Una fábula bursátil

Por Antonio Lorca Siero*

Para el autor, la crisis del virus se superpone a otras, de modo que pensar que la inmunización contra el covid-19 recuperará las economías es una ficción de mercado “como tantas otras que sirven para que ganen dinero los que disponen de información privilegiada”

La fábula bursátil para la ocasión se etiqueta con el nombre de vacuna. No está claro si en el terreno de la sanidad resolverá o no resolverá el problema, pero los mercados parecen querer sanar sus depreciados índices con sólo pronunciar el nombre de cualquier vacuna procedente de un laboratorio estadounidense. 

Este eco, que proviene del otro lado del océano, pretende con tan mágica palabra -claro está que asistida con algo de efectivo metálico- arreglarlo todo, incluso la debilidad endémica de la Bolsa de aquí mismo. 

Como el efecto vacuna calienta los ánimos por un tiempo y poco después los deja indiferentes, hay que seguir fabulando con otros nombres de la lista de potenciales vacunas para que el proyecto no caiga en la rutina y la cosa se enfríe. Por eso, cada poco, hay que sacar a la palestra una nueva vacuna con un hipotético índice de eficacia que va a arreglar lo de la pandemia o, casi mejor, la deteriorada economía mundial tan difícil de recomponer. 

Como son muchos nombres comerciales implicados en el negocio, probablemente haya cuerda para rato, con lo que es previsible que, a base de insistir con el mismo asunto, incluso la Bolsa se dignifique y deje de ser bocado apetecible para los salteadores económicos.

Se dice que las bolsas se adelantan a los ciclos económicos, por eso los entendidos quieren vislumbrar que, cuando llegue la vacuna efectiva, se saldrá de la crisis, o al menos alientan la esperanza de que así suceda; aunque tratar de huir de la realidad resulta ciertamente complicado. 

Hay dudas al efecto porque si se observa a New York, la estrategia no es nueva, ya se han venido realizando varias intentonas con anterioridad al del saludable empuje semanal más reciente, pero sin llegar a consolidarse, continuando después con el habitual ritmo del sube y baja, que en el ámbito europeo ha pasado sin pena ni gloria. 

Ahora, como se intuye que el movimiento ascendente va en serio, más que por la confianza en el elixir curativo, debido al cambio político norteamericano que puede afectar favorablemente en el plano global, parece que incluso la de aquí se lo ha creído pero quedado a la espera de que el dinero foráneo llegue al parqué transportado por camiones de gran tonelaje, no tanto acogido a la fábula de la vacuna como atraído por los precios de saldo de los grandes valores.

Descendiendo a terreno firme, más allá de especulaciones y fábulas para la ocasión, lo de la vacuna de cualquier farmaceútica no va a ser la panacea que resuelva el gran fiasco económico consciente o inconscientemente organizado. 

Sin duda mejorará las cuentas del sector, muy agradecido ya a la problemática actual, pero elucubrar con que todo vuelva a ser igual en el plano general y en términos de consumo, al amparo de cualquier vacuna que lo cure todo, ya no parece posible. Han querido cambiar el mundo y realmente ya lo han cambiado y todavía lo van a cambiar más, pero han despertado también buena parte de ese espíritu dormido de las gentes.

A pesar de lo que se dice, la vacuna no es el remedio económico generalizable a todos los sectores, aunque se vea como un bálsamo para la actual situación, pero no deja de ser más imaginativo que real. Habría que entenderla como una simple estrategia bursátil dirigida por el gran capital para comprar a bajo precio y vender la misma mercancía cuanto esté por las nubes. 

Tan sencillo principio, que rompe los esquemas promocionales de los expertos en la materia que necesitan explayarse mucho más sobre el tema, porque viven de una profesión, es tan evidente como que la Bolsa se mueve al ritmo que toca el director de la orquesta de New York, quien dispone de la única información válida y decide cuándo hay que subir y cuándo bajar. Quienes conocen sus claves juegan con ventaja; los otros a perder. No hay nada más, aunque los entendidos en economía tejan y destejan hipótesis, basadas en datos y algoritmos, para sacar conclusiones que expliquen los movimientos de los robots bursátiles. 

Así pues, lo de las vacunas del virus, aunque puedan anunciar mejores perspectivas económicas, no pasan de ser fábulas ocasionales para subir las bolsas y servir de preludio de que, previsiblemente, cuando le convenga al grupo del gran capital, las hará bajar utilizando cualquier circunstancia elevada al nivel de nueva fábula bursátil, repitiendo la jugada una y otra vez.

Los datos económicos, fuente de inspiración para los expertos, ya se ha visto que pueden convertirse en papel mojado. Sólo sirven cuando el dinero por excelencia tiene voluntad de hacer grandes movimientos, utilizándolos para sus fines, en otro caso acaban pasando desapercibidos. 

El ejemplo lo tenemos a la vista, ya que carece de sentido que en un momento de gran incertidumbre y panorama de quiebra de la economía mundial, pese a que el dinero siempre se ha definido como temeroso y cauto, las bolsas suban. No sirve eso de que los mercados se adelantan o ya lo han descontado. 

Dejémonos de cuentos y baste decir que sólo cabe entender el momento como un ejercicio de autoridad del gran dinero, que tiene el poder de elegir cuándo se sube y cuándo se baja. 

Pensar que se esté cotizando al alza el hecho de que las vacunas van a permitir a corto plazo o a algo más largo plazo recuperar algunas economías, como la que tenemos delante, es simplemente una fábula de mercado como tantas otras que se sirven para ganar dinero por parte de los que disponen de información privilegiada, tanto los situados en la cima como, en menor medida, los de la parte media de la escala.


(*) Rebelion.org

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