Los inventos no son sólo cosas de hombres: el vidrio no reflexivo

 Por Sergio Castelli* y María Constanza Leiva**

De la nutrida información relativa a la actividad inventiva se deduce a prima facie que el hombre, macho, es quien se lleva los laureles y toda la gloria relegando a la mujer a un segundo plano.
Sin embargo es una revelación de Perogrullo que la mujer no ha actuado por falta de decisión o capacidad sino por subyugación; acaso que oportunidades ha tenido demostrar a la sociedad su potencial creativo no es necesario ser un observador versado en la realidad social para deducir que estos nichos de intelectualidad les eran absolutamente vedados salvo escasísimas excepciones.
Ahora bien, el consciente colectivo global ha entrado en una etapa crucial, la de un cambio más que necesario, ineludible. La reivindicación y empoderamiento en espacios donde el hombre sólo les permitía ingresar para servir café o atender la biblioteca.
Sin embargo, hay una historia, al menos contemporánea, que insinuaba la abundante y significativa creatividad de la mujer, un ejemplo más que innovador fue el de de Katharine Blodgett, que creó el vidrio no reflexivo.
A la edad de 20 años, Blodgett se convertía en la primera mujer en trabajar en un laboratorio de General Electric (GE). La guerra le resultaba tristemente favorable, dada la escasez de investigadores masculinos avocados a esta.

Su carrera como investigadora fue una excepción en un mundo como el de la ciencia que daba escasísimas oportunidades a las mujeres a causa de los costes que se incurrían al invertir en ellas, ya que podían casarse y tener hijos, lo que, por otra parte, nunca le sucedió a Blodgett.
Blodgett entró como ayudante de Langmuir, cuyas investigaciones en la compañía (en la que estaba desde 1909) habían girado en torno a los gases y filamentos de las bombillas eléctricas, el comportamiento de los electrones en los tubos de rayos X y la cinética de las reacciones gaseosas.
Científico decisivo para el avance de la electrónica, Langmuir había inventado y patentado en 1913 la bombilla incandescente rellena de gas, tras descubrir junto a su colaborador Lewis Tonk (1897-1971) que la vida de los filamentos de wolframio (o tungsteno) aumentaba considerablemente si las lámparas contenían un gas inerte (como el nitrógeno o el argón) en lugar del vacío (como venía siendo lo habitual), algo que cambiaría radicalmente la historia de la iluminación eléctrica.
Producto de sucesivas y novedosas investigaciones científicas Blodgett experimento con monocapas, obteniendo películas orgánicas con una sola molécula de espesor, que luego tendrían variadas aplicaciones prácticas en campos como la conversión de la energía solar y la fabricación de circuitos integrados.
«Como asistente de investigación en General Electric, Blodgett hizo seguimiento al descubrimiento de Langmuir, que consistía en que una capa única de superficie de agua podía ser transferida a un sustrato sólido. Años después, ella encontró que el proceso podía ser repetido para crear una pila de múltiples capas de cualquier espesor», explica el Salón de la Fama de Inventores de Estados Unidos.

Blodgett, quien nació en 1898, profundizó su trabajo y creó recubrimientos no reflexivos de múltiples capas de vidrio. Eso llevó a que produjera el primer vidrio 100% transparente del mundo o, como señala la organización, el primer vidrio «verdaderamente invisible».
«El vidrio no reflexivo eliminó la distorsión de la luz que se reflejaba en una gran variedad de equipos ópticos incluyendo lentes de sol, telescopios, microscopios, cámaras y proyectores».
En 1940 obtuvo la patente de su invento, que se conoce como Langmuir-Blodgett Films, en Estados Unidos. Blodgett fue la primera mujer en obtener un doctorado en física en la Universidad de Cambridge. Murió en 1979.

* Agente de la propiedad industrial ** Abogada

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