Pese al neofacismo, América Latina marcha hacia su refundación

Por Silverio E. Escudero
Exclusivo para Comercio y Justicia

América Latina y el Caribe confluyen en uno de los puntos más calientes de la guerra comercial que protagonizan Estados Unidos, China y Rusia. Esta vez, a diferencia de otros instantes de la historia, han decidido mostrar sus caras y la diplomacia presidencial se muestra sin tapujos.
Ésa es la razón –más allá de la torpeza de Donald Trump- por la que un ejército de intelectuales a lo largo y ancho del continente trata de desentrañar las claves de un futuro que se ha tornado oscuro. Europa y nuestra región se han convertido en área de combate.
La operación desprecia las reglas de la guerra tradicional y torna papel mojado los trabajosos acuerdos de Ginebra, a la vez que el “Salón Oval” sella su aislamiento, escudado en el resurgimiento de su ultranacionalismo y el supremacismo blanco de religiones que han surgido al amparo del Departamento de Estado estadounidense.

En algunas de esas usinas de pensamiento del medio oeste de EEUU han comenzado a repasar los documentos Santa Fe I y Santa Fe II para ajustar aún más el dogal que aprisiona las pequeñas naciones de Centro América y el Caribe, como Granada, Panamá, El Salvador, Guatemala, Puerto Rico, Jamaica, Belice, Dominica, Haití y República Dominicana. También Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Guyana, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Trinidad y Tobago y Surinam que -además- son paraísos del juego, la prostitución y el lavado de dinero.
Entre las nuevas condiciones de protección, les reclaman mayores aportes para sostener el escudo antimisilistico que protege a EEUU y un incremento en las tasas que reciben las escuelas de adoctrinamiento y “perfeccionamiento militar” situadas en Fort Worth y Fort Benning, continuadoras de la célebre Escuela de las Américas.

El gravamen permitirá a las naciones duplicar el número de oficiales y suboficiales a adiestrar mientras se terminan de instalar otras bases con igual objeto en Colombia, Brasil, Perú y Argentina (convenio firmado hace un sexenio por el gobernador Gildo Insfrán con la complacencia del gobierno nacional de entonces). Esa política expansionista de Estados Unidos, que comenzó a fines del siglo XVIII, es acatada por los gobiernos más allá de la vacua virulencia de los discursos de su clase política. Opresión de los pueblos que se ejerce so pretexto de combatir el narcotráfico y el comunismo.
Esta represión sin límites –como en Bolivia- se transforma en genocidio escudada en la cuasi delictiva doctrina de seguridad nacional.
Pocos han sido los gobernantes argentinos que han condenado la incidencia del imperialismo norteamericano en la suerte de nuestras naciones. Allí está como testimonio el coraje civil de Raúl Ricardo Alfonsín, cuando en pleno cierre de su campaña electoral denunció la invasión a Granada mientras sus rivales hicieron un silencio cómplice. Estaban demasiado comprometidos en salvar las relaciones entre Washington con la dictadura militar, declarando válida la ley de autoamnistía que había dictado Reynaldo Benito Bignone.

Fue el mismo Alfonsín quien, en los jardines de la Casa Blanca, “le cantó las cuarenta” a Ronald Reagan, quien aseguró que los amigos de los enemigos de Estados Unidos eran sus enemigos. Alfonsín, sin arredrarse, tomó la palabra y le explicó al presunto “Rey de Reyes”: «Al lado de la esperanza está el temor de América Latina. El temor que nace de comprender que hay expectativas insatisfechas en los pueblos. Las democracias han heredado cargas muy pesadas en el orden económico. Una deuda que en mi país llega a 50.000 millones de dólares y en América latina en su conjunto está en alrededor de 400.000 millones de dólares».
Y subrayó: «Esto conspira contra la posibilidad de desarrollo, crecimiento y justicia. Esta es, sin duda, una de las grandes diferencias entre nuestros dos países; nosotros apoyamos la filosofía que usted ha señalado, la filosofía de la democracia, la libertad y el Estado de derecho que nos iguala».
En ese sentido, sostuvo que «el hombre» para «ser respetado cabalmente en su dignidad de hombre, no solamente tiene que tener la posibilidad de ejercer sus derechos y prerrogativas individuales, sino que debe tener la posibilidad de vivir una vida decorosa y digna. Por eso es que en toda América Latina estamos dispuestos a gobernar con la austeridad que demanda la hora y hacer los ajustes necesarios para superar los escollos de la economía».
La cuestión de la deuda externa marcó el gobierno de Alfonsín, en especial las políticas de austeridad que le exigió plan acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que no incluía las indemnizaciones de guerra que reclamaba Gran Bretaña y le cerró el acceso a las fuentes de crédito internacional.

«No podemos hacer que los ajustes recaigan sobre los que menos tienen», puntualizó en ese marco el líder radical. Y distinguió que el “problema” de los países desarrollados, donde los sectores del trabajo reciben “más de 50 por ciento del ingreso nacional” es diferente del de nuestros países, donde no llega a 40 por ciento.
«Pretender de nuestros pueblos, en esos sectores, un esfuerzo mayor, sin duda alguna es condenarlo a la marginalidad, la extrema pobreza y la miseria. La consecuencia inmediata sería que los demagogos de siempre buscaran en la fuerza de las armas satisfacciones que la democracia no ha podido dar», enfatizó.
«Estoy convencido de que Estados Unidos, por otra parte, comprende que la seguridad del hemisferio está íntimamente vinculada al desarrollo de la democracia en nuestro continente, y es por ello que abrigo las más grandes esperanzas acerca del diálogo que vamos a mantener», añadió Alfonsín en su discurso.
Yendo al punto de desacuerdo, afirmó: «Vamos a hablar dos presidentes elegidos por la voluntad de nuestros pueblos. Vamos a tocar, sin duda, los temas bilaterales y también los que hacen a nuestro continente en su conjunto y no estará ajeno a nuestro diálogo el tema de América central o Nicaragua.»

«Estoy convencido de que a través del diálogo se podrán encontrar fórmulas de paz, que sobre la base del respeto al principio que hace al derecho consuetudinario americano de la no intervención, nos den la posibilidad de lograr un triunfo en las ideas de la democracia y el pluralismo de la democracia, sin injerencias extra continentales y afirmando desde luego, al libertad del hombre», finalizó.
Habrá quienes disentirán con esta lectura de los hechos. No vale intentar una discusión farisaica. Sugerimos, en cambio, encontrar una fotografía del querido Raúl apretando la rodilla de un presidente norteamericano o haciendo sonar la campanilla que da comienzo a las operaciones de Wall Street.
Estamos frente a un ejemplo de integridad moral cuando se recalienta la lucha por la hegemonía mundial. Es necesario estar alerta y vigilante, habida cuenta de que nuestra América mestiza transita una coyuntura dramática, con el pueblo en la calle, en defensa de su vida o para no ser sometido a la servidumbre y la esclavitud.
Los golpistas cierran las fronteras y expulsan al periodismo denunciador de “caravanas de la muerte” que asesinan y desaparecen a cientos en pequeños poblados que no figurarán jamás en estadísticas oficiales ni en los ecos de los reporters de la prensa internacional.
Uno de mis maestros solía insistir con una idea a la hora de recorrer los conflictos internacionales: la política cambia, pero la geografía no. Esa sabia enseñanza que tardamos en comprender ayuda a advertir los “suicidios” ideológicos de las naciones.
Brasil “reclamaba” derrocar a Dilma Rousseff. No hubo un solo hecho de corrupción que la comprometiera. Sus acusadores están presos mientras Jair Bolsonaro y su ministro de Justicia buscan subterfugios legales para responder a los reclamos de los púlpitos de las iglesias gobernantes.

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