“Los ajustes en el capitalismo desarrollado serán transferidos a la región”

Julio Gambina, de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas

En momentos en que se anunciaba el fin de la debacle global que comenzó con la caída de Lehman Brothers, la situación en Europa rompió el espejismo y la crisis se reinstaló en el mundo. Según la perspectiva de Julio Gambina, economista de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas (Fisyp), quien visitó Córdoba esta semana invitado por la Universidad Nacional de Córdoba, los salvatajes realizados entre 2007 y 2009 abrieron la crisis en el Viejo Continente y, en el corto o mediano plazo, los países de América Latina deben esperar el impacto de esta debacle, ya sea por la vía financiera, comercial o productiva.

– ¿Cómo puede interpretarse lo que está viviendo Europa, en el marco de lo sucedido entre 2007 y 2009?
– Hay que pensar ésta como una crisis de la economía mundial, que ya tiene una historia de mediano plazo. Empezó en 2007, cuando muchos la definieron como crisis hipotecaria y en realidad atrás estaba todo el negocio inmobiliario y de la construcción, es decir, tenía que ver con la economía real.

Después, en 2008, se presentó como una crisis financiera, porque cayeron bancos de inversión de Estados Unidos -como Lehman Brothers- y compañías aseguradoras, pero junto a ellas cayeron también empresas automotrices, como la General Motors –que fue el caso más resonante, pero también hubo una profunda crisis en la Ford-. Es decir que no sólo era una crisis financiera sino también del sector productivo de la economía.

Y 2009 fue un año de profunda recesión en prácticamente todo el mundo, incluso quienes no tuvieron recesión económica tuvieron desaceleración de la economía. Quizás la nota distintiva la dieron China e India, que fueron los únicos países que tuvieron tasas de crecimiento importantes, pero menores que las que nos tenían acostumbrados.

Entonces, desde 2007 a 2009 se procesó una crisis muy profunda de la economía mundial, acompañada con otras que parecen diferentes pero que la integran -como son las crisis alimentaria, energética y medioambiental-, por lo que estamos ante un cuadro de crisis profundo, extenso, duradero e integral del orden económico-social. Algunas la definen como “crisis de civilización”, es decir, del orden en su conjunto.

A comienzos de 2010 algunos informes interesados -del Fondo Monetario, del Banco Mundial y de algunos gobiernos- empezaron a mostrar que la crisis había terminado. Y cuando se estaba por festejar la salida estalló Grecia, y con ella toda Europa.

El problema fue que el salvataje de 2007 – 2008 y 2009 fue un salvataje de bancos, aseguradoras y algunas transnacionasles productivas muy importantes, pero supuso emisión de dinero, endeudamiento público de los Estados y, por lo tanto, lo que estalló ahora es la deuda pública. Lo que se pone en evidencia es que los países europeos están fuertemente endeudados; ni hablar del Estado estadounidense, que es el más endeudado de todo el mundo.

Y cuando uno mira esta crisis tiene que ver que viene de arrastre, viene de la recesión de 2001, la cual Estados Unidos enfrentó con militarización de su economía: invasión de Afganistán y de Irak y promoción del gasto público militar –llamado “de Defensa”, pero que es una política ofensiva de militarización mundial-.

Éstas fueron las distintas facetas que fue mostrando la crisis, con lo cual no podemos decir hoy que es una crisis de Grecia o de Europa.

– ¿Y cómo encuentra a América Latina esta crisis integral?
– Muchos creen que los países de América Latina están mejor en esta crisis que respecto a otras: están mejor porque el epicentro está ocurriendo ahora en el capitalismo desarrollado, porque la región ya tuvo su crisis en los ochenta y los noventa. Pero no nos engañemos, porque los ajustes que se están discutiendo en el capitalismo desarrollado van a ser transferidos a corto o mediano plazo al sur del mundo. Por eso, la situación de América Latina, África y Asia hay que mirarla con prevención.

– ¿De qué manera se transferirá la crisis?
– Como han sido trasladadas históricamente. Estados Unidos, Europa y Japón intentaron resolver la recesión de fines de los sesenta y comienzos de los setenta reciclando excedentes líquidos a los países de América Latina. Hay canales comerciales, financieros y productivos para transferir las crisis.

Uno de los efectos principales de ésta puede definirse como una gran ofensiva del capital sobre el trabajo. Esta crisis afecta la capacidad de producir, de vender, de obtener ganancias y acumular. Por lo tanto, para recuperar ganancias, acumulación y mantener niveles de dominación política se afecta la capacidad de compra del salario de los trabajadores a escala mundial.

El dato sobresaliente de 2009 fueron más de 30 millones de nuevos trabajadores desocupados en todo el mundo, más de tres millones en América Latina.

Las políticas de los países europeos en este primer semestre de 2010 fueron reducción de salarios, congelamiento del gasto público social, extensión de la edad de trabajo para acceder a la jubilación, congelamiento y disminución de las jubilaciones.

La pelea por la distribución del ingreso a escala mundial era que los países del sur del mundo siempre buscaban mejorar sus ingresos en comparación con el nivel de salarios que había en el capitalismo desarrollado. La tendencia actual es a disminuir los salarios a escala mundial.

Lo que habrá es una tendencia a llevar producción del capitalismo desarrollado al sur del mundo, en búsqueda de salarios más bajos. Para algunos puede parecer que eso va a desarrollar la economía en nuestra región, pero será a costa de un deterioro de la masa salarial global.

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