Mediando en una empresa familiar

Era una de tantas mediaciones que, con mi colega, tuvimos ese año, que había ingresado como un caso de impugnación de asamblea societaria, en la que la parte demandada no se presentó.  Por María Eugenia Costas *

Podríamos haberla cerrado con multa por incomparecencia injustificada, pero ante el pedido de la parte actora y su abogado, llamamos por teléfono a la demandada que resultó ser, además de presidenta de la empresa demandada, la hermana menor del actor.

Ella aceptó concurrir a una nueva audiencia. En esa oportunidad, actor y demandada plantearon la necesidad de convocar, además, a otros dos hermanos.

Los cuatro copropietarios de la empresa eran todos personas mayores, cada uno con su familia, con hijos y nietos. Vivían en diferentes provincias y estaban peleados entre sí hasta el punto de haberse iniciado demandas civiles y penales.

Por otro lado, la empresa -una sociedad anónima- era muy productiva, con campos de cultivo y ganado, entre otros bienes.

Las mediadoras comenzamos una tarea que nos llevó varios meses, celebrando entre una y dos audiencias por mes. Cabe destacar la ayuda casi permanente de los letrados intervinientes.

Las primeras audiencias fueron todas privadas; y debimos ocupar cuatro salas, ya que era imposible que estuvieran los cuatro hermanos juntos en el mismo lugar sin discutir. Incluso, en una oportunidad, después de finalizada la audiencia y cuando las mediadoras ya nos habíamos retirado, llegaron a golpearse dos de los varones y tuvo que intervenir el personal de seguridad.

De a poco, logramos legitimar el espacio de la mediación como un lugar en el que fueron capaces de reunirse sin discutir, y donde, después de descargar y pasar todas sus cuentas pendientes y desahogarse hasta el llanto, finalmente comenzaron a dialogar. Tomaron la decisión de dividir todos sus bienes y continuar su actividad cada uno por su cuenta.

Así como en las primeras audiencias tuvimos que trabajar en salas separadas porque era imposible juntar a los hermanos, en las últimas llegaban y se saludaban con un beso fraternal -que resultaba conmovedor-.

Uno de los temas de la negociación fue fijar una cuota alimentaria para la madre anciana que vivía con uno de ellos. Sobre ese punto prácticamente no hubo discusión y todos colaboraron para que se hiciera efectivo.

Se firmaron dos acuerdos en los que, además de la adjudicación de las cuotas societarias a cada uno de los hermanos, se pactó el desistimiento de todos los juicios que se habían iniciados entre ellos y en contra de la sociedad.

Estos acuerdos fueron presentados ante la asamblea del consejo de administración de la SA para su aprobación y posteriormente se solicitó su homologación ante el juzgado correspondiente. Todo con resultado favorable.

El mediador arranca trabajando frente a un caso desde la ignorancia. No sabe nada del conflicto. No conoce a esas personas. Y es probable que, a medida que avance el proceso de mediación, esas personas esperen respuestas del mediador.

Pero nuestra función es ayudarlos a encontrar sus propias respuestas. Los mediadores, más que responder, haremos preguntas; y la clase, el tipo y la forma de intervención dependerá de las personas que tengamos enfrente. Siempre trabajando desde un lugar de imparcialidad y equidistancia; y en comediación, en la que los dos mediadores están en un pie de igualdad, lo que potencia sus intervenciones. La meta al final de camino, una satisfactoria composición de los intereses de las partes.

Para finalizar, compartimos un artículo publicado por Ellen Frankenberg, consultora de empresas familiares, en el que trata el comportamiento de los hermanos en la empresa familiar.

En él reflexiona acerca del vínculo fraternal como uno de los más duraderos de nuestra vida y que cuando una empresa está integrada por hermanos, esta circunstancia puede otorgarle estabilidad. Sin embargo, un enfrentamiento entre ellos puede acabar con la empresa si salen a la luz viejas rencillas familiares.

Los primogénitos se identifican con la generación de sus padres, suelen ser los más conservadores y van a intentar mantener el statu quo; mientras que los benjamines aceptarán mejor un cambio que pueda dar vuelta el orden establecido.

Los hermanos que ya adultos puedan redefinir sus relaciones fundamentándolas en la situación actual y no en el pasado serán capaces de tomar conjuntamente las decisiones convenientes para la empresa familiar.

Por ello es importante que se establezcan canales de comunicación adecuados, normas que regulen la relación de la familia con la empresa y una cultura de diálogo arraigada.

 * Abogada, mediadora

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