El “exilio cordobés” de Francisco, contado por dos periodistas

PERSONALMENTE. El 26 de septiembre el papa recibió a los autores de Aquel Francisco.

Llegó en 1958 para formarse como novicio. Volvió “castigado” en 1990. Para Jorge Bergoglio, esta provincia no es una más sino parte esencial de su peregrinar. Con ayuda del propio pontífice, dos autores locales reconstruyeron esos años y los plasmaron en un libro.

Con pasión, pero con razones. Sin ocultar una mirada de fe, pero investigando cada detalle. Con la precisión que dan décadas de profesión periodística, pero también con la simpleza de quien escribe sobre alguien admirado. Así se escurren en las manos del lector las 348 páginas de Aquel Francisco, la biografía del papa argentino que hace eje en el paso de Jorge Mario Bergoglio por Córdoba, durante su formación y durante su pastoreo.
Se trata la obra de los periodistas Javier Cámara y Sebastián Pfaffen (editado por Raíz de Dos), quienes se propusieron develar los años que el jefe de la iglesia Católica transcurrió en esta provincia.

Francisco vivió en la capital cordobesa primero como novicio -entre 1958 y 1960- y luego como sacerdote jesuita -entre 1990 y 1992- en una especie de “castigo” que sufrió de sus superiores, tras haberse desempeñado como autoridad máxima de la Compañía de Jesús en Argentina.

“El libro no es una biografía de toda su vida, sino un relato de dos momentos bisagras”, dice Pfaffen, uno de los autores. “Cuando Bergoglio dejó de ser el provincial de los jesuitas, lo desplazaron ya que algunos sectores consideraban que seguía ejerciendo un gobierno paralelo dentro de la Compañía de Jesús”, explicó.

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El mismo prólogo del libro ya anticipa esta difícil situación. En palabras del padre Ángel Rossi, quedó claro durante esos años “que Francisco conoció el desierto de ser puesto al costadito del camino, la soledad del no protagonismo y el silencio del corazón”, según escribió.

Durante el transcurso de su “exilio forzado” -según los autores-, Bergoglio fue tildado por algunos de “loco, poco más que un enfermo”, algo así como un gran sacerdote pero caído en desgracia, luego de una meteórica carrera en la que alcanzó -tan sólo con 36 años- la máxima jerarquía de los jesuitas en el país.

Quizás por ello el propio Francisco, en uno de los diálogos que mantuvo con los autores de la obra, se definió de una manera llamativa: “Soy un pobre tipo”, les dijo uno de los hombres más admirados del mundo actual, el mismo que durante aquellos años en Córdoba vivió una especie de “purificación interior.

Cuando Francisco se anotició de que se estaba escribiendo este libro, se ofreció a revelar él mismo algunos detalles que -por medio de informales charlas telefónicas y correos electrónicos- constituyen la parte más valiosa de la obra.

-¿Por qué leer Aquel Francisco?-, le preguntó Comercio y Justicia a Javier Cámara, quien respondió: “Porque presenta la historia viva del argentino más importante de la historia; el proceso silencioso, casi escondido, a lo largo del cual Jorge Bergoglio adquirió, entre nosotros, la estatura humana, religiosa, ética y moral que el mundo descubre y admira hoy en él. Una estatura que es paradojal, según pudimos comprobar en persona: el argentino más importante es, también, el más humilde y sencillo».

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