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Recomendaciones para operadores judiciales que dialogan con la prensa

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Por Leonardo Altamirano (*)

Lejos de decrecer, la demanda de información judicial por parte de periodistas aumenta en forma constante. Incluso, se diversifica. No sólo las causas penales atraen la atención de los medios de comunicación; sino también otros ámbitos de la actividad judicial: conflictos de familia, demandas iniciadas por consumidores contra grandes empresas, episodios de violencia familiar, hechos delictivos que involucran a adolescentes.

Por esa razón, conviene que los profesionales que coordinan oficinas judiciales adquieran herramientas teóricas y prácticas para gestionar con solvencia esta relación y, llegado el caso, brindar información relevante, oportuna y clara a los medios. Como un aporte para el desarrollo de tales destrezas, a continuación, expondré algunas recomendaciones que los operadores judiciales debería tener en cuenta cuando mantienen contactos con periodistas.

1. Brevedad. Las entrevistas radiales y televisivas “grabadas” duran pocos minutos. Por eso, conviene preparar respuestas cortas y específicas. Hay que evitar la digresión. Una respuesta breve no requiere edición posterior; esto favorece la fidelidad de la versión que será publicada. En cambio, las declaraciones extensas necesariamente deben adecuarse a los tiempos mediáticos, lo que puede generar errores u omisiones en el corte final. Algo similar ocurre con las entrevistas “en vivo”. Las reglas del género exigen que los participantes dialoguen entre sí. Cuando las intervenciones se extienden demasiado, el entrevistador se ve forzado a producir interrupciones.

2. Información jerarquizada. En toda comunicación con los medios, siempre conviene dar a conocer, en primer término, los datos más importantes, es decir, aquellos que no pueden ser omitidos. La brevedad que caracteriza a los contactos con la prensa hace difícil prever la duración exacta de los diálogos. Nunca se sabe cuándo se dará por finalizada una entrevista ni hasta cuándo el auditorio mantendrá la atención.

3. Lenguaje claro. Hay que erradicar el uso de expresiones usadas exclusivamente en la jerga judicial (“autos”, “recurrente”, “encartado”, entre otras). Ni la prensa ni las audiencias mediáticas tienen por qué conocer el significado de palabras propias de la “cocina forense”. Cuando un operador judicial las introduce provoca la exclusión del destinatario lego. Incluso, puede generar una distracción que perjudica la comprensión del resto del mensaje. Si hay que emplear algún término técnico, sí o sí, conviene explicarlo, brevemente, por lo menos una vez durante la conversación.

4. Explicar desde cero. Para entender una decisión judicial, a menudo, hay que comprender en qué momento del proceso se produjo, cómo sigue el trámite judicial y qué consecuencias tiene para las partes. Este contexto debe ser explicitado para evitar malentendidos. Hay que explicar los casos desde cero, sin suponer que el interlocutor tiene conocimientos previos. Incluso, puede ser útil incorporar en la explicación una dosis de redundancia, es decir, repetir aquellos aspectos indispensables para la comprensión del asunto.

5. Todo lo que diga puede ser publicado. Es una regla tácita del periodismo. No importa en qué contexto se produzca el intercambio informativo entre la fuente y el medio. Los periodistas no toman contacto con operadores judiciales por simple curiosidad. Su trabajo consiste en publicar. Todo lo que sepan será divulgado inexorablemente, salvo que la fuente aclare con anticipación que está hablando off the record, es decir, fuera de micrófono. Sólo los datos protegidos con esta advertencia preliminar serán mantenidos bajo reserva.

6. Definir previamente las condiciones de la entrevista: Las personas que están a cargo de oficinas judiciales, a menudo, intervienen a la vez en varios procesos de interés público. Por eso, resulta imprescindible establecer con anticipación sobre qué asunto versará la entrevista para que la conversación no salte de tema en tema. Con esta precisión, la fuente judicial podrá reunir datos de calidad y prepararse adecuadamente para la entrevista. Así evitará ambigüedades y dudas que pueden empañar la comunicación. También hay que establecer cómo será citada la fuente de información y señalar si existen datos sensibles que puedan frustrar el proceso o contenidos relacionados con la intimidad de las personas involucradas que deban preservarse (salud, religión, raza, discapacidad, identidad sexual).

7. Demasiados datos pueden ser nocivos. En la actualidad, los medios de comunicación priorizan los contenidos snack. Si la información que debemos compartir presenta un alto grado de complejidad (muy habitual en los procesos judiciales) es preferible fragmentarla y contarla en pequeñas dosis. Esto no quiere decir que la información debe ser tergiversada sino presentada “en cuotas” para que los destinatarios puedan comprenderla progresivamente. Atosigar con grandes volúmenes de datos a personas poco acostumbradas a la temática judicial puede generar un rechazo instantáneo, que será muy difícil de revertir. Cuesta recuperar la atención perdida.

(*) Licenciado en comunicación. Doctor en semiótica

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