El cambio climático global es un conjunto de alteraciones en el clima del planeta producido por el aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y otros procesos asociados al modelo de economía lineal basado en la quema de combustibles fósiles y en la destrucción de la vegetación nativa.

Los especialistas prefieren hablar de cambio ambiental global, pues las transformaciones en el clima están indefectiblemente asociadas a la pérdida de biodiversidad biológica, a los cambios en el uso de la tierra, al avance de especies y animales invasores, produciendo un cóctel difícil de predecir.

“Si bien los cambios por causas no antrópicas, como las glaciaciones, han ocurrido a lo largo de los tiempos geológicos, la velocidad con que estarían ocurriendo en la actualidad no tiene precedentes en la historia humana”, advirtió Sandra Díaz, doctora en Ciencias Biológicas y Premio Nobel de la Paz 2007 como miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Sus ideas medulares se presentaron en un informe sobre medidas para adoptar ante el cambio climático que “Apuntes para una propuesta de adaptación y mitigación del cambio climático global en la ciudad de Córdoba en el siglo XXI”, que realizó junto al Foro Ambiental Córdoba. 

Las proyecciones climáticas globales para las próximas décadas tienden a coincidir en un aumento de la frecuencia de eventos extremos. Por una parte, se proyecta una mayor frecuencia de lluvias torrenciales por un lado y períodos de sequía por el otro, episodios de frío intenso, incluyendo heladas, alternados con olas de calor.

“Estos episodios tendrían mayor impacto en las zonas donde existe una proporción considerable de población viviendo en condiciones sociales, económicas y sanitarias deficientes, asentadas en áreas ambientalmente marginales e inestables, como ocurre en América Latina”, agregó la especialista.

Las áreas geográficas cercanas a los límites de distribución de enfermedades transmitidas por vectores animales son particularmente vulnerables a cambios de temperatura y precipitación. En nuestro país existe un riesgo significativo de aumento de la incidencia del dengue y la malaria, transmitidos por mosquitos y también de encefalitis viral ocasionadas por el virus encefalitis de San Luis y el virus del oeste del Nilo y la leishmaniasis.

Adaptación y mitigación

Los cordones serranos de la provincia de Córdoba introducen complicaciones en la dinámica climática y los expertos marcan tendencias bastante claras a los eventos climáticos extremos, al aumento de la temperatura media anual y al aumento de las temperaturas mínimas, y una tendencia significativa al aumento de las precipitaciones.

Según la especialista para hacer frente al desafío planteado por el cambio climático, hay dos estrategias complementarias. Por un lado, la adaptación, para minimizar sus impactos y por el otro lado, la mitigación, es decir disminuir las causas que lo producen.

Una de las medidas de adaptación al cambio climático que propone Díaz es planificar para la resiliencia. “Una planificación para la resiliencia consiste en incorporar al sistema urbano y su entorno la mayor flexibilidad posible, a fin de que pueda adaptarse dinámicamente a cambios en varias direcciones, absorbiendo sus impactos de modo que cause la menor cantidad posible de disrupciones al funcionamiento de la ciudad”, describió. 

Otra de las medidas propuestas por la especialista consiste en garantizar una provisión de agua satisfactoria para una población creciente y ante la posibilidad de una menor disponibilidad debida a episodios de sequía o temperaturas altas.

Díaz considera fundamental proteger la vegetación de las sierras cordobesas. En este punto se incluye la profundización de incentivos. “A modo de ejemplo, que un mínimo porcentaje de la tarifa del servicio de agua se destine a planes de conservación y desarrollo sustentable en las sierras”, añadió en el informe.

La experta además propuso monitorear y reparar los canales maestros, los canales de riego del cinturón verde y la red domiciliaria. Otra medida que incluyó en su informe es desalentar el consumo privado desmedido y la construcción de nuevos emprendimientos públicos que se basen en alto consumo de agua.

Por supuesto, es clave disminuir la posibilidad de focos de agua estancada, controlarla y eliminarlos de la ciudad y sus alrededores. Si las condiciones climáticas cambian, es posible que aumente el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores animales.

En particular, condiciones más cálidas y húmedas favorecerían la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades tropicales. Por ello, se recomienda una campaña para disminuir la acumulación de agua estancada en pozos, charcos, cunetas, bajos, envases, cubiertas en desuso.

Díaz además agregó que es fundamental conservar, poner en valor y aumentar la superficie de espacios verdes dentro y alrededor de la ciudad, los pulmones verdes indispensables para mantener el equilibrio en los ecosistemas y la continuidad de los corredores biológicos.

Asimismo, indicó que hay que mejorar el sistema de aislamiento térmico y climatización de las construcciones de uso público y privado y establecer un plan de monitoreo comunitario participativo de agua, clima y biodiversidad”, en las ciudades.

En cuanto a las medidas de mitigación, Díaz recomendó: “Mejorar los sistemas de aislamiento térmico y climatización reduciendo así la cantidad de energía necesaria para mantenerlos a temperatura deseable en verano e inviernos”. Asimismo, es clave disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de vehículos, por medio de la mejora sustancial del sistema público de transporte, la restricción de la entrada de vehículos particulares al corazón de la ciudad, la regulación estricta de las emisiones por parte del transporte público. “También podría incentivarse el transporte a través de bicicletas, mejorando la red de ciclovías, en particular extendiendo y ramificando su acceso a la zona central y mejorando su seguridad en las zonas periféricas”, añadió la experta. 

La especialista abogó también por reducir el uso y favorecer el reciclado de plásticos, vidrio, metal y papel. Para ello es preciso facilitar la disposición diferencial de residuos, por ejemplo, ubicar receptáculos para los distintos tipos de residuo en lugares convenientes para los diferentes barrios, tal como ha sido previsto en el nuevo pliego de higiene urbana de Córdoba. 

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