Los riesgos de una relación padre-hijo delegada a un staff profesional

Pilar Sordo, psicóloga y escritora chilena.

n parte de los problemas de nuestros hijos se debe a que a los padres se nos olvidó ser autoridad”. La frase pertenece a la reconocida psicóloga y escritora chilena Pilar Sordo, quien al analizar el actual estilo de educar, se preocupa por aquellas relaciones en las se confunden el ser cercano con ser padre-amigo.

También alerta sobre la tendencia creciente a rodearse de profesionales a quienes envían a sus hijos, en lugar de afrontar las conversaciones.

En el marco de una gira por la Argentina para presentar su libro “Viva la diferencia. La magia de ser mujer, la realidad de ser hombre”, la autora dialogó con Comercio y Justicia en su paso por Córdoba, donde presentó su última obra e inauguró el Ciclo “Escuela para padres” del Colegio San Pedro Apóstol.

“Me toca ver cómo los papás han ido perdiendo el control sobre los hijos y dicen cada vez más frecuentemente frases como: ‘No sé qué hacer con mi hija’, y cuando pregunto la edad, me entero de que tiene dos años y medio; yo no sé lo que pretenden hacer cuando la niña tenga quince años”, suele plantear a menudo esta psicóloga que ha recibido numerosos premios y reconocimientos al ser elegida Mujer Destacada 2010 por el portal Mundo Mujer y una de las 100 mujeres líderes de Chile en los años 2006 y 2007.

– Los padres profesionales y empresarios tienden a dedicarles menos tiempos a sus hijos por sus jornadas laborales extensas. A partir de las investigaciones que llevó adelante ¿hay alguna característica  en el modo de educar que atraviese a este segmento?

– La investigación muestra que al aumentar los recursos económicos se va perdiendo el control, se pierde lo simple.

La relación parental se va rodeando de un staff de otros profesionales. Las madres ya no hablan de sexo con sus hijos, los mandan a hablar con el ginecólogo o el obstetra. Si tienen problemas, les pagan un terapeuta; también los mandan a un gimnasio… se van rodeando de un staff de profesionales y no se encargan ellos mismos de conversar con sus hijos. Están ocupados en otras actividades, generando recursos para, incluso, sostener esa infraestructura de staff.

– ¿Las tecnologías de la información y comunicación (TIC) pueden ayudar a conectarse con los hijos cuando por ejemplo están de viaje o pasan muchas horas en el trabajo?
– Estas tecnologías pueden servir como una herramienta anexa pero nunca reemplazará al abrazo, a la escucha presencial, a la conversación cara a cara.

Hay una sobrevaloración de la comunicación tecnológica y se han distorcionado las habilidades comunicacionales. Se han perdido los matices comunicacionales, el lenguaje táctil no los expresa (en referencia a los e-mails y mensajes de texto). Los chicos escriben desde el teclado y desde allí se animan a decir cosas que luego no pueden sostener en el cara a cara.

– Las relaciones padres-hijos parecen cada vez más distantes, ¿qué les sugiere para tener un mayor acercamiento?
– En mis conversaciones con los padres suelo ofrecerles algunos tips; entre ellos, que apaguen la televisión para poder darse espacios de charla, que apaguen el celular en la cena para generar lugares cotidianos de encuentro, así como que las parejas se den tiempo para estar solas sin los chicos.

– ¿Ha detectado alguna situación que hoy  emerja como preocupante en esas relaciones?
– Sí, por ejemplo, el hecho de que los padres quieran ser amigos de los hijos y pierdan el rol de autoridad, que no es lo mismo que autoritarismo. Además, no colocar límites a tiempo o perder los circuitos de encuentro con los adolescentes.

– ¿A qué consecuencias extremas se pueden llegar?
– Conocí el caso de un adolescente que se suicidó y que su madre lo supo al día y medio después porque no entraba en la habitación de su hijo para respetar su intimidad y para que no se enojara. Hoy hay temor de los hijos. Ese hecho fue una expresión extrema de falta de control. Los padres tienen que introducirse en el mundo de sus hijos.

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