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Periodista no fue agraviado por ser tildado de “judío que defiende antisemitas”

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Pedro Brieger demandó al ex representante para América Latina del Centro Simon Wiesenthal. Ganó en primera instancia, pero la cámara revocó el fallo. El actor acudió a la Corte Suprema, sin éxito: confirmó el decisorio que estableció que el accionado actuó al amparo de la “libertad de expresión en materia de opiniones”

Por unanimidad, la Corte Suprema confirmó el rechazo de la demanda que el periodista Pedro Brieger promovió en contra de Sergio Widder, ex representante para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, por una columna de opinión publicada en Infobae, en julio 2014.

Titulado “Un cómplice”, el texto criticó un editorial de Brieger referido al secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes a manos de terroristas palestinos, a fines de junio de aquel año.

Widder analizó los dichos de Brieger y, refiriéndose a los integrantes de la Kameradschafts-Polizei -los judíos que ayudaban a los nazis, conocidos como “kapos”- citó a Simón Wiesenthal y sostuvo: “Un judío que defiende antisemitas se convierte en su cómplice”.

A su turno, Brieger alegó que el accionado lo dañó moralmente.

Consideró que las manifestaciones de Widder constituyeron una “injuria inaceptable” efectuada “con toda intencionalidad” y que configuraron “una clara intromisión en su intimidad y vida familiar”.

Internacional
En 2017, el juez Alberto Pestalardo admitió el reclamo del reportero y sociólogo especializado en política internacional y condenó a Widder a indemnizarlo con 95 mil pesos.

Consideró que no había peores insultos dirigidos “por un judío hacia otro judío”.

Además, valoró que el demandado no reflejó hechos ni difundió noticias sino que emitió opiniones, por lo que no cabía analizar “exclusivamente” su verdad o falsedad y concluyó que hubo un “abuso en el derecho a la libertad de expresión”.

Tensión
Widder recurrió el decisorio del a quo, con éxito: en 2018, la Sala F de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil lo revocó.

Estableció que el caso reveló “una tensión inevitable” entre los principios que traducen “preceptos constitucionales inequívocos” que consagran la libertad de prensa y su ejercicio pero postuló que la apreciación del magistrado de grado sobre lo sucedido fue incorrecta.

Destacó que el artículo 14 de la Constitución Nacional y el 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos protegen ampliamente el derecho de toda persona a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole, aunque aclaró que no es absoluto.

Sobre la base de los precedentes de la Corte, destacó que el estándar de la real malicia no es aplicable a las opiniones, ideas o juicios de valor, puesto que no es posible predicar de ellas verdad o falsedad, puntualizando que sólo son reprochables jurídicamente por la forma de la expresión y no su contenido, que es absolutamente libre.

Doloroso
Agregó que -si bien la calificación de “defensor y cómplice de antisemitas” pudo ser muy dolorosa para Brieger- ella no fue un insulto o vejación gratuita.

En ese sentido, resaltó que la libertad de expresión comprende el posible recurso a la exageración e, inclusive, a la provocación.

Dijo también que la rectificación de una opinión, por más perniciosa que sea, no depende de las conciencia de los jueces sino de la competencia con otras ideas.

Contra ese pronunciamiento, Brieger interpuso recurso extraordinario federal.

Al dictaminar, el procurador Víctor Abramovich marcó que las expresiones en cuestión, examinadas en su contexto y teniendo en cuenta las posibilidades de respuesta del actor, no excedieron “el alcance de un juicio de valor sobre un asunto de interés público”.

Bajo esa premisa, señaló que el hecho de que las manifestaciones vertidas por Widder hayan podido herir los sentimientos del periodista no justificó una condena indemnizatoria ya que, de otro modo, “se atentaría contra una de las libertades fundamentales en una república democrática: la preservación del debate relativo a asuntos de interés para toda la sociedad”. Por consiguiente, al igual que la cámara, razonó que Widder actuó al amparo de la “libertad de expresión en materia de opiniones”.

En su sentencia, la Corte compartió el criterio de Abramovich.

La columna
A continuación se transcribe la columna de opinión que generó el litigio, “Un cómplice”, por Sergio Widder.

“Las opiniones editoriales de Pedro Brieger acerca del secuestro y asesinato de tres jóvenes israelíes a manos de terroristas palestinos provocaron diversas reacciones.

Recordemos que en sus primeros comentarios Brieger dijo que, más allá del caso de estos tres jóvenes, la violencia continúa día a día; agregó que las acciones israelíes en perjuicio de los palestinos no se reflejan en las grandes agencias de noticias y que para comprender lo sucedido hay que considerar el contexto de ‘cuarenta y siete años de ocupación; toda ocupación genera resistencia, ya sea pacífica o violenta, y eso lleva a respuestas y a más actos de resistencia’. Concluyó recordando que esos jóvenes se encontraban en un territorio ‘del cual Israel, según la ONU, debería haberse retirado’.

Al amplio rechazo que sobrevino en un primer momento, matizado por algunas voces de apoyo, Brieger respondió días más tarde señalando que ‘cualquier muerte es dolorosa, pero acá estamos para tratar de comprender el contexto, no para hacer una columna de valores morales y decir qué es bueno y qué es malo’.

En principio, nadie puede acusar a Brieger de falta de sensibilidad, porque eso no es un delito; es simplemente un dato que permite comprender su abordaje. Pero saliendo del marco emocional, es importante señalar algunos puntos que ayudan a la comprensión del contexto:

-La supuesta ‘invisibilización’ o silencio de la prensa que refiere Brieger en relación con las acciones israelíes contrasta con una real ‘invisibilización’ de la cotidiana lluvia de cohetes desde Gaza contra la población del sur de Israel.

-La campaña antisemita a través de los medios de prensa palestinos, que aluden a los judíos (no sólo a los judíos israelíes, sino a los judíos de todo el mundo) como ‘descendientes de los monos y los cerdos’; se los despoja de todo rasgo de humanidad, tal como lo reflejan, entre otros, los informes de la organización Palestinian Media Watch. Esa misma práctica llevaron adelante los nazis en Europa y los genocidas hutus en Ruanda contra sus víctimas.

-La indiferencia -por no decir el ocultamiento- en relación con los objetivos de exterminio de todos los judíos por parte de Hamas tal como se desprende de su Carta Orgánica (sí, también Brieger, en tanto judío, es un blanco legítimo para ellos). Entre los fundamentos para su antisemitismo, Hamas cita en aquel documento los ‘Protocolos de los Sabios de Sion’, un panfleto antijudío originado en la Rusia zarista, casi medio siglo antes de la creación del Estado de Israel.

-La existencia en Israel de voces mucho más críticas que las del propio Brieger, no sólo en la prensa y entre intelectuales, sino de parlamentarias como la diputada árabe Hanan Zoabi, quien goza de inmunidad como Miembro de la Knesset (el Parlamento israelí) y no vaciló en exhibir su absoluto desprecio por el destino de los jóvenes asesinados. Curioso apartheid el que garantiza el derecho a tales críticas por parte de integrantes legítimos de uno de los poderes del Estado.

-Brieger cita, en apoyo a su caracterización respecto de Israel, a los ex ministros de Educación israelíes Yossi Sarid y Shulamit Aloni. A los ojos del periodista argentino, el carácter de ex ministros les otorgaría a sus palabras un valor de verdad intrínseco. Es bueno recordar que, hace unos años, un ex titular de Economía argentino (hoy Vicepresidente de la Nación), enojado con dos periodistas, les dijo que se parecían ‘a los que ayudaban a limpiar las cámaras de gas’. Esto es un ejemplo pequeño acerca de cómo los ministros pueden, también, decir barbaridades originadas en motivaciones ideológicas, emocionales o simplemente ignorancia.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis se valieron de auxiliares a quienes se conocía como Kameradschafts-Polizei; la historia los conoce como kapos, y desempeñaban tareas de apoyo a las fuerzas nazis. Preguntado Simon Wiesenthal acerca de qué haría si caía en sus manos un caso de un kapo judío, respondió: ‘un kapo es un kapo; punto’.

Un judío que defiende antisemitas se convierte en su cómplice. Punto”.

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