Médicos, con déficit de formación sobre trastornos de memoria

Los resultados de una encuesta entre 5.119 profesionales del país encendió la luz de alarma. Menos de la mitad solicitan tests neuropsicológicos recomendados para la detección objetiva de la afectación.

Muchas personas consideran hoy tener problemas de memoria. Si bien no todas las causas que las generan son graves y progresivas, un porcentaje pueden evolucionar a una demencia. La alta relevancia sanitaria del deterioro cognitivo en la epidemiología contemporánea y el rol activo que los médicos deberían desempeñar para la detección temprana y tratamiento fue lo que impulsó a realizar una encuesta entre médicos argentinos. Los datos que ésta mostró fueron “preocupantes”, según señalaron los investigadores del Instituto de Neurología Cognitiva, del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y del portal especializado IntraMed.

“Resultó preocupante que más de 60% de los profesionales encuestados refiriera que no consideraba tener conocimientos suficientes sobre el tema, siendo más notorio en los médicos generalistas”, concluyó el estudio, en el que participaron 5.119 profesionales, 51,1% de ellos hombres, con una edad promedio de 46 años. Cabe destacar que 37% de los encuestados tenía más de 20 años de experiencia.

Quienes participaron de la muestra sostuvieron que la cantidad de consultas por trastornos de memoria constituía un bajo porcentaje de las consultas totales (alrededor de 10 %) y habitualmente (65%) no seguían a los pacientes sino que decidían derivarlos a médicos especialistas (geriatras, neurólogos o psiquiatras).

¿Cómo actúan?
A la hora de estudiar a los pacientes, la mayoría (85%) solicita estudios de laboratorio. Sin embargo, sólo alrededor de 60% pide estudios por imágenes como la tomografía computada o resonancia magnética. Menos de la mitad de los médicos solicitaban pruebas cognitivas.

“Esto no se condice con las guías internacionales, en las que se recomienda la realización de test neuropsicológicos para la detección objetiva de la afectación como complemento de la evaluación clínica y la de un informante válido para realizar diagnóstico de deterioro cognitivo y/o demencia”, advirtió el equipo de investigación conformado por María Prats, Ricardo Mastandueno y Daniel Flichtentrei, entre otros.

“En aquellos casos en los que se corroboraba la presencia de deterioro cognitivo, los encuestados referían que regularmente indicaban tratamiento no farmacológico (86%) pero que sólo poco más de la mitad de ellos sugería un tratamiento farmacológico (56%). Los médicos generalistas eran quienes de forma menos frecuente indicaban alguna medicación para tratar estos cuadros en comparación con los médicos especialistas”, agregaron.

A la hora de indicar un fármaco, los más utilizados por los encuestados son aquellos recomendados por las guías internacionales: memantina e inhibidores de la acetilcolinesterasa. “Llamativamente una gran cantidad de profesionales sugerían otros tratamientos sin evidencia de eficacia para estos cuadros”, dice el informe.

Con estos resultados, los investigadores recalcan que debe hacerse hincapié en la educación médica continua para poder afrontar el desafío para la salud pública que implican estos cuadros. “Esta mayor formación debería estar principalmente dirigida a los médicos generalistas ya que por la magnitud de la población afectada será vital que sean ellos quienes puedan detectar y abordar en primera instancia estos cuadros”, afirmaron.

¡Alerta, Alzheimer!
– Debido al aumento de la expectativa de vida a escala mundial, la enfermedad de Alzheimer se ha transformado en un problema para la salud pública. Dentro de las demencias, más de 2/3 de los casos se deben a la mencionada enfermedad. El factor de riesgo más importante para padecerla es la edad.

– Actualmente, el Alzheimer afecta aproximadamente a una de cada ocho personas mayores de 65 años y a casi la mitad de las personas mayores de 85 años. Se estima que en Sudamérica se quintuplicará el número de personas afectadas para 2050.

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