Plagio comestible

Por Sergio Castelli* y María Constanza Leiva**

En más de una oportunidad, en el ámbito culinario se han cuestionado acerca de la protección de sus creaciones gastronómicas, existiendo posiciones a favor, sosteniendo que los platos gourmet son creaciones artísticas, tal como una canción, mientras que otros se declaran en contra, sosteniendo que toda recreación de una receta es diferente, por lo cual es de difícil protección.
En nuestro país, según la legislación, no se pueden proteger por vía de propiedad intelectual las recetas de cocina, según referentes del Centro de la Propiedad Intelectual de la Universidad Austral, “El derecho de autor está pensado para la obra literaria, científica y artística, protegiendo la forma de la expresión de una idea, pero no la idea en sí”, algo que ya habíamos expresado en otras oportunidades.
Un caso emblemático fue el que enfrento a dos amigas cocineras, Ketty de Pirolo y Chela Amato Negri, cuya pelea comenzó cuando Ketty lanzo un libro de recetas denominado Cocina Light, en el año 1993, lo que desató el enojo de Chela, quien acudió a los medios asegurando que gran parte de la obra de su colega consistía en un plagio de sus recetas.
En este caso la discusión versaba sobre una expresión de las ideas, como resulta un libro de recetas, lo que no debe confundirse con la receta en sí misma, que cualquiera puede reproducir sin temor a ser acusado de plagio.
Ahora, la cuestión es que los autores de dichas recetas invierten mucho de su tiempo y capacidad, en crear platos originales, que los distingan, y en la actualidad, ciertas imitaciones ya no son vistas como un homenaje sino que muchos autores se sienten afectados por ello, deseosos de denunciar la usurpación de sus obras.
En varias oportunidades, chefs han denunciado a colegas que plagian sus originales platos, logrando incluso que los denunciados los quiten de las cartas de sus restaurantes, o simplemente recibir respuestas que generan una pelea mucho más mediática que legal en otros casos, con lo cual, la situación es compleja.
Un caso resonante es el del “volcán de chocolate”, creado por el chef francés Michel Bras, quien en 1981 sí logró patentar el proceso de creación del mismo, pero lo cierto es que nadie le paga los derechos por hacer uno.

Además, si aun hipotéticamente se considerara la posibilidad de proteger las recetas innovadoras de los cocineros, tendría que investigarse si en su técnica para elaborar la receta protegida no recurrieron a métodos o procedimientos creados por otros chefs, con lo cual, llevar la protección de derecho de autor al ámbito de la gastronomía es algo muy difícil de poner en práctica.
Ahora bien, a pesar de todo esto, podemos encontrar un precedente a favor de los gastronómicos alrededor del mundo, y es que en los Países Bajos un tribunal resolvió que el derecho de autor puede abarcar algo más que el aspecto literario de una receta publicada en un libro, alcanzando su contenido y los eventuales actos de ejecución de dicha receta, declarando la existencia de plagio en la reproducción de una caja de bombones por una firma que imito la receta original, como también la forma y decoración de los bombones.
Lo cierto es que pretender una protección por medio de derecho de autor, lo que les permitiría a los creadores cobrar una retribución por su uso, es prácticamente imposible, y es que deberían inspeccionarse todas las cocinas del mundo para cazar infracciones.

* Agente de la propiedad industrial ** Abogada

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