¿Qué modelo industrial y para quiénes?

Por Gino Maffini / gmaffini@comercioyjusticia.info

Tras la experiencia neoliberal impulsada -con diversas intensidades- entre 1976 y 2001, la Fundación Mediterránea vuelve a la carga con una propuesta que se parece bastante a un programa económico, aunque los referentes de la entidad se rehúsen a llamarlo de esa manera.

En el marco del desarrollo industrial sostenido que se viene produciendo desde 2003, la entidad empresarial ha decidido reclamar una inserción externa del país concentrada sobre todo en la producción primaria y en una industria que agregue valor a esos productos.

Obviamente, Argentina tiene ventajas con relación a otras naciones para desarrollar esos sectores y el país debería incrementar la industrialización de sus productos primarios. El interrogante es si ése debe ser “el” modelo industrial nacional y, sobre todo, si alcanzará para garantizar empleos de calidad de manera sostenida y propiciará una mejor distribución del ingreso.

Buena parte de los países desarrollados, y aun muchos de los que podrían compararse con Argentina, ha ido mucho más allá de sus “ventajas competitivas” y, por ello, ha desarrollado modelos con inserción externa, pero también con equidad distributiva en el plano interno. ¿Cómo pensar sino el modelo industrial de potencias como Estados Unidos, algunas naciones europeas, o Canadá? No se trata de desconocer las enormes diferencias con esas naciones, pero sí de asimilar aquello que en buena medida les ha permitido convertirse en potencia económica y, a la vez, mejorar sus condiciones de vida.

Otro elemento inquietante en la propuesta de la fundación es que se parece bastante a una reactualización de la “teoría del derrame”, sostenida por medio del Consenso de Washington en plena hegemonía neoliberal noventista.

En suma, la idea es garantizar las condiciones para que estos sectores seleccionados puedan insertarse en el mundo, para a partir de allí generar los beneficios sobre el mercado interno.

La experiencia de toda la región -no sólo de Argentina- fue que esa “generación de condiciones” que permitió, entre otras cosas, “flexibilizar” condiciones de trabajo, relajar y hasta hacer desaparecer la intervención estatal, o reducir los aportes patronales, no redundó en beneficio de la población. Por el contrario, contribuyó a contraer el mercado interno y, por ello, a afectar muchas pymes que se sostenían gracias a él.

Nadie puede negar la necesidad de generar empleos y desarrollar la industria, es una obviedad. El debate es acerca de qué modelo industrial, con qué inserción externa y con qué impacto social.

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