Los puentes de Tamara

Cuando éramos chicos, un canal de televisión del cual -por nuestros años- ya no nos acordamos cuál era, al cierre de la transmisión decía que salía al aire con su programación “en el convencimiento de que la televisión informa, entretiene y educa”.  Por Luis Carranza Torres (*) y Sergio Castelli (**)

Después, claro está, vino la “tinelización”, la “onda Suar” y otras modas con otros condimentos: la banalización de las emociones humanas y la alienación del espectador. Si Marx volviera de su tumba y pudiéramos sentarlo a hacer zapping por los canales argentinos, estamos seguros de que remozaría su célebre frase “la religión es el opio de los pueblos” por “la televisión es…”. Al menos, y mal que nos pese, entre nosotros.
Y esto lo decimos con profunda tristeza. Porque nos contamos decididamente entre aquellos que ven como algo sumamente valioso para nuestra vida, y el progreso de la comunidad, los canales de televisión.

Por eso mismo, nos pone de muy buen ánimo cuando descubrimos emprendimientos que apuntan a que la pantalla “chica” deje de ser como le dicen “boba” para estar a la altura de las posibilidades de lograr ser un maravilloso instrumento de comunicación masiva. Y conste que la calidad no se halla en pugna con la masividad, pero sí el carácter aburrido respecto de los formatos.
En ese estilo de programas, 7 puentes con Tamara, asomando con firmeza desde la medianoche televisiva del canal más antiguo de Córdoba, recoge lo mejor de nuestra tradición de hacer cultura desde la televisión.

No es fácil hoy embarcarse en un emprendimiento de estas características ya que, más allá de las quejas consabidas de todos respecto del nivel de lo que se ve en la tele, los anunciantes no tienen el sí fácil para pautar en este tipo de formatos. Aun cuando los números de la audiencia acreditan, en el caso del programa de Tamara, el alcance amplio logrado en los “consumidores” del rubro literario.
Y como particularidad de estos tiempos de la sociedad informatizada, la audiencia no se computa sólo por la medición del famoso “rating” televisivo sino que ella se ve potenciada por otro tipo de audiencia: la que sigue el programa a través de Internet. Ello forma parte de cómo se “mira” televisión en nuestros días, y no muchos en el ramo tienen cabal conciencia de ello.
La conductora y “alma mater” del envío, Tamara Sternberg, no es ninguna desconocida en cuestiones literarias. Además es agente literaria y  licenciada en Ciencias de la Educación con especializacion en Tecnologías educativas, desde muy pequeña trabaja junto a su padre en una de las  librería emblemáticas de nuestra ciudad, El Emporio Libros. Y desde hace poco más de una década es la responsable de haber generado un nuevo espacio dentro de dicha empresa familiar: nada menos que lanzarse al difícil negocio editorial, logrando en poco tiempo posicionarlo como un sello de destaque en el rubro.

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Con semejantes antecedentes y los que suma su simpatía personal y calidez en el carácter, no es para extrañarse que el programa de los martes a la medianoche empiece a resultar uno de seguimiento obligado para quienes gustan de conocer acerca de los libros y  sus autores.
En suma, una producción lograda, que a la profundidad de los temas tocados le suma la simpatía y allure de su conductora. Combina calidad y entretenimiento y, por todo ello, apunta a convertirse en un hito de referencia en la materia.

* Abogado. Doctor en Ciencias Jurídicas.** Agente de la Propiedad Industrial.

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