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Liberar a las mujeres que esconden nuestras calles (6/6)

Por Alicia Migliore*
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Da la impresión de que al nominar las calles se ha eludido incluir a las mujeres con evidente participación política, ello no obsta que se hayan filtrado todas las nombradas que tuvieron un accionar decidido para mejorar con las condiciones de vida de su tiempo en clara actividad política.

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De Macacha Güemes dice Bernardo Frías “que lideraba todas las revoluciones, conjuraciones y sediciones ocurridas en Salta desde el comienzo de la Guerra de la Independencia hasta la caída del gobernador (Pablo) Latorre en 1835, y todas fueron hechas por mujeres que habían tomado la política como oficio propio de su sexo”.

La normativa general impone un plazo de espera de cinco años para dar el nombre de una persona fallecida a un espacio público; se considera el tiempo necesario para una ponderación adecuada, despojada de la pasión del momento.

La Constitución Nacional establece, en cumplimiento de Tratados Internacionales con jerarquía Constitucional, la necesidad de desarrollar acciones positivas en beneficio de los sectores vulnerables (mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad). No se trata de escribir una historia DE las mujeres sino una historia CON las mujeres.

Expertos en el incumplimiento de la legislación, vemos violaciones en ambos sentidos de lo expresado en párrafos anteriores: se imponen nombres de dirigentes inmediatamente después de fallecidos (el más reciente es el caso de Néstor Carlos Kirchner, que luego de declaraciones públicas en primera persona, pasó a designar calles, plazas, hospitales, escuelas, rutas, etcétera) y omiten sistemáticamente los nombres de las mujeres lideresas que partieron dejando su impronta de lucha, de modo que casi nunca aparezcan en la memoria de sus pueblos y haya que bucear en las profundidades del olvido para sacarlas a la luz. La argelina Fátima Usedik señala: “Se trata -para nosotras- de desmontar los mecanismos de la invisibilidad, es decir, de todos aquellos procesos que al mismo tiempo que restringen nuestra relación con el mundo mantienen en las sombras a la mayoría de las mujeres y hacen aparecer, bajo ciertas condiciones, a algunas de nosotras para legitimar así en su conjunto el proceso de exclusión”. Por ello, la historia androcéntrica es insuficiente y parcial, y la prestigiosa Hebe Clementi sostiene: “La clave del género, precisamente por esta cualidad universal, parece ser una excelente develadora de la maraña histórica que ha envuelto esa presencia importante e indispensable de la mujer en un silencio y una oscuridad que la omisión acentúa. Está comenzando a descubrirse ese tejido espeso que devela la construcción de cada sociedad y el papel de la mujer en cada una de ellas”.

Cuando salimos a buscarlas, nos encontramos a nosotras mismas en este ramillete de mujeres excepcionales pero también encontramos a muchas otras que pugnan por estar presentes en la ciudad enarbolando sus banderas para profundizar sus conquistas para las mujeres de hoy: vemos a Adelaida Roldán, Pura Luján, María Montiel, Amalia Budano Roig, Blanca del Prado, Glauce Baldovin, Ana Pelegrin, Jolie Libois, Hellen Keller, Regina Paccini, Mamá Antula, Nenette o Pablo del Cerro, Mercedes Orgaz, Margarita Malharro, María Saleme, Marina Kitrosser. Leonor Marzano, Alicia Moreau, Carolina Mizzulli, Julieta Lantieri, Eva Perón (que tiene un barrio con su nombre pero no una calle), Elvira López, Clotilde Sabattini, Malvina Rosa Quiroga, Rosario Vera Peñaloza, Florentina Gómez Miranda, Felicitas Guerrero, Mariquita Sánchez, Paula Albarracín, Ernestina López, Eduarda Mansilla, Manuela Gorriti, Aurelia Vélez, Delfina Bunge, Graciela del Río, Margarita Weild, Fermina Zárate, Casimira Tulián y Reyna Aruedy, entre muchas otras.

Existe un puñado de nombres a los que no pudimos encontrarles su historia: Elina Arana, Manuela Cacigas, Isabella; Manuela Mayorga, Paula Rivero, Aldana Yortega, Letizia (en el barrio Kronffus, nombre del molino harinero que desconocemos si evocará una esposa, una hija, o será un nombre de ficción) y Las Huérfanas (nos interesa conocer si es una nominación casual o remite a un episodio específico) y debemos recuperarlas para la memoria colectiva.

Invisibilizan a las mujeres impidiendo el acceso a su trayectoria, las sofocan de silencio, como otro modo de ejercer violencia sobre ellas y sobre sus congéneres. Rescatarlas es rescatarnos a nosotras mismas y romper aquel mandato acatado y equívoco que logra muchas veces que las mujeres sean las peores enemigas de las mujeres.

Procuremos que se conozca la trayectoria y obra de todas aquellas que están posicionadas, y que se agreguen las que continuaron y continúan la transformación social para que el protagonismo femenino deje de estar oculto en las sombras.

¿Qué mujeres estarán escondidas en las otras ciudades?

(*) Abogada-ensayista. Autora del libro Ser Mujer en Política.

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