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Patagonia Reformista: La potencia de una idea, 100 años después

Sebastian Fondacaro y Samir MohuannaPor Sebastián Fondacaro y Samir Mohuanna (*)

¿Qué hace posible que la juventud argentina pueda cumplir su sueño de ser profesional? ¿Qué significa cruzar más de 1.500 kilómetros que la separan de la carrera que eligieron? ¿Qué probabilidad hay de recorrer un mapa mundial y encontrar azarosamente una situación similar?

Para nosotros, las respuestas no fueron siempre iguales sino más bien el resultado de un proceso de desarrollo personal, una historia de vida signada por una progresiva sensibilidad respecto a la realidad social y del rol de la universidad argentina. Vale la pena saber que el camino desde la Patagonia, desde donde venimos, tiene un punto de partida tan único como el de miles de jóvenes, pero que confluyó hacia un mismo destino: asumir el legado histórico del reformismo. 

Teniendo el privilegio de la gratuidad de los estudios superiores, la condición limitante más evidente es la capacidad de costear traslado, alojamiento, insumos para el cursado, comida, y una larga lista de etcéteras. A los que se suman condiciones inmateriales, la pertenencia al sistema de educación media, el capital cultural allí adquirido y la incondicional compañía de la familia.
En cuanto a nuestros motivos, desde el primer paso que dimos en esas aulas que fueron nuestro segundo hogar por años, la meta inicial del título universitario empezó a tomar cuerpo en algo mucho más eterno.
Por empezar, comprender el rol estudiantil en el desarrollo de la vida institucional. El mismo transitar, es una cátedra permanente de democracia, en la que -como en ninguna otra institución- los protagonistas de la vida universitaria son parte directa y esencial de sus destinos. El cogobierno universitario involucra a su comunidad como no ocurre en tal dimensión en otro sitio de nuestra vida ciudadana.

La consecuencia inmediata es comprenderse como sujeto político donde el ejercicio de su ciudadanía es en sí mismo la expresión de la capacidad de transformación de las realidades sociales. Entonces, como quienes venimos de tan lejos, ¿podemos animarnos a imaginar un futuro distinto para sus comunidades?
Así, año a año, el viaje de regreso nos encuentra mirando por la ventana con otros ojos, que ya dejaron de ver sólo el paisaje infinito de la Patagonia sino que imaginamos otra realidad posible y nos preguntamos ¿qué haremos para cambiar el destino de nuestro pueblo?
Esa premisa define el propósito universitario. Generar para el nuevo siglo agentes de cambio a la vanguardia de la transformación que nuestro país requiere. Albergar las mayorías populares no sólo para alcanzar el ascenso social, torciendo sus propios destinos individuales, sino para torcer el destino colectivo de la Nación.

La potencia de la idea parece infinita, así lo concibió hace 100 años el reformismo de la época. Nosotros hemos decidido heredar la tradición y no renunciar a la misma convicción, que cien años después significa el máximo esfuerzo por alcanzar la democratización y universalización del conocimiento. La redefinición de las categorías políticas para una progresiva complejización del entendimiento de la realidad, sus problemas y la elaboración de sus soluciones. La comunidad universitaria encabezando la lucha por la igualdad de género. Una educación transdisciplinaria que no disocie la teoría de la práctica. El reconocimiento de procesos de elaboración del conocimiento que suceden fuera de las instituciones educativas, idea fuerza de las Universidades Populares. El abandono del conservadurismo, que marca la incapacidad de las instituciones para alcanzar la velocidad de transformación de la realidad. La universidad como refugio de la ética pública y el deber ser de sus ciudadanos, la extensión universitaria y la investigación como vehículo directo del impacto social institucional.

Más de 1.500 kilómetros nos separaban de la universidad que elegimos. Animarnos a emprender ese camino cambió nuestro futuro para siempre. Animarnos todos a emprender el camino reformista 100 años después, cambiará para siempre el futuro de Argentina y América Latina una vez más.

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