“Las sanciones en la escuela deben implicar un mayor esfuerzo intelectual”

Horacio Sanguinetti, titular de la Academia Nacional de Educación.

atar de acercar la familia a la escuela, hacer campaña para que los padres destinen tiempo a sus hijos los sábados y domingos y formar mejor a los docentes son dos claves que resalta Horacio Sanguinetti, presidente de la Academia Nacional de Educación y ex rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, a la hora de pensar las claves para una mejor educación. El tercer punto fundamental genera polémicas según quién lo analice. Para él, es indispensable que en la escuela haya un sistema de premios y sanciones y que éstas impliquen un mayor esfuerzo intelectual para el alumno que quiebra las normas acordadas previamente.

Ayer, en marco de la primera reunión anual de la Comisión de Educación del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia, que reunió a referentes políticos de Córdoba (ver página 9), Sanguinetti disertó en la ciudad y dialogó con Comercio y Justicia sobre los aspectos que deberían tenerse en cuenta para mejorar la educación en el país.

– ¿Cuáles son los puntos clave que deberían acordar los referentes políticos del país como una especie de pacto para delinear una política educativa de largo alcance?

– Creo que es fundamental la formación del docente, que ha sufrido una crisis brutal desde que se suspendieron alegremente las escuelas normales y no se reemplazaron por nada. El día en que asumió Nestor Kirchner la primera presidencia, dio un discurso, junto con la hoy presidenta, que era senadora, sobre cómo era que se habían suprimido estos colegios y no se habían reemplazado por nada. Yo me puse contento porque pensé que los iban a restablecer, pero después no hicieron nada tampoco. Se suprimieron y no se reemplazaron por nada.

Luego hay otro tema fundamental, que son los premios y sanciones. La mala conducta debe ser sancionada, orgánicamente, concretamente, la norma tiene que ser clara, previa y realmente muy justa.

– ¿La sanción deben ser tanto para alumnos como para docentes?
– Para todo el mundo, pero básicamente para los alumnos. Los docentes parecería que siempre tienen la culpa, si hay un problema le mandan un interventor al profesor porque él debe ser quien tiene la culpa. En cambio, al chico, si mató a la profesora, se piensa en cómo hacer para que no pierda el año. ¡Eso es real, ha pasado textualmente!

– Pero premios y sanciones, ¿no es volver a un paradigma superado?
– No. La conducta humana se maneja así. Que las sanciones sean discutidas primero y que se pongan todos de acuerdo. Si no, saquemos los semáforos, abramos las cárceles… El ser humano funciona así. No digo premios y castigos, que es feo, digo premios y sanciones.

Resulta que dentro de esta política también está prohibido premiar, porque si se premia a uno el que no lo fue se deprime y eso es un disparate; el ser humano funciona así.

– ¿Cuáles considera?
– Hay premios tradicionales como el cuadro de  honor o la medalla de oro. Yo en el Colegio Nacional de Buenos Aires lo mantuve, porque no cualquiera lo gana; es un esfuerzo muy especial, también depende de lo que le guste o no le guste estudiar y de la vocación que tenga por determinadas líneas culturales. Pero también se lo puede premiar al alumno con un libro, con un viaje o una beca.

Y en cuanto a las sanciones, tienen que ser sanciones que impliquen un mayor esfuerzo intelectual.

Cuando yo tuve la famosa vuelta olímpica en el Colegio Nacional de Buenos Aires (N.de R.: se trataba de una manifestación de los alumnos del último año que al finalizar el secundario solían recorrer la escuela generando disturbios y destrozos) todo el mundo estaba esperando qué iba a resolver. En ese momento emití una resolución y dije que el que diera la vuelta olímpica se quedaría libre. Los chicos se portaban bien todo el año, pero a fin de año creían que era una obligación dar esa vuelta. En esa oportunidad, de los 400 chicos, 85 dieron la vuelta y todos esos se quedaron libres y tuvieron que dar las 12 materias. No se volvió a dar la vuelta olímpica nunca más.

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