Se dice de ti (el rumor en las mediaciones) II

En la primera parte, publicada la semana pasada, dijimos que los primeros estudios sobre el rumor se produjeron en EEUU en torno a la 2ª Guerra Mundial, con la idea de combatirlos para subir la moral de la tropa y la interna. Los investigadores concluyeron que el rumor es una enfermedad para la cual hay remedios (como la propaganda, la discusión y desmentida).  Por María Eugenia Biain *

El turno de los franceses. En 1975, Michel Louis Rouquette retoma las investigaciones abandonadas durante años y, criticando la visión de los estadounidenses, dirá que el rumor es un modo de expresión privilegiado del pensamiento social. Es una manera de leer la realidad, de recordarla, organizarla y cuestionarla. Como tiene la función de cohesión social, para lograrla el rumor siempre será negativo. Además, en cuanto se refiere a “otro” (grupo minoritario, grupo enemigo, individuo descarriado, personaje de actualidad, etcétera), supone un refuerzo para una autoestimación positiva, por lo que colocará a los demás por debajo de uno. Los rumores, afirmará, son un fenómeno colectivo.
En los 80, Jean Noël Kapferer dirá que el rumor es el medio de comunicación más antiguo y que es difícil de investigar por dos razones: porque cuando el investigador se entera, el rumor ya ha muerto, por lo que sólo puede trabajar con entrevistas y sobre recuerdos; y porque se ha tendido más a moralizar sobre los rumores que a analizar sus mecanismos.

También dirá que lo apasionante de los rumores no es su fuente sino lo que la gente hace con ellos. Y el por qué los retransmitimos: hablamos con otros para saber, para convencer, para agradar y hablamos por hablar. Cuando una persona recibe una noticia que le cuenta un amigo o conocido, la considerará información. Si duda de esta información tratará la misma noticia como rumor. Ésa es la paradoja: “El título de ‘información’ o de ‘rumor’ no es algo que se atribuye antes de creer o no creer; es la consecuencia”. Dirá que “no creemos en nuestros conocimientos porque son verdaderos, fundados o comprobados (…). Son verdaderos porque creemos en ellos”. ¿Hay remedios para los rumores? No, ya que el único medio para derrotarlos sería prohibir que la gente hable.
La comunicación y el rumor. Para los mediadores nos es familiar trabajar con la idea del poder de la palabra para crear realidades. Es esta credibilidad en ciertas palabras –las que ayudan a explicar nuestras creencias y el mundo en el que vivimos- las que encontramos como generadoras de conflictos (y como obstáculos para su transformación).

¿Qué hacer, entonces, con los rumores en una mediación? Es una pregunta abierta. Una vez que hemos visto estas diferentes concepciones del rumor y sabiendo del poder de las palabras para construir mundos, al poner el rumor sobre la mesa de mediación cada uno decidirá cómo lo entiende y qué cree que se debe hacer.
En lo personal, considero que debemos legitimar los rumores en las mediaciones, sobre todo en los conflictos familiares. Tomarlos como una forma privilegiada de comunicación (que crea realidades a la vez que explica nuestro mundo) y como expresión de nuestros miedos (a que algo suceda o no, al otro, a “soltar las riendas”) y ansiedades. Que los rumores tomen asiento cómodamente en torno a la mesa.

De lo que se trata, en realidad, es de confirmar, verificar antes que suponer, elucubrar, otorgar entidad a lo que no son más que expresiones de nuestras propias y particulares formas de entender e interpretar a las personas, al mundo. Ya que es en esta concepción donde se originan los conflictos: más que en los hechos, en la forma de explicarlos, en la particular manera en que cada uno los interpreta.

(*) Abogada, mediadora

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