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Lujo, historia y modernidad, en un palacio de duques

Una de las mejores vistas de Madrid se aprecia desde la terraza del Hotel Gran Meliá Palacio de los Duques, una obra de arte en sí misma, cuya construcción data del siglo XIX

En muchas oportunidades, la selección del sitio donde dormir en un nuevo destino suma un valor agregado al viaje.
En este aspecto, Madrid brinda la posibilidad de hospedarse en edificios históricos convertidos en esplendorosos hoteles que en muchas oportunidades son iconos turísticos en sí mismos.
Es el caso, por ejemplo, del Hotel Gran Meliá Palacio de los Duques, ubicado en el corazón artístico y cultural de la urbe española, a metros de monumentos emblemáticos como el Palacio Real, el Teatro Real y la Catedral de la Almudena.
El majestuoso edificio que conserva la estructura original de la residencia de los Duques de Granada de Ega que data del siglo XIX, fue restaurado con detalles de vanguardia y modernidad para albergar uno de los hoteles más lujosos de la ciudad.
Tras su fachada isabelina, el cinco estrellas inaugurado hace un par de años por la cadena Meliá está inspirado en la obra “Las Meninas”, de Diego Velázquez, y exhibe en el diseño de sus interiores gigantescas reproducciones de estas maravillosas pinturas.

Las obras de arte se pueden apreciar en los salones comunes y en la mayoría de sus suites y habitaciones, muchas de ellas pensadas para familias.
También se pueden apreciar muebles de época y esculturas, algunas instaladas en el jardín histórico de aproximadamente mil metros cuadrados, que se enorgullece de ser el único de estas dimensiones del corazón de la ciudad.
Por otro lado, el establecimiento se destaca particularmente por su propuesta gastronómica protagonizada por sus tres restaurantes: Dos Cielos Madrid, Coroa Royal Gallery & Garden, y Montmartre 1889.
Además, es famoso por su terraza que ofrece una de las vistas más codiciadas de Madrid, desde donde se pueden apreciar las siluetas del Palacio Real, el Teatro Real y la Catedral de la Almudena, entre un enjambre de techos de tejas rojas y las iglesias del barrio de los Austrias.
Vale la pena visitar este balcón privilegiado, preferentemente al atardecer, y disfrutar de uno de los cocktails más exclusivos del destino, recostado sobre uno de los camastros o desde la piscina o la bañera con hidromasaje. Un lujo total.

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