Un monumento muy particular

Por Luis Carranza Torres

Una vez le preguntaron a Charles De Gaulle en dónde residía la grandeza de Francia. Si en sus recursos, su posición estratégica, su potencialidad, etcétera. Le Grand Charles, no dudó su respuesta: «La grandeza de Francia depende de la idea que tengan los franceses de su propia grandeza».

Nada más cierto, y es también universalmente aplicable. Cómo construyen su memoria colectiva los pueblos determina qué es lo que en realidad son.

Cada guerra deja su huella en la cultura, tanto de la época en que ocurre como especialmente en las posteriores. Malvinas no ha sido la excepción. Y no existe un símbolo más tangible, público y extendido de ella que los monumentos que la recuerdan. Y en lo que a nosotros los cordobeses atañe, contamos con uno de los erigidos en primer término luego del conflicto, y acaso de los con mayor significado, en la plaza de la Intendencia, en el cruce de Duarte Quirós con la Cañada.

No por nada la palabra monumento proviene de la voz latina monumentum, «una estructura para recordar», derivada de monere, que es recordar pero también advertir y avisar.

Nobleza obliga, el tema sobre el que escribimos fue una idea de Luis Yong, quien nos acompaña desde hace bastante en la ilustración de las notas que publicamos en este diario. Con esa fina percepción, propia de los artistas de las formas y los colores, nos acercó la idea de escribir sobre dicho monumento. Lo encontró parecido a otro, sito en otro país y referido a otra guerra: el Marine Corps War Memorial, emplazado en las afueras del cementerio nacional de Arlington, cruzando el río Potomac desde la ciudad de Washington, DC.

Su autor es el escultor local Marcelo Hepp, quien le dio forma durante cinco meses en el año 1983, cuando los ecos inmediatos del conflicto aún no se habían acabado. La obra, que fue inaugurada un 5 de octubre de 1983, se halla realizada en cemento, estando el grupo escultórico integrado por siete soldados que portan nuestra bandera, colocados sobre un basamento de mampostería y piedra.

El monumento a los Héroes de Malvinas, técnicamente, refleja una alegoría. La escena no existió como tal, a diferencia de la famosa foto de Iwo Jima que inspiró luego el monumento realizado por Felix de Weldon. Lo que refleja el grupo escultórico son los valores que animaron la recuperación de las islas, respecto de quienes lo llevaron efectivamente a cabo. De tal forma, encontramos al piloto, al buzo táctico, a los infantes tanto de la marina como de ejército, a las unidades de tierra de la Fuerza Aérea, avanzando hacia su tarea bajo la guía de la bandera celeste y blanca. Todas ellas, figuras humanas dotadas de una marcada gestualidad y rasgos de carácter, tanto en sus rostros como en las posiciones de sus cuerpos.

Uno de los sucesos más impactantes del desembarco de las fuerzas militares argentinas el 2 de abril de 1982 fue la necesidad de los soldados que lo protagonizaron, las más de las veces poniendo en riesgo sus vidas, de izar, plantar o colgar una bandera argentina en el primer lugar posible. Mucho antes de la rendición inglesa y cuando aún resonaban los disparos en varios sitios.

Ello no fue fruto de una orden sino de una convicción. Tampoco se trató de algo acordado por nadie. Era una misma idea en la mente de todos. El convencimiento de la justicia de lo que hacían, con prescindencia de todo contexto o gobierno, era lo que animaba sus actos. Y eso es precisamente lo que se halla plasmado en el monumento en la plaza de la Intendencia.

«La verdad de la guerra la tienen los soldados que la pelearon», dice una frase acerca de la valoración histórica. Será por aquello del dicho italiano respecto de que «una cosa es hablar de morir por la Patria, y otra tener un fusil en la mano con el enemigo enfrente». Las actitudes y los rostros de las distintas figuras que componen el grupo escultórico reflejan decisión, convencimiento, y el ir tras un objetivo sin pausa ni tregua. Se trata de una actitud muy clara. Son los sentimientos de quienes tienen que hacerse cargo de lo que deciden otros pero que no rehúyen aquello que entienden su deber. Se trata de la entrega de unos hacia ese otro que resulta el colectivo nacional en su máxima expresión.

Y eso no es poco, tanto respecto de las cuestiones que los argentinos tenemos todavía pendientes respecto de Malvinas como en estos tiempos en que el frío egoísmo individual parece incapacitar aun las más apremiantes necesidades colectivas.

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