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El “palocarril” de Resistencia

Por Martín Horacio Delprato * - Exclusivo para Comercio y Justicia
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El ex Territorio Nacional del Chaco, actual provincia de Chaco, fue escenario a fines del siglo XIX y principios de 1900 de una intensiva explotación forestal, principalmente del quebracho colorado, muy apreciado por su tanino. Se crearon grandes obrajes, aserraderos y fábricas. Se talaron indiscriminadamente los bosques nativos y se desertizaron algunas zonas y otras se ganaron a la explotación ganadera y agropecuaria.

Para vincular estas fábricas de tanino con los obrajes y aserraderos se construyeron numerosas vías férreas particulares, más de 500 kilómetros de vías privadas de trochas decauville (60 y 75 cm). Por suerte, al agotarse el tanino, algunas sobrevivieron y se adaptaron a la producción agropecuaria y transporte de pasajeros, uniéndose a otras empresas ferroviarias más grandes, adaptando sus vías a trocha angosta y transformándose luego en ramales del ferrocarril General Belgrano, al nacionalizarse los ferrocarriles en 1948.

De estas empresas, la más curiosa y la que más nos interesa en esta nota es la fundada el 2 de marzo de 1901, fecha cuando el jefe comunal de Resistencia, don Carlos Boggio, autorizó a la sociedad conformada por el médico Atilio Chiarazzo, oriundo de Salto (Uruguay) y su concuñado, el ingeniero genovés Carlos Manuel Dodero, a instalar entre la capital del Territorio Nacional y los aserraderos de Dodero, en el paraje El Salado, una línea de carriles de quebracho colorado, urunday y guayacán, maderas de altísima dureza y durabilidad. Los carriles estaban asentados sobre durmientes de las mismas maderas.

Sobre estas vías se desplazaban las llamadas “zorras de vía”, vagones sin carrocería aptos para el traslado de rollizos y durmientes de quebracho colorado, traccionados por mulas que, a paso lento y seguro, permitían llegar al muelle en las costas del río Arazá.

Este sistema de madero-carril de 35 kilómetros de longitud, como se lo aprobó, no tardó en ser popularizado por los habitantes de Resistencia como el “Palocarril”, nombre por el cual aún hoy se lo recuerda.

Es el primer caso conocido de tal sistema realmente construido en nuestro país y que se empleó exitosamente con fines comerciales.

En 1904, el mismo Carlos Dodero presentó a la gobernación del territorio un proyecto de la construcción de un tren de trocha de 60 cm desde la estación Arazá del Palocarril hasta Puerto Tirol, obra que inició al año siguiente, junto con otro ramal hasta el puerto de Barranqueras.

Estos dos ramales constituyeron el que sería el “Ferrocarril Rural de Resistencia y Barranqueras”, mal llamado a veces “Tranvía Rural de Resistencia”, que unía la capital con el Puerto de Barranqueras, Villa Jalón, Puerto Vicentini, La Palometa, Villa Fontana, Puerto Tirol y Colonia Popular. En sus primeros años se lo denominó “Trencito Dodero”, por lo estrecha de su trocha.

En cada una de estas localidades había una estación de pasajeros y cargas.  A dos de ellas (Cacuí y Puerto Tirol) se unió el Ferrocarril Provincial de Santa Fe cuando construyó su ramal de La Sabana a Resistencia, el 20 de septiembre de 1907.

El 18 de mayo de 1904, la firma Fratelli y Dufour, de capital italiano, por medio de su representante Ferrando Giovanni, presentó una solicitud de compra de las acciones del Palocarril. En esta transferencia, la nueva empresa cambiaba los rieles de madera por otros de acero, cambiaba la trocha de 60 cm a 75 cm y reemplazaba la tracción a sangre por locomotoras a vapor.

La traza del Palocarril iba del riacho Arazá, subía por la avenida Sarmiento (hoy avenida Alberdi, en Villa Marín), paraba en la estación Estero Domínguez y terminaba en la estación El Salado, en los límites de la Colonia La Amalia.

La Firma Fratelli y Dufour se hizo cargo de esta línea en 1905, pero la transfirió en 1909 a la Compañía Ganadera y Forestal de Resistencia, que reemplazó las vías de madera, prolongó el ramal hasta La Colonia -donde levantó un gran aserradero- y empalmó con el Ferrocarril Rural de Resistencia y Barranqueras.

En octubre de 1923, el empresario español Demetrio Baranda compró la línea del “Trencito Dodero” y del “Palocarril”, junto con los aserraderos y los campos, y levantó una fábrica de tanino en lo que fue posteriormente la Colonia Baranda. Recibió estas vías en pésimo estado, con poco material rodante, cinco locomotoras y las vías que eran “una calamidad”, según sus propias palabras. Los descarrilamientos eran muy frecuentes, incluso con vuelcos de las zorras.

Este empresario reactivó todos los ramales, los ensanchó a todos en una trocha uniforme de 75 cm y los reacondicionó para ser una nueva y eficiente ferrovía: el Ferrocarril de Colonia Baranda a Resistencia.

Era el único medio de comunicación con la ciudad de Resistencia hasta el 10 de octubre de 1939, fecha cuando fue inaugurado el tramo entre María Sara – Colonia Baranda – Cote Lai – Charadai, de la ruta nacional Nº 89.

El 31 de agosto de 1937, la empresa monopólica La Forestal Argentina, por medio de su subsidiaria Quebrachales Asociados del Norte, adquirió la fábrica de tanino, la red ferroviaria, talleres y anexos, el aserradero y todo lo plantado. En 1949, al cerrar la fábrica se cierraron los ramales y en 1963, cuando quebró la empresa, dinamitaron la mayoría de las vías.

(*) Autor de Los ferrocarriles argentinos, ramales, estaciones e historia postal

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