Se amplían las diferencias entre el Indec y las consultoras

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia

Un análisis detallado sobre la evolución de las cifras de la economía durante el primer semestre, según las cifras que da el Gobierno y también de acuerdo con las mediciones no oficiales.

Pese a que los índices y series emanados del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) no han sido objetados por los funcionarios del Fondo Monetario Internacional que ofician de asesores, el llamado “índice Congreso” es cada vez más incompatible con aquéllos.

El Indec ha informado que en mayo, según surge del trabajo realizado por sus especialistas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) habría crecido 1,4%, con lo cual -consideran- prima una decisiva tendencia descendente a partir de enero, cuando con un 3,7% marcó su punto culminante de los cinco meses transcurridos de 2014, seguramente impulsado por la devaluación introducida en la segunda mitad de ese mes. Para el mes de mayo, el promedio de los entes privados mostró un indicador bastante distante (2,3%) luego de promediar en un segmento que oscila entre el mínimo de 1,9% y el máximo de 2,6%.

De lo antes consignado surge una visión optimista a cargo del ministro Kicillof, quien adjudica la baja a la existencia del régimen Precios Cuidados, mientras desde la otra vereda se lanzan advertencias de tono alarmante. El acumulado de los cinco meses para Indec asciende a 13,5%; mientras los demás analistas presentan resultados que van de 15,4% a 19,8%, aunque todos insisten en pensar que la presión inflacionaria no ha cedido y que, por el contrario, hasta fines de diciembre alcanzará un nivel récord dentro de la última década.

El citado ministro -en conferencia de prensa- insistió en que “se ha notado una sustantiva desaceleración en la variación de los precios”, que adjudicó a “una batería de políticas tendientes a trabajar sobre variaciones de precios de forma tal que no sean injustificadas, no respondan a poderes monopólicos o concentrados de la economía”. Para los ámbitos privados, la merma de tensiones inflacionarias es directa consecuencia de la baja operada en la demanda interna, que no vacilan de calificar como recesión.

Otras facetas de la problemática
Un factor no desdeñable para avizorar el futuro corresponde a la referencia sobre lo sucedido con los Precios Mayoristas. Éstos, en mayo pasado, con un incremento de 2%, se convirtieron en el principal impulsor de los precios internos en el área de los bienes primarios, ya que los industrializados se desplazaron 1,9%, al igual que la electricidad. Por lo tanto, los que hicieron declinar más el índice fueron los importados (+0,9%), que sufrieron la lógica consecuencia de una menor demanda. Llama la atención, además, que los productos ganaderos treparan 2,9%, mientras los agrícolas apenas se movieron +0,1%.

Desagregando los rubros más significativos que integran los precios minoristas, se advierte que el tope superior corresponde a Transporte y Comunicaciones, el cual exhibe un incremento acumulado para los cinco meses de 14,9%. En el otro extremo, Indumentaria aparece con sólo +10,1%, seguido por Educación (+10,5%) y Esparcimiento (+10,7%); mientras el de mayor gravitación relativa, Alimentos y bebidas, figura con un acumulado bastante superior de +13,4%.

En el curso de una entrevista realizada en Radio Nacional, Kicillof dirigió una directa exhortación a los bancos privados, señalando que no deben tener por objeto “la especulación y las ganancias extraordinarias”, ya que su verdadera función debe concentrarse “en el financiamiento del consumo y la inversión”. El contexto en que esto fue expresado hace presumir que adjudica una parte significativa de la suba de precios a que aquéllos no han jugado el rol reclamado.

La mención no fue accidental sino tema central de su exposición, ya que la reciente limitación de las tasas de interés fue motivada, según aclaró, a que las antes vigentes dieron lugar a “ganancias enormes” que gravitan negativamente sobre los consumidores mediante los precios de mercado. A modo de preaviso, dejó constancia de que están en la mira y que no vacilará en adoptar medidas más severas si no es debidamente escuchado. También se ocupó en esa oportunidad de descalificar el “índice Congreso”, que tachó de “totalmente inconsistente”. Aun así, advirtió de que exhibe una clara tendencia a la baja interanual.

Al cierre de dichas declaraciones, subrayó que la principal atención se prestó, como corresponde, a seguir la evolución de quienes tuvieron superiores márgenes gananciales y esa vigilancia se mantendrá cada vez con mayor detenimiento, extremando los esfuerzos para eliminar todos los factores que puedan afectar en forma significativa el impulso de un recrudecimiento en la temida espiral inflacionaria que, por el momento, se considera frenada.

La evolución que está teniendo el Índice de Costo de la Construcción no ayuda a fundamentar un pronóstico más optimista ni creíble sobre “lo que vendrá”. Si bien en mayo la suba sería de 1,69%, el descenso se debió al rubro Mano de Obra, que tiene un régimen periódico especial de ajuste, y el de Varios, que no se movió, correspondiendo el desproporcionado incremento a la incidencia del relativo a Materiales, que avanzó un nada tranquilizador +2,9%. Debe agregarse que el acumulado trepó a +21,1% y el interanual a un inquietante +45,6%.

Otro tema de disidencia
Con notorio atraso, el 21 de junio el Indec divulgó datos relativos al primer trimestre del corriente año, con los cuales se verifica una caída interanual de 0,2%, que los analistas privados elevan, en proporciones no coincidentes entre ellos, a relaciones que van de 1,9 a 1,6%. También enfatizan que respecto al último trimestre de 2013, cuando hubo una baja de 0,5%, en el inmediato posterior ese indicador habría llegado a -0,8%, con lo cual se estaría ratificando el ingreso a un período de recesión.

La fuente oficial remarca que son sólo cuatro las áreas en que se constatan retrocesos de alguna consideración. El más relevante, en el área agropecuaria (-7,3%), en que gravita la retención o demoras intencionales en parte de la cosecha de soja, el comercio mayorista (-3,1%), la actividad industrial (-0,8%) e inmobiliaria (-0,2%). Se pone especial énfasis en destacar que todas las demás especialidades exhiben performances favorables, encabezándolas el sector bancario y financiero (+16,5%).

La visión de los analistas privados no es nada optimista y luego de impugnar por “contradictorio e inaceptable” que la inversión aparezca con un acrecentamiento interanual de casi 2%, consideran que “más que estanflación, estamos entrando en un contexto de combinación de alta inflación que sólo puede ser interpretado como una profundización del escenario” que ellos describen.
Muy distinta es la perspectiva de los funcionarios de Economía, quienes luego de lanzar un régimen especial de créditos para la adquisición de automotores -con lo cual procuran impulsar la demanda-, sumado al reciente acuerdo con Brasil para hacer lo propio con esa rama específica (unidades terminadas y repuestos), estiman que el segundo semestre será mucho mejor y el año podría cerrarse con tasas positivas de crecimiento.

Lo que se puede inferir de la recaudación tributaria de junio
En el segundo día del presente mes se conocieron los datos relativos a la recaudación tributaria de junio y la sumatoria de los seis meses transcurridos. De la comparación interanual surge que en el primer caso, el incremento ascendió a 35,5%, mientras en el segundo se reitera la vigencia de un indicador bastante semejante (35%). En el Ministerio de Economía se han mostrado muy conformes con dichos resultados, pero los analistas privados objetan que los mencionados aumentos no cubren debidamente el deslizamiento del nivel de precios.

No obstante, globalmente y en el medio año se trata de resultados satisfactorios, aunque hay algunos instrumentos que han tenido comportamientos contradictorios. La mejor performance correspondió al impuesto a la Ganancia Mínima Presunta, que mejoró sus registros mensuales en nada menos que 141,2%, pero en junio sólo sumó $299,1 millones -que no tienen mayor gravitación-. Por su parte, en los seis meses esa suba llega a 35%, lo cual pone de relieve la excepcionalidad de lo sucedido en el mes pasado.

En cambio, resulta promisorio el muy elevado “salto” de los Derechos de Exportación, de 107,3%, aportando $8.878,1 millones a la Tesorería, que implican 8,77% del total, reflejando así una notoria recuperación de las ventas al exterior. En cuanto al acumulado respectivo, llegó finalmente a $45.149,2 millones, que también reflejan un significativa alza (+60,6%) y agregó 8,22% al importe general. En cuanto a los Derechos de Importación, con $2.252,7 millones en junio, mejoraron en un moderado 38,8%, índice que, de todas maneras, se ubica por encima del que arroja el semestre, que fue de 34,4%.

El máximo componente ha sido, por segundo mes consecutivo, el impuesto a las Ganancias, con $29.295,3 millones (+33,7%) que equivalen a 28,95% de lo recaudado total de junio. No obstante, el acumulado de $125.557,6 millones (+22,98%) lo desplaza al segundo lugar por monto de rendimiento en el semestre. Exactamente al revés es lo que sucede con el impuesto al Valor Agregado (IVA), que con $25.367,5 millones se coloca segundo durante dicho mes, tras crecer interanualmente sólo +26,6%, aunque no pierde la cima en el semestral, pues aparece con $155.855,3 millones (+28,38%).

De todas maneras, hay “algo raro” en esos totales, pues el IVA correspondiente a la actividad interna en junio sumó apenas $16.886,2 millones, los cuales implican un escuálido incremento de 22,1%, que queda más patentizado aún en que lo transcurrido del año ha sido de $ 106.431,8 millones (+35,4%). Tal situación es totalmente anómala y no puede ser otra cosa que consecuencia de una retracción ilegal de los contribuyentes que se debe investigar a fondo. El rendimiento del IVA sobre el comercio exterior totalizó en junio $8.678,2 millones (+40,5%) y en medio año $52.481,3 millones (+38%).

Mediante lo producido en junio en materia de Ingresos de Seguridad Social se advierte que, no habiendo una baja apreciable en la ocupación “en blanco”, que hayan llegado apenas a $ 22.463,4 millones (+27,8%) y en enero-junio a $ 135.366,7 millones (+26,8%), únicamente puede ser consecuencia de un mayor “trabajo en negro”. Otro indicador sensible en ese aspecto es el rendimiento del impuesto sobre Débitos o Créditos, que en junio aportó $6.043,7 millones (34,5%) y registra $34.882,5 (+36,7%) desde comienzos de año.

Las subas porcentuales interanuales del tributo citado en último término deberían ser “piso indicativo” lógico para todos los demás. Por tal razón, si se sitúan debajo de ellos es porque se están perpetrando cuantiosas y crecientes evasiones. Debe advertirse de que si el Estado no acentúa su control, en el futuro esa brecha de incumplimiento doloso se irá ensanchando cada vez más.

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