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Exceso productivo inunda el mercado del petróleo

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia
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El hallazgo de yacimientos sólidos a gran profundidad, cuyas máximas reservas están en territorio de Estados Unidos, ha modificado sustancialmente la situación mundial en la materia, pues los esquistos transformaron este país en el mayor exportador.

La superabundancia de petróleo que existe actualmente en el mundo ha causado una vertical caída de su precio internacional a menos de la mitad de la cotización que era habitual, y permanece en esos niveles. Estiman que esta situación se extenderá por lo menos todo el año 2016 sin muchas variantes, aunque hay quienes sostienen que la demanda se desacelerará en alrededor de un tercio respecto del total de embarques de 2015.

Hasta 2012 Estados Unidos importaba 40% de su consumo anual con el objeto de conservar los yacimientos existentes en su territorio como reserva estratégica por el mayor tiempo posible; mientras tanto continuaban la investigación y búsqueda, aunque sin éxito, de un sustituto adecuado. Durante la década de los años 80 (siglo XX), en la zona de California se descubrieron yacimientos de escasa magnitud consistentes en esquistos, combustible “no tradicional” adherido a rocas, que permitieron experimentar sobre su extracción después de licuar y gasificarlos “in situ” mediante potentes chorros de agua caliente.

En la misma época se descubrieron en Canadá y en Argentina yacimientos semejantes, constituyendo los argentinos, a nivel ecuménico, segundos de gas y cuartos de petróleo. Ese nuevo giro ha transformado la primera potencia, que importaba 40%, en el máximo exportador. El mercado recepta para su provisión los aportes de combustibles “tradicionales” ubicados en la cuenca del Golfo Pérsico, liderados por Arabia Saudita. Los recientes acuerdos suscriptos con Irán también permitirán que este país concurra a la oferta internacional con todo su potencial.

Al margen del producto “tradicional” que hasta ese momento cubría toda la demanda, los hallazgos de esquitos en grandes proporciones han colmado con creces tales requerimientos y en la actualidad hay una oferta tan amplia que las cotizaciones cayeron a menos de la mitad de lo que se conceptuaba como normal. La baja de alrededor de 45% en los precios que se verificó desde mediados de 2014 impulso un mayor uso. No obstante, se vive un estado de gran inquietud pues el exceso de oferta puede desencadenar una abrupta caída de la demanda.

El transporte de dicho combustible en gigantescos buques-tanque se ha convertido en una actividad muy lucrativa y, ejemplo de ello, es el informe de la mayor empresa rusa Sovcomflot que en el corriente año admite haber multiplicado por 3,5 veces sus máximos beneficios anteriores, ya que en las condiciones actuales los embarques ascendieron rápidamente. No obstante, se mantiene en guardia pues no cree que lo que está sucediendo pueda durar mucho tiempo. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), constituida por 12 grandes transportistas, prefiere mantener cierta prudencia y sostiene que en 2016 la demanda se ubicará en dos tercios de la correspondiente a este año.

Estados Unidos, ante la vertical caída de los precios, ya ha tomado la decisión de replegarse parcialmente en sus exportaciones, pero Arabia Saudita y, en especial, Rusia (segundo país productor) no han vacilado en cubrir los envíos con creces. En tal escenario, China, que no se autoabastece, ha aprovechado para acumular reservas equivalentes a un tercio del consumo anual. Las empresas que tienen por objeto su transporte han sido las máximas adquirentes pues sus pedidos ascendieron en nada menos que 80% respecto a los de un año antes.

Sin límite
En 2015, Estados Unidos y la OPEP inyectaron sin ningún límite el crudo, incluso a clientes no muy seguros, lo cual se reflejó en una baja de más de 50% en la cotización internacional y ello ha sido perjudicial para zonas tradicionalmente proveedoras pero de escasa magnitud, donde se supone que caerá en una significativa medida. Los países que no integran la OPEP han resuelto disminuir su producción en 2016 y ya se vislumbran descensos en México, Rusia y Noruega. Los recortes en los presupuestos de exploración generan problemas por bastante más tiempo y no existen mecanismos que cambien con rapidez tales tendencias.

La OPEP, por su parte, recortó en alrededor de 100 mil barriles diarios, consumando en lo inmediato una merma de 2,2 millones mediante los países que la componen.

Pensar en una cierta baja del volumen no es una idea generalizada. La administración de Información de Energía, de EEUU, estima que ello no sucederá y que, por el contrario, subirá levemente pues pasaría de 1,31 millón de barriles diarios a 1,41 millón en 2016. Quienes no creen en esta tendencia mencionan las dudas que hay sobre una eventual evolución de la demanda en China, pues consideran que el año próximo la actividad económica mundial media llegará a +3,1% contra +3,3% que adjudican a 2015; es decir, su más inferior registro desde 2008 en adelante.

Ello se explica por la baja ocurrida en China, que para el tercer trimestre de este año anuncia oficialmente que su economía sólo crecerá 6,9%; incluso podría descender a 6,3% en el mismo período del año próximo. Frente tal perspectiva, el primer ministro chino anunció que durante el período 2016-2025 crecerán un promedio de +7,5% anual, sin dar detalles sobre lo que harán para alcanzar ese resultado que, obviamente, sería óptimo en el mundo actual. La dinámica de la explotación requiere cubrir entre 15% y 8% que anualmente pierden por menor rendimiento de pozos viejos.

Mayor proporción
El suministro está compuesto por gas natural, crudo y biocombustibles pero actualmente la mayor proporción es de esquistos, cuyo máximo productor es EEUU. Las empresas especializadas han recortado sólo para 2015 en US$130 mil millones las inversiones afectadas a la localización de nuevos yacimientos, aunque se han suspendido exploraciones en Nigeria, Noruega y la zona del Artico canadiense. Los analistas advierten de que cuando se recortan gastos de exploración, como actualmente, se contribuye a instalar un período posterior de alzas.

Se estima que cuando se absorba el evidente exceso que está en poder de las grandes empresas especializadas y vuelvan a encarar explotaciones o producciones interrumpidas actualmente, ello sucederá combinándolo con  un proceso paralelo de “normalización de las cotizaciones”. Los inversores habituales y con más experiencia admiten que fueron sorprendidos por una tan profunda y extensa caída de los precios.

Es obvio, la dirección que se adoptará durante el quinquenio 2016-2020 es muy probable que sea inducida por los círculos especializados de EEUU y la OPEP, que se proponen seguir jugando un rol decisivo en ese mercado. Por otro lado, los que no integran esta última organización ya han anunciado que realizarán lo necesario para que haya una merma diaria de 300 mil barriles “hasta nuevo aviso”.

Cabe advertir de que prima un clima de “alta volatilidad” que hace muy difícil hacer previsiones confiables. Hay quienes rechazan toda intención de explotar las zonas de arenas bituminosas de Canadá y hacer perforaciones en sus costas del Ártico, pero debe quedar muy claro que las decisiones se toman y parten de Otawa, donde no siempre se piensa como lo hacen los técnicos.

De todas las facetas expuestas, el principal deseo de concreciones se cierne sobre la probable producción y comercialización de esquistos. Al dar preferencia a esta modalidad, automáticamente se excluye la evaluación de los productores que no los poseen, con excepción de los países componentes de la OPEP. Un Informe emanado de Goldman Sachs Group Inc. deja expresa constancia del incremento de producción previsto por EEUU y la OPEP para atender a cualquier eventual aumento de demanda durante el quinquenio referido.

Es muy lógico que los productores y proveedores mundiales no estén dispuestos a sufrir nuevas sorpresas pero ponen serios reparos a prepararse para incrementar la oferta sin gozar de amplias garantías sobre cuál será la tendencia que prevalecerá en el mercado.

Puestos ante la alternativa, se han declarado predispuestos a esperar todo lo que sea indispensable y prudente, aunque ello demore en algo su retorno al escenario supuestamente en suba.

El mayor interrogante actual está referido a la política a seguir en materia de producción de esquitos en EEUU, porque si no se tiene seguridad sobre la viabilidad de su comercialización es más conveniente mantenerlos sin licuar ni gasificar, en la entraña de las minas. Plantean que deben hacerse esfuerzos en materia investigativa para elaborar predicciones confiables de largo plazo (10 o más años) pues el desprendimiento es preferible encararlo cuando ya se tiene decidido el destino final que tendrán.

En este momento, cuando se requiere disponer de ciertas precisiones sobre lo que puede suceder en el año 2016, los analistas especializados se dividen en dos grupos que discurren bajo diversas, y en algunos casos enfrentadas, convicciones.

Por un lado están los que consideran que el año próximo no habrá cambios en la demanda ni en los precios capaces de modificar en cierta medida el escenario; por el otro están los que anuncian una fuerte reducción de la demanda que eliminará a proveedores no muy sólidos y se producirá un fuerte superconcentración en la cúspide. Lo que nadie arriesga a predecir es para cuándo podrá normalizarse el mercado y retornar a lo que se conoció como “normal” hasta mediados de 2014.

En este clima de incertidumbre, tanto las empresas como los capitales extranjeros que operan en la especialidad tienen mucha reticencia a encarar nuevas inversiones de magnitud. Ello ha afectado la prosecución de radicaciones en la zona de Vaca Muerta (Neuquén) que, sobre una superficie de 30 mil km2 y a 2.500 m. de profundidad, contiene un valiosísimo yacimiento de esquistos que ha sido subdividido en 33 partes de igual dimensión para encarar su explotación, teniendo a YPF como socio a 50%.

Hasta hace tres años, los interesados eran muchos pero se concretaron sólo tres, o sea el equivalente a un décimo, pues los demás han decidido tomarse el tiempo para apreciar si se normaliza la situación. YPF, que no cesa de crecer y estiman que para 2020 recuperará el autoabastecimiento, ha optado por no acelerar el proceso de producción allí pues se trata de una reserva que, explotada en plenitud, asegurará la provisión al mercado interno argentino por 40 años.

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