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Malanca, el pintor que propagó con ardor las ideas por Latinoamérica

No era universitario pero compartía los valores y hasta alimentó a los reformistas. Por Ana María Malanca (*)

a revuelta del 1918 fue encabezada por jóvenes con espíritu sano y puro, pero con la gran madurez que iban tomando las ideas de “avanzada” por Latinoamérica y Europa. Con la sabiduría y el optimismo con que se manifestaron esos muchachos, no podían fracasar. Nuestro padre, José Malanca, nos hablaba muchísimo de don Deodoro Roca, de don Mateo Seguí, de don Saúl Taborda y de sus amigos universitarios como Enrique Barros, los hermanos Orgaz, los Caeiro, Guillermo Ahumada, Miguel Larcher. Todos estaban motivados por un deseo común: que a la Universidad Nacional de Córdoba concurrieran no sólo los hijos de las familias conocidas y pudientes, sino también los hijos de la clase media, los hijos de los inmigrantes y también de la gente humilde.

Ese “motín” duró bastante en prepararse, pero también pasó lo mismo en propagarse y echar raíces en todas las Universidades de América Latina. Nuestro padre primero tuvo una actuación bastante singular, pues no sólo apoyó a los reformistas, sino que era quien les alcanzaba el alimento a los que estuvieron dentro de la Casa de Trejo algunos días, tomándola, hasta que sus ideas fueran escuchadas.
Nos contaba que en los atardeceres o anocheceres, las madres de los “revoltosos” le pedían que les llevara a sus hijos encerrados los alimentos que cuidadosamente preparaban ellas. Malanca, con gran puntería y seguridad, pues en su juventud había practicado diversos deportes como el lanzamiento del disco.

También recordaba las revueltas callejeras y el trote de los caballos de los “vigilantes” de la caballería para calmar a los muchachos amotinados. Pero, creo que lo más importante fue la “huella” que dejó en su paso por Bolivia, Perú, México y Chile, en su estadía allí como becario cordobés. Este gringo (hijo de inmigrantes italianos), puro, sincero y entusiasta, desparramaba con ardor lo vivido en su ciudad natal en la Revuelta Universitaria de 1918.
Malanca también estaba en contra de las ideas retrógradas y enquistadas de la Universidad y de sus docentes, que se pasaban los cargos sin concurso alguno y que no daban cabida en los claustros a la clase media, más humilde, para seguir carreras universitarias como deseaban, para poder ser activos en los grupos de intelectuales cerrados de una élite. Obtuvo su primera beca provincial para Europa en los años 1923 hasta 1926.

Allí pudo contactarse en Florencia con don Saúl Taborda, Guillermo Ahumada, Raúl Haya de la Torre y otros pensadores. Haya de la Torre (peruano) estaba preparando su partido, Acción Popular Revolucionaria de América (APRA), y nuestro padre le diseñó su bandera. En su recorrido por América, durante la segunda beca entre 1927 y 1930, fue conociendo mucha gente con ideas avanzadas, en cada pueblo o en cada ciudad por donde pasaba. Ese becario pintor, hablaba con entusiasmo y euforia de las ideas de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, y trataba de que todos sus amigos compartieran esas ideas y los hicieran sentir en esos pueblos acostumbrados a la comodidad de los ricos y al “vasallaje” de los más humildes.

Así conoció e hizo amistad en Puno con Aurelio Martínez, poeta trilingüe (castellano, quechua y aimara), y en Cuzco con los escritores e historiadores Uriel García, Luis Valcarce, Roberto de la Torre y Velazco Aragón. En Lima conoció a José María Arguedas, Ciro Alegría, José María Eguren, José Varallanos, etcétera. Pero con el pensador, ensayista y sociólogo que más se relacionó y siguió una amistad perdurable, fue con José Carlos Mariátegui.

(*) Licenciada en Historia, hija de José Malanca

Carmen Malanca, licenciada en historia hija del pintor

Nuestro papá intervino indirectamente en la Reforma, él no era universitario. Era amigo de los universitarios que lucharon por ella (Enrique Barros, Guillermo Ahumada y los
hermanos Orgaz, entre otros), jugaba al fútbol en el Club Universitario. Las ideas de la Reforma que hizo conocer en Bolivia, Perú, Chile y otros países, eran muy “humanas”,
sonaban a rebeldía por la desigualdad que existía entre los alumnos que querían estudiar en la Alta Casa de Estudios. La Universidad de hoy, a veces está cargada de ideas
partidarias que opacan los verdaderos y grandes valores del ´18. Debería continuar
siendo la universidad pública e igualitaria por lo que se luchó hace un siglo. De otra
manera, no vale la pena celebrar algo que se dio en el pasado y no se dará en el presente.

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