Pymes familiares: 50% enfrenta proceso de sucesión

La “pésima” relación con las nueras o entre hijos y padres son las principales dificultades que emergen al momento de planificar una sucesión. Las mujeres participan activamente en las empresas de familia.

De las empresas, 50 por ciento  debe afrontar en este trienio un proceso de sucesión. Esto es teniendo en cuenta que la sucesión debería empezar a prepararse a partir de los 55 años del o los titulares actuales, a lo que hay que sumar aquellas sucesiones que se inician como consecuencia del fallecimiento o la enfermedad grave de los socios actuales, sean de la edad que fueren.

Ésta es la principal conclusión de una investigación realizada por Caps, la primera entidad hispanoparlante consagrada al establecimiento, la práctica y la difusión de la planificación en materia de empresas familiares. Así, a partir de ella se obtuvieron algunos datos relevantes en cuanto a la sucesión para las nuevas generaciones.

En este marco, los puntos más sobresalientes de la investigación sobre las mayores dificultades que enumeran los titulares de empresas familiares a la hora de encarar una sucesión son (de mayor a menor incidencia): “pésima” relación con alguna nuera; algún hijo con relación dificultosa con sus hermanos o sus padres; algún hijo con poca afición por el trabajo; mala relación entre hermana mayor/hermano menor; necesidad de proteger a algún hijo con discapacidad o a nietos menores; y conflicto sucesorio por fallecimiento del hijo o hija, y deseo de favorecer a los otros hijos, en detrimento de los nietos que legalmente serían herederos, pero cuyo patrimonio es administrado por el viudo o viuda.

Además, también enumeraron como temáticas que generan conflictos al momento de encarar la sucesión las siguientes situaciones: conflicto matrimonial entre los propietarios o de alguno de sus hijos con su cónyuge; mala relación entre nueras; competencia entre padre -que no quiere irse de la empresa- e hijo que quiere hacer las cosas según su estilo; y una situación de hermanos que se vienen “tolerando” desde hace muchos años, pero que no se aceptan realmente para generar un proceso de cambio y mejora.

Más aún, también se puntualizó el drama del padre que quiere retirarse y ninguno de los hijos quiere tomar su lugar en la empresa; diferentes realidades económicas entre los integrantes de la empresa: uno necesita sacar mucho dinero para vivir y a otro le alcanza con mucho menos, sea porque tiene menos exigencias familiares o tiene un patrimonio que da una renta mejor.

Aroma de mujer
En 80 por ciento de las empresas de familia en primera generación, la mujer del fundador tiene una particpación activa. Según conclusiones de la investigación, generalmente, el espacio que ocupa tiene que ver con el manejo de la caja.

“Ellas son las que motorizan la formación de un plan sucesorio. Las mujeres suelen tener los ojos en el futuro y su mirada en la familia como núcleo de continuidad hace que el tema les resulte especialmente importante”, puntualizó Caps.

Además, en las actividades comerciales y de servicios, la participación femenina es más activa que en obra pública o en industria pesada.

Por otra parte, la presencia femenina en las empresas familiares ayuda, en general, a la mejor integración de los jóvenes. “Diferenciando la participación de las mujeres en el negocio familiar desde el punto de vista geográfico, en Capital Federal y Gran Buenos Aires muchas de las que no trabajan en la empresa desarrollan una actividad profesional independiente. En tanto en el interior, si no trabajan en la empresa, son amas de casa”, especificó el informe.

Artículos destacados