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100 años de Reforma Universitaria y la Corda Frates del siglo XXI

Por Por Franco R. Mir (*)

Hacia 1918, la Corda Frates, una logia de aristócratas, conservadores y ultracatólicos, ostentaba cargos de poder político en la provincia y en la UNC. Eran férreos defensores del statu quo, monástico y anticientífico, que ataba a nuestra Universidad al pasado.

Para los jóvenes reformistas era menester cambiar la educación que se impartía en nuestra casa de estudios y permitir su modernización. Era necesario que la ciencia se hiciera carne viva en las manos de nuestros docentes y estudiantes. Pero, claro, no para que quedara bajo la custodia celosa de las élites académicas sino para generar conocimiento que sirviera como instrumento de desarrollo, de soberanía, de independencia, de libertad. Ellos entendieron que era necesaria entonces una ciencia de calidad y excelencia al servicio de la sociedad.

En el camino hacia esos objetivos hubo pasos agigantados y algunos más pequeños. Si miramos en retrospectiva muchos desarrollos científico-tecnológicos deben su origen, directa o indirectamente, a esta concepción reformista de las Universidades Nacionales: la creación y desarrollo de YPF, los Institutos de Tecnología Industrial y Agropecuaria (INTI e INTA, respectivamente), la Comisión Nacional de Energía Atómica y las Centrales Nucleares, el Conicet y sus institutos de investigación, la Fábrica Argentina de Aviones (Fadea), el Laboratorio de Hemoderivados, las empresas públicas de alta tecnología como INVAP y ARSAT, los satélites argentinos y como si todo esto fuera poco, tres premios Nobel en ciencias: Houssay, Leloir y Milstein (únicos latinoamericanos). Todos estos logros fueron conquistados por argentinos formados en nuestras Universidades públicas. Por supuesto, esto se debe a políticas científicas y educativas que sostienen, promueven y financian este desarrollo.

Afortunadamente, nuestra Universidad reformista ha aumentado el presupuesto dedicado a la investigación año tras año. Sin embargo, en los últimos tiempos hemos sido testigos de un bochornoso ataque a la ciencia y a la educación pública por parte de una Corda Frates new age instalada en el Gobierno nacional. El recorte obsceno en el presupuesto a las Universidades, las limitaciones a las competencias de los títulos expedidos, las incumplidas promesas de aumento al presupuesto de Ciencia y Tecnología, los despidos en los institutos de Tecnología, la disminución del ingreso de investigadores al Conicet, el vergonzoso techo salarial a los docentes universitarios no son otra cosa más que un atropello a la Universidad pública y de calidad. Según los discursos oficiales, “sobran Universidades públicas porque los pobres no pueden acceder a ellas”. Esto es una gran falacia, las estadísticas lo demuestran. La mayoría de los egresados son primera generación de universitarios de sus familias.

Es así que las proclamas estudiantiles de 1918 cobran una enorme relevancia en el contexto del centenario de la Reforma. El desprestigio simbólico y discursivo a la educación pública y a sus trabajadores, el desfinanciamiento del sector universitario y el ajuste contra el sistema científico nos instan a levantar las banderas reformistas. Una vez más, como en los días agitados de junio de 1918, se vuelve impostergable reaccionar. Soy el primer egresado universitario de una familia de clase media del interior de Córdoba. Soy un hijo orgulloso de la educación pública argentina. Soy docente, investigador y divulgador de la Universidad Nacional de Córdoba. Uno de los logros más importantes de la Reforma fue sentar los cimientos de los cuatro pilares fundamentales que hoy sostienen la Universidad pública: la docencia, la investigación, la gestión y la extensión.

Como universitarios, como cordobeses, como sociedad no podemos permitir que esta Corda Frates del siglo XXI los haga tambalear.

(*) Científico, docente universitario y actor.

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  • Un pensamiento en “100 años de Reforma Universitaria y la Corda Frates del siglo XXI

    1. Raquel Prado

      Me preocupa y apena la notoria perdida del honor que significaba egresar de nuestras uniersidades nacionales, la sana competencia entre ellas en pos del prestigio mayor.

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