Educación, más educación… mucha más educación

Por Sebastián Gamen (*)

Podría comenzar este artículo haciendo un racconto de las leyes que precisaría un ecosistema tecnológico saludable y sustentable y que los legisladores nos están adeudando. 

También podría comenzar hablando de la reforma penal necesaria para que los jueces tengan las herramientas suficientes para condenar nuevos delitos informáticos. Nos quedamos con el dato de que durante la pandemia los ciberdelitos aumentaron 300%.

Sabemos que existe un atraso importante en legislar cuestiones tecnológicas que se están reclamando desde hace años. Como siempre sucedió en este país, lo urgente le quita relevancia a lo importante. Por ejemplo, el pasado 23 de septiembre se aprobó en el Honorable Congreso de la Nación Argentina un proyecto de ley que instituye el 22 de noviembre de cada año como «Día Nacional del Kimchi en la Argentina». 

Pero al margen de las leyes que son necesarias, muchas cuestiones pueden resolverse y atacarse desde lo educativo. Independientemente de las normas, las personas pueden cambiar las cosas. 

Podrían mejorar mucho la realidad si recibieran la educación correspondiente sobre temas tecnológicos de uso cotidiano. No se trata de saber programar o de entender sobre hardware, simplemente de mostrarles los peligros que existen y cómo evitarlos. 

Tampoco debe recaer la carga de la educación sobre estos temas en el Estado, aunque sería esperable. Las familias podemos comenzar a cambiar las cosas. No precisamos ser expertos ni educadores ni tecnólogos para enseñar a nuestros hijos cuestiones mínimas pero de un peso significativo para cambiar y evitar situaciones graves.

Para comenzar, debemos entender que no existe ninguna obligación ni imposición social para que los niños desde muy temprana edad tengan contacto con aparatos tecnológicos. Es falso creer lo contrario. No los estamos perjudicando ni atrasando en su desarrollo. 

Existen estudios que relacionan el uso de la tecnología a temprana edad con atrasos en el desarrollo del habla, con miopía, impulsividad e impaciencia. Entonces, ahí tenemos un dato real de que los niños menores de cuatro años no deberían tener contacto con las pantallas. 

En segundo lugar, sabemos también que el exceso del uso de las tecnologías puede disminuir gravemente la imaginación y creatividad de los niños, así como afectar su sociabilidad. En conclusión, no es bueno que los niños de menos de siete años tengan un uso excesivo de las tecnologías. 

¿Qué sería “uso excesivo”? La Asociación Americana de Pediatría (APP), en 2018, expresó que los bebés de hasta 18 meses no pueden estar expuestos a las pantallas. 

De los dos a los cinco años se tiene que limitar el uso de los medios entre media y una hora al día. De los cinco a los 12 pueden estar entre una hora u hora y media al día. 

Desde el mismo momento en el que, como padres, les damos acceso a las pantallas, debemos supervisar qué contenidos ven. El televisor actual es YouTube -plataformas de videos- y no existe nadie que controle los contenidos que se postean. 

Cuando hablamos de adolescentes o preadolescentes los peligros son otros. Aparecen la posibilidad o los incentivos a la niña o niño a gastar dinero en Internet, el acceso a contenidos inapropiados para menores de edad, el ciberbullying, el grooming, el sexting, la adicción a Internet.

Ahora bien, así como debemos mostrarles a los chicos los peligros y las cosas malas de las tecnologías y su abuso, debemos educar sobre los beneficios. Porque, en definitiva, lo que buscamos es educar en el uso responsable de las tecnologías, y ello implica que, así como consumir cierto contenido en YouTube puede idiotizarlos, no debemos perder de vista que las tecnologías nos permiten estar conectados y nos acercan información, cultura y educación. 

Hay mucho para enseñar sobre el uso responsable de las tecnologías y sería fantástico que sean las escuelas las que también se dediquen a ello. Hay varios proyectos de ley al respecto. 

Sin embargo, no podemos perder de vista que la familia y los padres son los principales responsables del bienestar de los hijos. En esta sociedad de falsos ídolos, de personajes nefastos que se replican en todas las pantallas, los padres deben asumir el rol que naturalmente les pertenece: “Sean el ejemplo de sus hijos”. 

(*) Especialista en derecho comercial, derecho informático y TIC

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