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Cambios de fondo en el mercado del petróleo

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia
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La introducción de la denominada modalidad del fracking ha modificado sustancialmente el esquema tradicional,  que reconocía como máximos proveedores a los países árabes de Medio Oriente, encabezados por Arabia Saudita.

El petróleo es el combustible estratégicamente más importante de los usados a escala mundial en los últimos cien años, sustituyendo en ese sitial al carbón mineral que impulsó la “revolución industrial” con el Reino Unido a la cabeza desde comienzos del siglo XIX, país que también proclamó la plena vigencia del “sistema de libre cambio”, lo cual le abría los mercados de todos los continentes y -en especial- de Europa Occidental y Central. La primera reacción de Alemania y Francia: no dispuestos a depender de órdenes emanadas del Foreign Office (Londres), cerraron sus fronteras a la importación y, paralelamente, aceleraron al máximo sus procesos de producción industrial para hacerlos competitivos.

Es muy habitual reconocer a la Primera Guerra Mundial (1914/18) como un conflicto con pretensiones de dirimir la supremacía y, en esa instancia, Estados Unidos constituía un muy joven país que trataba de consolidarse para aspirar en las décadas siguientes a convertirse en potencia absoluta. A ese efecto, entre 1847 y el año siguiente, tras la llamada conquista del Oeste, despojó también a México de parte de California y demás Estados situados al oeste del río Missisipí-Misourí. Además adquirió, como si fuera un negocio más, Alaska a Rusia y consolidó sus extendidas fronteras apuntando incorporarse al reducido círculo de grandes países y para llegar, con el tiempo, a liderarlas.

De ese conflicto, el principal perdedor fue el Imperio Austro-Húngaro, aliado de Alemania, y como consecuencia de ello se desintegró totalmente hasta desaparecer como tal. En esa oportunidad, Alemania debió reintegrar a Francia las provincias de Alsacia y Lorena, las cuales había anexado luego de la guerra que sostuvieron en 1870. Por el este, la Revolución Rusa de 1917 instauró el régimen soviético siguiendo el ideario de Lenin, circunstancia que cambió el esquema tradicional de alianzas y marcó con nitidez la existencia de “dos mundos” conceptualmente muy diversos.

No obstante, la política belicista y confrontativa de Alemania, sedienta de revancha y con sueños de “manejar el mundo”, luego de anexar sin disparar un tiro a Austria en 1938, en septiembre de 1939 invadió y ocupó parte de Polonia (el centro-oeste) mientras la Unión Soviética hacía lo propio con el este de ese país para alejar de sus fronteras de una eventual invasión germana y proteger a la histórica ex capital de los zares bautizada como Leningrado (actualmente San Petersburgo).

Luego de un corto enfrentamiento a distancia, entre la Línea Maginot (francesa) y la Sigfrido (alemana), estos optaron por rebasar a aquélla ocupando al efecto Holanda y Bélgica y vencer a Francia, donde ungieron un gobierno títere (en Vichy, a cargo del anciano mariscal Petein y el primer ministro Pierre Laval) para -a mediados de 1941- intentar emular a Napoleón I, invadiendo a la Unión Soviética por medio de extensísimo frente desde el Golfo de Finlandia por el norte hasta las costas del Mar Negro por el sur.

En la batalla de Stalingrado (hoy Volgogrado) se enfrentaron dos millones de soldados y triunfaron los que defendían su terruño, prolongándose desde agosto de 1942 hasta el 6 de febrero de 1943, tras la cual los alemanes tenían el objetivo de posesionarse de los yacimientos petrolíferos de los Montes Cáucaso pues, salvo en Rumania, Alemania no lograba abastecerse de petróleo y sus derivados en la medida que lo requerían sus ejércitos y la población.

Los problemas de la posguerra
Fue Japón, su socio bélico desde mediados de 1941 el que, luego del bombardeo sorpresivo de Pearl Harbour (Islas Hawai), de ocupar todo el sudeste asiático y, muy especialmente, las Indias Orientales Holandesas (actualmente, Indonesia), le permitieron aliviar sus necesidades insatisfechas. Desde entonces, y más aún al desarrollarse todos los medios de transporte propulsados por derivados del petróleo, la posesión de yacimientos o una provisión segura se ha vuelto decisiva. En algún momento, al lograrse la desintegración del átomo, se pensó que la energía atómica sería el sustituto ideal y que los proveedores serían los laboratorios especializados.

Esa expectativa se frustró y las terribles explosiones de sendas plantas en Rusia y Japón (se asegura que en EEUU hubo por lo menos dos semejantes, pero se las ha ocultado y niega), con penosos saldos de muertos, heridos, destrucción física y territorios que serán estériles por varios siglos o para siempre, nefasto y patéticos mensajes mudos sobre los enormes riesgos que implica esa supuesta “sustitución eterna” del petróleo. Esto no significa que lo que hasta hoy no es posible concretar sin correr grandes riesgos pueda ser resuelto satisfactoriamente en el futuro.

Mediante la extracción de hidrocarburos de sus respectivos territorios, Estados Unidos y la privilegiada zona de Medio Oriente que lidera Arabia Saudita como máximo productor de esa área y líder de la Organización de Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP), que agrupa a 12 naciones y se constituyeron en los principales proveedores pero el primero, consciente que dichas operaciones gravitan r educiendo las reservas.

No obstante, pese a ser el primer productor por la magnitud de sus yacimientos tradicionales, optó por importar el equivalente a 40% de su consumo para preservarlos por más tiempo. A ellos se han sumado el Reino Unido que posee la mayor flota de buques petroleros y Rusia en función de los abundantes yacimientos de gas que posee en Siberia, a través del más extenso gasoducto del planeta (15.000 kms), ha venido proveyendo a Europa, principalmente Alemania, de dicho combustible. Actualmente, debido a las desinteligencias con la OTAN, virtualmente se interrumpieron los envíos y desde ahora por un plazo de 40 años comprometieron la provisión al nuevo gigante chino, que no se autoabastece.

En este escenario se ha sumado el hallazgo de yacimientos de esquistos, que constituyen una fuente no tradicional de enorme importancia, ubicados a gran profundidad (entre 2.000 y 4.000 metros) en estado sólido y pegados a áreas rocosas. Para su extracción se requiere inyectar agua y aire a presión para licuarlos y gasificarlos, concretando así la salida a la superficie de la Tierra. Es obvio que este hallazgo que tiene como primer beneficiario potencial a Estados Unidos, lo consolida a la cabeza de todos los componentes del planeta.

Las principales localizaciones están situadas recostadas sobre las cadenas de montañas que componen la extensa Cordillera de los Andes, y Argentina aparece como el segundo país por la importancia de estas nuevas reservas (segundo en gas y cuarto de petróleo) de fuentes distinguidas como “no tradicionales”. Hasta la fecha han evaluado el yacimiento ubicado en la zona conocida como de Vaca Muerta en Neuquén, donde opera YPF, se extiende a través de 40.000 km2

Técnicos estadounidenses que vienen trabajando en esa especialidad desde la década de los años ochenta (siglo XX), aunque en reservas de menor importancia, realizaron una profunda verificación y han constatado la gran relevancia adjudicada desde el comienzo que podría asegurar la provisión por alrededor de 40 años. Resulta paradójico que los precios no sean compensatorios. Por tal causa y por la gran cantidad de crudo disponible, la explotación en la actualidad se ha retrasado significativamente, especialmente la de esquistos que es mucho más costosa.

En nuestro caso se ha dividido la zona en 33 lotes de 1.200 km2 cada uno, de los cuales YPF será socio a 50% (hasta la fecha han sido adjudicados sólo tres). Por su parte, Estados Unidos, ante la extraordinaria abundancia ha modificado su política anterior y ha pasado a incentivar su oferta al mundo. Los resultados se traducen en una elevada oferta y una paralela vertical caída de su cotización en el mercado internacional, por debajo de la mitad de su precio a mediados de 2014.

La postergación de explotaciones es actualmente lógica. Desde 2002 hasta 2013 los grandes proyectos petrolíferos superaron los veinte anuales pero en 2014 se redujeron a sólo seis y con cronogramas de gestión al doble del tiempo habitual. Incluso en el caso de ciertos países calificados como vitales para las próximas décadas, como el norte de China y Colombia, han suspendido los programas de expansión por cuando se vuelvan no compensatorios en lo inmediato. La Agencia Internacional de la Energía (AIT) anticipó que los países proveedores que operan al margen de la OPEP se verán obligados a reducir su producción durante el año próximo y que caerá su actividad sensiblemente en muchas áreas “tradicionales” como México.

En el nuestro, que depende de su importación para cubrir 9% de su consumo total actualmente y muy circunstancialmente le conviene seguir haciéndolo pues el que puede surgir de Vaca Muerta resultará bastante más caro. A su vez, esa circunstancia permite también ampliar el plazo para encarar la producción asociada en 30 parcelas todavía no adjudicadas. Los especialistas suponen que el bajo precio actual del petróleo y sus derivados permite extender por dos años más ya que luego, con bastante rapidez volvería la cotización del barril a “la normalidad”; es decir, a alrededor de US$100. No obstante, se ha logrado comenzar a negociar un mega proyecto con Pan American Energy y la firma germana Wintershall que, de concretarse, implicará una inversión de US$30.000 millones.

El cronograma antes referido debe ser atendido con mucha precisión pues cualquier retraso en su ejecución puede generar elevados costos; por lo cual se requiere que YPF mantenga una conducción idónea y experimentada como la actual. Quizá la principal preocupación en el bienio 2016/17 sea intensificar los cateos en la zona patagónica pues en Chubut, y próximo a la costa atlántica del Golfo de San Jorge, se ha localizado otro semejante al de Neuquen, aunque de menor cuantía, y se supone que no es el único existente.

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