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“Las tensiones geopolíticas comienzan a manifestarse en términos reales en el comercio global”

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La frase pertenece al especialista Gustavo Fadda, quien asegura que los menores crecimientos de las economías de EEUU, la Eurozona y China están generando caídas en las exportaciones mundiales. Argentina no está exenta, toda vez que julio tuvo un déficit comercial de US$649 millones, que significió el sexto mes consecutivo en rojo

“Estamos en presencia del nacimiento de un nuevo orden mundial, de carácter tripolar, con eje en Asia Oriental, EEUU y Europa, destacándose países como China, Rusia, India, Estados Unidos y Alemania como grandes protagonistas de esta historia, con consecuencias directas en el comercio global”, aseguró a Factor Gustavo Fadda, quien es magister, especialista en comercio exterior y docente universitario.

Según el profesional, existe una reconfiguración del comercio internacional debido al actual contexto geopolítico, resultado de un proceso que se viene desarrollando desde finales de la década de 80 y comienzos de la de 90 y tuvo su punto más alto en los recientes años de la tercera década de este siglo 21, fundamentalmente en año 2022 y lo que va de 2023.

¿Qué ha sucedido con la globalización 3.0?

El maremoto de globalización 3.0 que hemos experimentado comenzó alrededor de 1990, con el final de la Guerra Fría y la apertura de China y su posterior ingreso a la Organización Mundial de Comercio en el año 2001, la integración de Europa, los acuerdos globales para reducir las barreras comerciales y la irrupción y posterior desarrollo de Internet, lo que apalancó la Revolución Industrial 3.0, conocida como la de la inteligencia informática, la de las TIC, llevando todo a la automatización de los sistemas informáticos.

Hasta aquí, podemos decir que, desde los años 90, la revolución de las TIC hizo que cruzaran las fronteras no sólo los bienes sino las fábricas, produciéndose un crecimiento de la inversión transfronteriza (extranjera directa) cinco veces mayor entre 1990 y 2020.

Se genera la globalización de la producción, la dispersión de los sistemas productivos a lo largo del mundo. Los países comienzan a especializarse en algún tramo de la producción de los productos finales, con lo cual verificamos que la producción final de un producto, que antaño se realizaba íntegramente en un solo país, ahora se termina fabricando en siete, ocho u 11 países distintos. Nacen las cadenas globales de valor; son cadenas de la producción, hoy lideradas por 100.000 empresas multinacionales, y acompañadas también por eficientes cadenas de suministros. 

¿Cómo han impactado estos cambios en la división internacional del trabajo?

Todas estas transformaciones trajeron una nueva división internacional del trabajo. Los países centrales, EEUU y Europa, producen y exportan tecnología, servicios y propiedad intelectual, siendo éstos los de mayor valor agregado en las exportaciones.

Los países asiáticos producen y exportan bienes industriales, intensivos en mano de obra; en tanto los países de África, Latinoamérica y el Caribe, siguen exactamente igual que hace cientos de años, productores y exportadores de productos primarios y tropicales.

¿Qué cambió con la pandemia de covid-19? 

Implicó entrar vertiginosamente a la Revolución Industrial 4.0 (Big data, IOT, inteligencia artificial, realidad virtual, ciberseguridad, digitalización), la que nos define cuáles son los sectores productivos que están afectando la forma de hacer nuevos negocios y que están determinando la nueva estructura del comercio internacional.

Ahora avanza a la par una cuarta y reciente globalización, que consiste en la internacionalización directa de la producción de servicios, lo que permite crear redes productivas en diversos lugares en el mundo y en simultáneo, todo por medio de telemigraciones, lo que lleva al cruce de fronteras no sólo de bienes, de fábricas, inversiones sino también de los servicios y propiedad intelectual. 

Las cadenas de valor evolucionan hacia un uso más intensivo del conocimiento. La nueva cara de la globalización es el tráfico de intangibles, que hoy son más de la mitad del total del comercio global.

Todo el proceso lleva a que China se convirtiera en la fábrica del mundo y desde el año 2013, supera por primera vez a EEUU en el ranking mundial de países exportadores de bienes, y desde allí, nunca más abandonó el podio, transformándose en el primer exportador mundial de bienes. Por el contrario, EEUU es el líder indiscutido y número 1 como exportador mundial de intangibles.

Indudablemente, hasta la fecha, las cadenas de valor tienen como centros preponderantes a China, EEUU y Alemania, según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad).

¿Qué sucede entre 2022 y 2023?

En el año 2022 entra en vigor el acuerdo de libre comercio más grande del mundo: la Asociación Económica Regional (RCEP), que está conformado por 15 países, con una población de 2.300 millones, representa 30% del PIB mundial y concentra 28% del comercio global. En febrero de 2022 se produce la invasión de Rusia a Ucrania. Era el comienzo de una «operación militar especial» ordenada por Vladímir Putin en el contexto del conflicto que mantenía con Ucrania desde 2014 por el control de numerosas plazas del este del país ucraniano, especialmente la península de Crimea y la región del Donbás. Estamos asistiendo a una gran tensión global, crisis económica, conflictos bélicos, crisis energética, quiebra de bancos de renombre, aumento del costo de vida.

Con el ex presidente de EEUU Donald Trump en la casa Blanca, quien inicia la guerra comercial contra China, se ralentizó el comercio entre ambas potencias y, años después, se observa que los gobiernos cambiaron, pero el discurso no tanto… ”Nuestro futuro manufacturero, nuestro futuro económico, nuestras soluciones de la crisis climática, todo se hará en Estados Unidos”, dijo en la Casa Blanca Joe Biden al anunciar sus compromisos “Made in América” en 2022 y prohibir las exportaciones de los semiconductores de última generación a China, poniendo en evidencia que la guerra comercial es una excusa para tapar la verdadera cuestión, la geopolítica.

En el año 2023 se produce el Proceso de Nearshoring, Friendshoring y Ally shoring por parte de Estados Unidos. Preocupaciones de seguridad nacional en EEUU y Europa, están afectando el comercio de ciertos bienes, ya que algunos segmentos de mercados se rigen más por la política que por la economía. Indudablemente todo esto conlleva grandes riesgos. Por ejemplo, los chips semiconductores de gama alta que son «esencialmente el petróleo digital para la economía mundial“. El 92% de todos esos chips se hace en Taiwán. Eso es producto de la globalización: era más barato hacerlos allí y muy fácil, siempre y cuando todo lo demás funcionara. Pero dado el nivel de tensión entre China y Taiwán, «ahora es un problema».

Lo expuesto justifica, desde el punto de vista de occidente, tener más de un proveedor y garantizar que la seguridad nacional no dependa de empresas de un solo país. Un caso, sería la dependencia de un país como China para los insumos críticos, ya sean las tierras raras que se necesitan en las baterías para la energía renovable o paneles solares. Indudablemente, en algunas áreas, hay más de una razón para tener cadenas de suministro más amplias.

¿Qué está pasando con el comercio global en 2023?

Los datos comerciales empiezan a mostrar la fragmentación planteada: el comercio entre China y EEUU, entre China y la UE, entre la UE y EEUU viene en caída, las tensiones geopolíticas comienzan a manifestarse en términos reales. Indudablemente el comercio exterior de China se ha visto totalmente impactado por la caída de la demanda global, ya que las cifras del mes de julio reflejan la mayor contracción del año, con una caída de 15% y las importaciones cayeron más del doble de lo previsto, lo que manifiesta un fuerte parate en la dinámica económica global, dejando una señal de alerta de que el segundo semestre puede ser de ralentización en la dinámica comercial y el comercio exterior mundial.

Todo esto estaría demostrando que la estrategia de una guerra comercial abierta con Estados Unidos, no va nada bien y está resultando más costosa de lo esperado, y la apuesta a reemplazar las ventas a los norteamericanos por ventas a sus otros principales socios, no estaría siendo lo óptimo, ya que reflejan caídas de 21 % con Asociación de Naciones de Asia Sudoriental (Asean), hoy por hoy su principal socio comercial, más una disminución del 20% con la Unión Europea y obviamente, 23% menos con EEUU, a lo que debemos sumar la caída a niveles récord de la inversión estadounidense, llegando a US$4.900 millones, durante el primer trimestre, en el gigante asiático. 

En EEUU tampoco todo es color de rosa, ya que asistimos a una desaceleración de la actividad económica y disminución la inflación, pero recibe golpes fulminantes, como los que provienen de países que están entrando de lleno en la política de dolarizar sus economías, así como las propias agencias de calificación crediticia, como es el caso Fitch Ratings, que le ha bajado la calificación para la emisión de deuda soberana.

A todo lo anterior debemos sumar los ataques de Rusia en Crimea y la suspensión de su parte, del acuerdo para la exportación de granos ucranianos, ha llevado a un nuevo capítulo de la guerra, impactando indudablemente en todo el comercio exterior Europeo. También debemos resaltar las dificultades de Alemania, locomotora de la Unión Europea, que entró técnicamente en recesión, afectando obviamente las exportaciones Chinas.

¿Qué sucede con las exportaciones de Argentina?

Los menores crecimientos de las economías de EEUU, Alemania y toda la Eurozona, así como de China, están generando caídas en las exportaciones mundiales, y obviamente el impacto se siente en Latinoamérica y fundamentalmente en Argentina, que se profundiza debido a la terrible sequía que incidirá en que las exportaciones sean menores entre 10 mil millones a 20 mil millones de dólares, particularmente por la caída de 40% de las ventas de productos primarios. 

Las cifras de julio reflejan que Argentina exportó por US$6.060 millones e importó por U$D 6.709 millones, arrojando un déficit comercial de US$649 millones, marcando el sexto mes consecutivo en rojo, y acumulando en siete meses un saldo negativo de US$5.142 millones, que contrastan fuertemente con los US$2.493 millones de superávit en igual período del 2022.

Reconfiguración

Según el profesional, en 2023 el comercio internacional se encuentra en una fase de reconfiguración por los cambios ocurridos a nivel geopolítico.El mundo ahora es tripolar, y los flujos de comercio más importante, y a pesar de todo lo que está sucediendo, serán en principio, y fundamentalmente, norte a norte, es decir, entre Europa-Asia Oriental y EEUU, y en donde resalta y adquiere más importancia el concepto de nearshoring”, concluyó Fadda.

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