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Los problemas de una “conejita”

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 Por Luis Carranza Torres* y Carlos Krauth **

Una broma muchas veces no es sólo eso. No pocas veces, una broma no es en absoluto algo gracioso, sino todo lo contrario. Es una posibilidad que resulta de su misma naturaleza: una broma es una maniobra, trampa o truco que se le hace a alguien. No hay mayores problemas cuando el humor está presente. Luego vienen otro tipo de maniobras, mucho menos claras, en que a resultas de cuya actividad, el destinatario de la charada en cuestión se puede sentir ridiculizado, engañado o victimizado. En dichas ocasiones, la crueldad inherente al hecho las hace difíciles de diferenciar del acoso, el sadismo, el vandalismo o el mobbing.
Algo de esto ocurrió con la modelo estadounidense Dani Mathers, chica Playmate del año 2015 de la revista Playboy, que por una de esas últimas situaciones pasó en pocos días, de trabajar en un programa de radio y contar con miles de seguidores a ser una de las personas más despreciadas en las redes sociales.
A esta “conejita” de 29 años no se le ocurrió mejor cosa, mientras estaba en un gimnasio de la cadena LA Fitness en la ciudad de Los Ángeles, que capturar su imagen junto a la de otra asistente al lugar y difundirla en Snapchat.
La selfie no era sólo eso. Se mostraba a sí misma al lado de una mujer desnuda con problemas de peso, que se encontraba en el vestuario, cerca de las duchas. En la fotografía se veía a Mathers en ropa deportiva tapándose la boca. Como pie de foto, al difundirla, escribió: “Si no puedo ‘no ver’ esto, entonces ustedes tampoco” en obvia referencia al volumen físico de la otra mujer.
Postulado de su parte como una broma, pocos lo tomaron de ese modo y a nadie le hizo gracia. Es un buen signo que la sociedad no se halle tan extraviada de ideas como ella.
Pronto las redes, como por ejemplo Twitter, se llenaron de mensajes de usuarios que criticaban la acción de Mathers, acusándola de ridiculizar a una persona por el aspecto de su cuerpo, lo que en inglés llaman bodyshaming.
Dicha práctica les ha arruinado la vida a muchas personas, fundamentalmente a jóvenes que llegan a situaciones de depresión o desórdenes alimentarios para cumplir con un determinado ideal de belleza física.
También como un claro ejemplo de salud moral colectiva, la reacción no fue sólo del público. Poco después de que las imágenes subieron a Snapchat, la cadena LA Fitness le prohibió a Mathers la entrada a cualquiera de sus gimnasios en todo el país. En un comunicado oficial, su vicepresidenta Ejecutiva de Operaciones, Jill Greuling, expresó: “Su comportamiento es abominable y pone a todos los miembros en riesgo de perder su intimidad. Nuestras normas son muy claras: el uso de teléfonos celulares y la toma de fotografías están prohibidos en los vestuarios. No se trata sólo de una regla nuestra sino de un principio de decencia”.
Por su parte, la red a través de la cual se difundió la fotografía, Snapchat, si bien no quiso hacer comentarios a la prensa en particular, de modo informal recordó que en sus directrices se establece que no deben tomarse fotos de personas sin su conocimiento y consentimiento o en lugares o situaciones que violen su intimidad, tales como “en una casa, un baño, un probador o un vestuario”.
No fue la última de las reacciones: Mathers fue también despedida de su trabajo como comentarista en un programa de radio de la emisora KLOS de Los Ángeles. Y por si fuera poco, el departamento de policía de esa ciudad confirmó que se halla bajo investigación penal y se enfrenta a posibles cargos bajo la ley de California, de desorden público por la “distribución ilegal” de la imagen, una falta que puede derivar en una multa de hasta US$1.000 o seis meses de prisión.
Como puede verse, el caso de Mathers y la difusión de su fotografía no es la historia de una broma que salió mal, sino algo mucho más serio. Pero, a la vez, para quienes practicamos el derecho por estas tierras del sur, resulta una interesante oportunidad de ver un caso sobre los nuevos delitos que la tecnología trae aparejados respecto la intimidad y la dignidad de las personas.

 Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas. **Abogado. Magister en Derecho y Argumentación Jurídica 

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