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El acuerdo nacional vs. las pequeñas tesis

Por Luis A. Esterlizi* - Exclusivo para Comercio y Justicia
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 Por Luis A. Esterlizi

Cuando no se promueven las tesis esenciales con la perseverancia debida, suelen prosperar las pequeñas tesis que siembran el desconcierto y la desesperanza.
Llevamos 34 años ininterrumpidos de democracia, que registran momentos de euforia triunfalista como tantos otros de enormes frustraciones y desengaños.
Pero la sociedad, que muy pocas veces pudo ser protagonista decisiva en la construcción de su futuro -aun en los momentos más críticos de su existencia y ante la defección de dirigentes e instituciones-, supo preservar en lo más recóndito de su conciencia la tesis mayor que hace a su realización como comunidad organizada y como nación libre y soberana.
Muy a pesar de los desgraciados estigmas infligidos, en cada uno de los cambios de gobiernos y promesas incumplidas los argentinos siempre intentamos recomponer nuestra identidad repetidamente malversada, buscando la posibilidad de constituirnos como pueblo que cultiva valores y virtudes esenciales y sobrelleva una historia jalonada de esfuerzos, de trabajo y producción nacional admirables.

Es por eso que cuando se promueve desde la más alta investidura gubernamental la construcción de un acuerdo nacional, deben extremarse las condiciones para que ello suceda asegurando la presencia de la sociedad organizada alrededor de una misma mesa, con el espíritu proclive a consensuar los ejes modulares de las políticas de Estado y arribar a los compromisos públicos y privados de lo que se acuerde entre todos.
Si primero no nos ponemos de acuerdo en establecer los ejes estratégicos de dicho acuerdo, menos podremos consensuar las reformas tributarias, fiscales y laborales y todo será llevado por medio de tironeos o negociaciones compatibles con la crisis esencialmente ética y moral que desde hace años viene padeciendo Argentina.
Por lo que vemos -después del anuncio presidencial-, se realizaron algunas conversaciones a partir de lo que sugiere el Gobierno, con algunas de las entidades convocadas, buscando avales a dichas propuestas.
Se parte de proyectos que nacen de los organismos públicos con la visión que particularmente tienen, exponiéndolos como punto de arranque para aceptarlas o modificarlas en un acuerdo posterior.
Por ser un pueblo joven y humilde, desde los inicios de nuestra nacionalidad hubo una sentencia que prosperó hasta no hace mucho tiempo, que decía que lo primero que había que hacer era “educar” al soberano.

Con el tiempo, el pueblo mediante sus organizaciones sectoriales y sociales fue demostrando su capacidad para hoy ser copartícipe en la definición de las políticas públicas.
Es que el avance tecnológico -indefectiblemente- trajo aparejado el acceso a la tecnología a través de los medios de información y comunicación, ofreciendo datos y circunstancias muy valederas y otras veces tendenciosas, pero información al fin que contribuyó al conocimiento popular. Este acontecimiento mundial produjo la expansión de un mercado de consumo que en parte también contribuyó al proceso de evolución social.
Pero no debemos olvidarnos de que además aparecieron las formas agresivas de la degradación social con la introducción del narcotráfico, la pobreza estructural, la delincuencia y la corrupción de dirigentes e instituciones que la venalidad de muchos gobernantes aprovechó para fines inconfesables.
El modelo democrático que siguió priorizando a los representantes partidarios para acceder a los gobiernos -en su crisis- consiguió enfrentarnos y separarnos con propuestas parciales, algunas veces desde la izquierda, otras desde la derecha, a veces promocionando un estatismo pernicioso y otras la libertad cuestionable del mercado. En definitiva, las pequeñas tesis que nos enfrentan y dividen, imposibilitando conciliar un proyecto nacional que integre a todos los argentinos.
Hoy, cuando se habla de un cambio sin que se defina perfectamente cuál es ese cambio, es posible que nos conformemos con ir en contra de y no en favor de.
Es por eso que debemos producir un cambio de época que defina un proyecto de país y de sociedad, ya que éso es lo que en 34 años nunca se hizo. A esto se llega por inclusión y no por imposición, partiendo de un balance exhaustivo sobre los años ininterrumpidos de democracia, para no cometer los mismos errores y dejarnos nuevamente arrastrar por las pequeñas tesis.

Por lo tanto, para arribar hoy a un acuerdo nacional debemos comenzar por desterrar las pequeñas tesis que siembran el desconcierto y estar predispuestos al consenso y la concertación que significa integración activa y decisiva de todos los actores organizados de la sociedad con el Gobierno nacional en la misión de superar la crisis y fijar las prioridades de un plan de metas a cumplir en el corto, mediano y largo plazos.
Sin este acto previo, las propuestas que se lancen separada y aisladamente por los funcionarios gubernamentales con cada una de las entidades intermedias sólo servirán para recrear la desconfianza, el desconcierto o poner de manifiesto actitudes propias de quienes intenten nuevamente sobrepasar los derechos que le corresponden a una comunidad en la búsqueda de un destino común.
En varias oportunidades se quiso generar un acuerdo nacional y si el actual se promueve con las mismas intenciones que los anteriores, será porque dirigentes y entidades siguen sin entender lo que en verdad el acuerdo significa: superar las pequeñas tesis que alimentan las especulaciones electorales, sectoriales o corporativas y obrar al servicio de la sociedad en su conjunto.

(*) Vicepresidente 2º – Foro Productivo de la Zona Norte

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