Francesco Tonucci: “Hoy la autonomía de los niños está desapareciendo”

El pedagogo italiano sostuvo que los chicos que no salen y no viven experiencias autónomas “están pagando un costo muy alto en término de conocimiento, de socialización, de prepararse para la vida”

Por Carolina Klepp – cklepp@comercioyjusticia.info

Niños y niñas de Villa Libertador se dieron el gusto de abrazar, sacarse fotos, hacerle firmar sus dibujos y escuchar al pedagogo e ilustrador italiano Francesco Tonucci. Todo eso y en el salón del colegio Vicente Forestieri, adonde concurrió para compartir la exposición alumnos de 14 escuelas primarias de la zona sur que presentaron ante autoridades municipales y provinciales los resultados de relevamientos que realizaron sobre el estado de las plazas y áreas verdes de sus barrios.
Mediante maquetas, canciones, presentaciones y todo tipo de expresiones los estudiantes expusieron sus impresiones luego de las visitas que realizaron acompañados de sus maestras a los espacios públicos próximos a las escuelas. Contaron qué plazas imaginan para su barrio y nombraron las demandas de alumbrado, limpieza, bancos , juegos, veredas, arbolado, seguridad y la necesidad de dar una solución al estado en el que se encuentra el canal maestro Sur.

Invitado por Fundación Arcor, en alianza con otras instituciones como Red Nuestra Córdoba y Fundación Avina, el creador del proyecto “La ciudad de los niños” subrayó que ellos son indispensables para la transformación de ciudades y escuelas.

– ¿Qué aprendió de los niños de Córdoba?
– Confirmé algo que va saliendo siempre: los niños dicen pocas cosas y es interesante que estas pocas cosas sean más o menos las mismas en distintos países, con distintos niveles económicos, con distintas características.
Lo que notan los niños es que les falta tiempo, espacio y posibilidad de juego. Aquí identificaron el espacio público, de todo lo que necesitan y todo lo que falta. Lo que dije en mi breve intervención es que estaba de acuerdo con un niño que dijo que hay que cuidar el espacio público porque para muchos es el único. Es interesante plantearles así a los políticos, hay mucha gente que no tiene espacios privados, tiene habitaciones tan reducidas que no se puede considerarlos privados, como espacio entendido de libertad. Podemos pensar cuántos niños no tienen espacios para hacer los deberes, no obstante la escuela sigue dando deberes. Y otros no tienen espacio de juego.

Creo que el espacio público es el espacio importante de juego y donde los niños deberían poder ir sin acompañantes adultos para vivir la experiencia de la investigación, el descubrimiento, la aventura, de la sorpresa, las maravillas. Todas estas cosas que van desapareciendo de la vida de nuestros niños y que no se pueden vivir de la mano de un adulto. El verbo “jugar” no se puede conjugar con el verbo acompañar sino sólo con el verbo “dejar”. Una buena ciudad no es la que ofrece mucho sino la que permite mucho; una, por ejemplo, que permite a los niños salir de casa. Esto debería ser un compromiso de una administración pública haciéndose la pregunta ¿por qué los niños de Córdoba no salen de casa solos? ¿qué es lo que lo impide? ¿qué puede hacer la ciudad para permitirlo?

– En este punto queda al descubierto que hoy los niños son mucho menos autónomos. ¿Cuál es su diagnóstico?
– Hoy la autonomía de los niños va casi desapareciendo. Por ejemplo, en Italia tenemos casi una ausencia total de autonomía. De los datos que tenemos, van a la escuela sin adultos no más que siete por ciento de los niños que tienen entre seis y 11 años ¡esto es un desastre!
Tenemos investigaciones científicas que dicen que los niños que no salen y no viven esta experiencia de autonomía están pagando un costo muy alto en término de conocimiento, de socialización, de prepararse a la vida. Especialmente en los años de la infancia hay que enfrentarse con el otro y no sólo virtualmente como ahora ocurre.

-¿Qué pueden hacer los adultos para colaborar en la recuperación de la autonomía?
Esta pregunta no tiene respuestas tan fáciles. Podemos movernos con varios aspectos. Por un lado me interesa más sugerir a los adultos dudar de la opinión sobre sus hijos e hijas. Hoy hay una tendencia muy difundida a pensar que nuestras hijas e hijos son más incapaces de lo que realmente son. Creo que los niños tienen capacidades para moverse con tranquilidad, con seguridad, con responsabilidad, mientras que sus padres piensan que son casi tontos. Los adultos elaboran esa evaluación mirando cómo los niños se portan con ellos, con los padres. Y allí los niños se portan mal porque la manera de considerar la salida es distinta. Los adultos ven el recorrido totalmente distinto de como ven o lo desean los niños. Cuando los adultos salen para llevar al niño les interesa el traslado de casa a donde tienen que llegar. A diferencia, a los niños les interesa el recorrido, todo lo que ocurre en el intermedio. Por eso se paran, recogen, miran y desde el punto de vista del adulto están perdiendo tiempo, y desde el punto de vista del niño están aprovechando el tiempo.

Esto es un conflicto que es difícil solucionar si el poder siempre lo tienen los adultos. El otro punto es que la ciudad no es tan peligrosa como parece, sí que hay peligros, violencia hacia niños y mujeres, pero por lo menos los datos que tenemos en Italia es que esta violencia casi sólo ocurre dentro de casa. A la idea de que salir es peligroso habría que contestar que quedarse es peligroso.

Tres características de los niños felices

A lo largo de su vida compartió con miles de niños, ¿qué características detectó en aquellos a los que vio felices? “La felicidad se identifica mucho con la realización, y los niños se realizan por varios elementos. Lo primero que tengan una familia unida, afectuosa; después que puedan vivir la experiencia del juego así como la necesitan, con bastante libertad, con amigos, eligiendo dónde ir y no siempre en la misma plaza como una condena. Y, la tercera, la más importante, que puedan realizar aquello por lo cual nacieron.
Cada uno de nuestros hijos y alumnos, tiene una excelencia, algo que sabe hacer más o por lo cuál tiene una vocación. El papel de la educación, familiar y escolar, debiera ser ayudar a los alumnos, a las chicos y chicas, a descubrir su vocación y dedicarse a ésta, porque ésta seguramente le va a significar una posibilidad importante para la vida y le da felicidad”.
Finalmente, habló sobre el papel de la escuela. “Ser felices significa ser realizados y muchas veces la escuela no es capaz, o no sabe hacerlo, o no quiere hacerlo, o no se da cuenta, que es el objetivo principal. La escuela insiste en pedir a los niños renunciar a su vocación para ser buenos alumnos, y esto es una traición grave”.

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