Un día, una ciudad, hace 80 años

Por Luis R. Carranza Torres

El 2 de octubre de 1939, cuando apareció en nuestra ciudad el primer número de Comercio y Justicia, fue lunes.
Era un buen tiempo para la gráfica. Susana Novick, en su trabajo «Población y Estado en Argentina de 1930 a 1943», expresa que la actividad editorial en el país seguía un ritmo ascendente desde 1935, llegando a su cota máxima en ese año 1939, con un récord de 26 revistas publicadas.
Había transcurrido ya casi un mes desde que estallara la Guerra Mundial, el 3 de septiembre. En la siguiente jornada, la República Argentina declaró su neutralidad. Pasarían cinco años antes que el mundo pudiera volver a la paz.

Desde Europa llegaban las noticias sobre la tragedia polaca. Los tanques y la aviación alemanas habían impuesto una nueva guerra de alta velocidad, la Blitzkrieg, ocupando rápidamente ese país. Varsovia había caído ya y sólo el general polaco Franciszek Kleeberg, con 16.000 hombres de unidades dispersas, era todo lo que quedaba de uno de los mejores ejércitos de Europa.
Jaime Gerardo Roberto Marcelino María Ortiz, radical antipersonalista, era el Presidente de la Nación, desde el año anterior. Un gobierno de coalición. Su vice, Ramón Castillo, pertenecía al partido Demócrata Nacional. En Córdoba, el líder radical Amadeo Tomás Sabattini, también conocido popularmente como «Don Amadeo» o «Peludo Chico» era gobernador desde 1936. Donato Latella Frías, de la misma extracción política, se desempeñaba como intendente de la ciudad. Votaban en toda la provincia, por entonces, unos 218.000 electores.
Respecto a la economía, no eran tiempos fáciles. Fodor y O’Connell en su obra La Argentina y la economía atlántica en la primera mitad del siglo XX, señalan que, a partir de 1939, «(…) los precios de los cereales habían experimentado una caída por debajo de los peores precios durante la Depresión, y con el comienzo de la guerra los problemas argentinos se vieron agravados por una cosecha extraordinaria de maíz que se presentaba como invendible. Ante la situación crítica del transporte marítimo y la pérdida de los mercados continentales luego de la caída de Francia, la Argentina estaba dispuesta a ofrecer condiciones cada vez más ventajosas a Gran Bretaña para conservar su último mercado abierto».
Ese año, para estar en la «movida» había que haberlo festejado en su inicio en la boite «Molino de Oro», en La Falda. La costumbre de festejar puertas afueras del hogar, heredada de la década anterior, se acentuaba. Para enojo de las tías que seguían firmes en eso de que «las fiestas se pasan en el hogar».
Era una ciudad sin shoppings, sin grandes superficies comerciales, y sin peatonales en el centro. Para comprar, debía acudirse a los almacenes. De ellos, uno de los más renombrados era el «Gran Almacén Victoria», de Diego Zurano, en Colón esquina Neuquén. No existía la Coca-Cola, que recién sería lanzada al mercado local en el verano de 1943.
El último grito de la moda en electrodomésticos era la heladera Ball Top de General Electric y el lugar de encuentro por antonomasia en el centro era la «Confitería La Oriental» en lo que hoy es el Paseo de La Oriental. Un local de dos plantas de 18 metros de frente por 32 de fondo con ciento y pico de mesas. Conservadores como José «Tito» Aguirre Cámara o socialistas como Arturo Orgaz eran los habitués del lugar.
Panaderías y confitería había varias, pero de las más grandes era «Altos de Piñero» de los Sres. Torres Hnos, en la calle Obispo Trejo al 901.
Los surtidores de combustibles de YPF decían «nafta fiscal» y los avisos en los diarios instaban al lector: «Estimule la producción nacional consumiendo nafta argentina». La avenida General Paz era de doble mano, una garita policial ordenaba el tránsito en su intercesión con la calle 9 de Julio, circulaban los tranvías, y se conducía por la izquierda.
Los chicos jugaban en la calle. Al fútbol, a las bolitas o remontando barriletes. En la parte del año calurosa, las familias sacaban mesas y sillas a la vereda. En el fútbol, la pelota «Superball» fabricada en Bell Ville por Tossolini, Polo, Valbonesi & Cia, dueña de las patentes Nº 35567 y 35779, tenía la novedad única de la boca invisible que «se infla a punción» y se imponía sobre la tradicional de tiento, que corría a desaparecer.

En la Liga Cordobesa de Fútbol, el Club Atlético Belgrano hacía punta. Había ganado todos los torneos desde la profesionalización en 1933, a excepción del de 1934 que había sido para Talleres. Estaba a las puertas de iniciar un período de oro, al año siguiente y hasta 1954, en que conquistaría otros 14 títulos oficiales.
Pero no todo era futbol. El equipo de básquet del Club Nueva Córdoba, en calle Fructuoso Rivera entre Obispo Trejo e Independencia, punteaba los campeonatos locales, habiéndose alzado con el título dos años antes.
Una época con puntos de diferencia y de contacto con la actual, en materia de costumbres, problemas y posibilidades; pero también unidas por un diario cuyos hacedores, de ayer y de hoy, le imprimen idéntica pasión y convicciones que en ese primer número.

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