Morir de hambre

Según información aportada por Save The Children, relativa a muertes por inanición en la guerra civil en Yemen, 85 mil personas murieron por esa causa

José Emilio Ortega – Santiago Espósito (Profesores – UNC)

El New York Times publicó información aportada por Save The Children relativa a muertes por inanición en la guerra civil que tiene lugar en Yemen. Una estimación “conservadora” señala 85 mil decesos por inanición, en un drama regional entre actores gravitantes -Irán, por una parte, y una coalición liderada por Arabia Saudita que contó con armamento adquirido en EEUU, por la otra- que lejos está de resolverse en lo inmediato.
¿Qué es morirse de hambre? ¿Qué significa que una vida concluye por inanición? Etimológicamente, está presente la idea de “vacío” (del latín inanis); suficientemente importante para impactar gravemente en los nutrientes, las vitaminas o la energía que permite el milagro de vivir. Se asocia a la ingestión de alimentos, o mejor dicho, a la imposibilidad de concretarla. De suficiente entidad para transformarse en patología, incluso mortal. En zonas de mayor bienestar, donde las estaturas y pesos promedios son más estables y los niveles de grasas actúan como auténtico “tanque” o reservorio de energías, las posibilidades de inanición o hambruna están vinculadas con desórdenes individuales; mientras que en las regiones o comunidades más vulnerables, en las que el peso promedio es menor y las reservas calóricas suelen ser insuficientes, es más probable la epidemia, en particular en grupos críticos como los niños.

La bibliografía publicada señala que la fase completa de la hambruna produce un desgaste en el cuerpo humano similar al de un cáncer termina, o un síndrome de insuficiencia adquirida muy avanzado. Entre las alteraciones, pérdida de crecimiento o desarrollo de órganos y músculos o su atrofia y cese de funcionamiento. No abundan estudios clínicos que documenten casos hasta la muerte, pues documentar esa involución sin intervenir es incompatible con derechos humanos esenciales -aunque se dice que hubo estudios no publicados en campos de concentración en la Alemania nazi y que existen informes publicados parcialmente sobre los huelguistas irlandeses de 1980-81-. Empero hay numerosos trabajos que mediante distintas técnicas de estimación y análisis de la patología en diversas fases determinan cómo la hambruna liquida la vida. Se dice que cuando se pierde más de 50% del peso normal, la suerte está echada.

Principales causas
Entre las causas principales que ameritan pensar al asunto como un problema de salud y política pública, se señalan el aumento desproporcionado de la población que desborda la capacidad de recursos alimentarios de la zona de que se trate, las grandes desigualdades sociales, la pobreza generalizada (con un estándar de sobrevivencia con menos de 1,25 dólar por día) y dificultades logísticas para la distribución de alimentos básicos. . Es probable que podamos trazar una línea entre factores estructurales (capacidades, infraestructura, estabilidad, instituciones, etcétera) y culturales (educación, calidad, solidaridad, relación con el entorno).
Parece que no es tan sencillo morir de hambre; pero, según muchas estadísticas, mueren más de 20.000 personas por día en el planeta. ONU publicó en septiembre un informe que da cuenta del tercer aumento interanual de afectados mundialmente por hambre. Son 821 millones de personas en la actualidad, una de cada nueve habitantes de la Tierra. Las zonas críticas: Oriente Medio (donde uno de cada diez niños presenta baja altura asociada a problemas alimentarios contra uno de cada cien en América Latina), África y América del Sur (en particular Venezuela, con 3,7 millones de su población en riesgo cierto alimentario). El último informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) alerta sobre el aumento del hambre y la mala alimentación en América Latina, donde se advierte que en 2017 se alcanzó la cifra de 39,3 millones de personas subalimentadas, lo que representa 6,1% del total de la población. El aumento en el hambre en el último trienio, destaca la FAO, provino principalmente de países de Sudamérica. Entre los trienios 2014-16 y 2015-17, Argentina, Bolivia y Venezuela aumentaron el número de personas con hambre. En nuestro país, respecto a 2017, hubo un incremento de 100.000 personas malnutridas.

Fallas estructurales
No siempre debemos asociar la inanición con una carencia “general”: es posible que estos vacíos se presenten por fallas estructurales o culturales. Un ejemplo de ello es, en América Latina, el enorme desperdicio de comida: se desechan por día 348 mil toneladas de alimentos (127 millones/año) guarismo que engloba imprevisión, desigualdad, falta de solidaridad, discriminación, ausencia de infraestructura física y social, desentendimiento del Estado, etcétera
Además, influyen la ausencia de ideas y medios para organizar logísticamente una provisión regular en zonas no afectadas ni por causas bélicas u otras amenazas graves a la seguridad y la circulación de las personas. En Argentina, con más de 13 millones de pobres, entre dos y tres están sufriendo problemas alimentarios; aunque las muertes diarias se han reducido, según Juan Carr (Red Solidaria) de 25 casos en los años 90 a cuatro en la actualidad.

Una estrategia global fallida
Existen pronunciamientos institucionales, tratados generales o particulares, declaraciones, leyes, programas, donaciones. Pero ha fallado una estrategia global en contra del hambre, que evidentemente no ha querido construirse. Sobran cosméticos, frases de ocasión; también existen intenciones serias de luchar con responsabilidad y actores con conocimiento real. Pero la sensación es que, con el estómago lleno, es más fácil opinar que actuar. Dijo Martín Caparros en esa notable crónica/ensayo “El Hambre” (2015): ‘Las palabras “millones-de-personas-pasan-hambre” deberían significar algo, causar algo, producir ciertas reacciones. Pero, en general, las palabras ya no hacen esas cosas. Algo pasaría, quizás si pudiéramos devolverles sentido a las palabras´.
Un lustro después, estamos peor que entonces: es cada vez más fácil, por distintas razones, en Yemen o Venezuela, en Guatemala o en Afganistán, pero también en países como Bolivia o Argentina, morir de hambre.

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