor como canciller para poner fin a la sangrienta Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, le valió el reconocimiento internacional y la concesión del lauro, en 1936.

Profesor de derecho en diversas universidades y materias, desde la historia, la sociología, la economía política al derecho constitucional, del trabajo y público provincial, en el período de 1941 a 1943, llegaría a ser rector de la Universidad de Buenos Aires.

El más discutido de los Nobel concedidos a colegas sea, quizás, el Premio Nobel de la Paz de 2009 otorgado al presidente Barack Obama. En su momento la decisión del Comité Nobel liderado por Thorbjørn Jagland recibió críticas por otorgar el lauro a una persona que al tiempo de ganarlo no había pasado, en cuestiones de paz, de meras declaraciones. El premio fue otorgado sólo nueve meses luego de que Obama fuese electo presidente, por lo que fue juzgado como inmerecido, prematuro y motivado políticamente. Hasta el propio premiado se pronunció al respecto: «Para ser honesto, creo que no lo merezco», dijo al agradecer el galardón. No obstante lo cual, acudió puntualmente a la ceremonia a recibirlo.

Luego sus posturas belicistas respecto de la intervención militar estadounidense en Irak y Afganistán afianzaron aún más las críticas.

El último abogado laureado, a la fecha, es el egipcio Mohamed Mustafa el-Baradei, quien lo recibió en el año 2005 junto al Organismo Internacional de Energía Atómica que presidía por “sus esfuerzos para prevenir el uso de la energía nuclear con fines militares y asegurar que la energía nuclear con propósitos pacíficos sea usada de la manera más segura posible».

En realidad, la cuestión no sólo se trata de si debe existir o no un Nobel particular a lo jurídico. Es que el derecho, como bien lo expresa Gustavo Arballo en su blog Saber leyes no es saber derecho, a diferencia de lo que ocurre en matemáticas que tiene instituido la Medalla Fields, o en arquitectura que posee el Premio Pritsker, no tiene un galardón jurídico mundial para reconocer los logros de los abogados. Compartimos con el autor que cuestiones como la postulación de la necesidad de la existencia de un tribunal constitucional por parte de Kelsen, o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, merecerían sobradamente un lauro de tales características.

No caben dudas de que se trata de una carencia no menor. Por eso mismo llama la atención la falta de voluntad de remediarla por parte de las instancias académicas internacionales u organismos jurídicos globales, tales como la Corte Internacional de Justicia o el Tribunal Penal Internacional. Se nos viene, por ello, un dicho a la memoria: “en casa de herrero, cuchillo de palo”.

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