Las nuevas fronteras de la inseguridad

Por Luis Carranza Torres* y Carlos Krauth**, exclusivo para Comercio y Justicia

Desde hace algunos años las preocupaciones de los argentinos giran alrededor de los problemas de la corrupción, inseguridad, y economía. Este año a ellas se les sumó el tema de la pandemia del covid-19, la que no sólo de por sí ha influido de manera negativa sino que, además, ha potenciado tales tradicionales inquietudes argentinas, fundamentalmente las últimas dos señaladas en la enumeración de inicios de este párrafo.

Es que conforme las previsiones hechas por todos los analistas, las medidas que se adoptaron para paliar los efectos del virus, han influido negativamente en la economía y en la inseguridad, en todos los países, pero aún más en el nuestro. En esta oportunidad nos interesa hablar de un tipo de inseguridad, la ocasionada por el crimen virtual o ciberdelito.

De la misma forma que muchas de nuestras actividades se han trasladado a la esfera virtual, en materia de ilícitos se ha operado un corrimiento similar.

Esta forma de criminalidad presenta sus particularidades ya que a diferencia de los robos, homicidios, estafas físicas, el delito cibernético es por lo general invisible, lo que influye para que se lo tome con cierta subestimación en relación, no solo con el daño que causa sino también en la creencia de que uno puede convertirse en una víctima.

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Pero más allá de esa falsa creencia, día a día tomamos conocimiento del incremento de casos y cada vez son más las personas que han padecido alguno de estos ataques. En este sentido, hace unos días la Interpol lanzó una campaña de seis semanas para brindar asesoramiento e información sobre las distintas formas que pueden adoptar estas amenazas cibernéticas y cómo hacer para detectarlas, en busca de minimizar los riesgos de convertirse en una víctima.

Se trata de diversas acciones que en la mayoría de los casos pasan inadvertidas, y que persiguen acceder a dispositivos personales o comerciales tales como celulares o computadoras, a fin de instalar programas de seguimiento o captura de datos, robar información como claves u otros datos de instrumentos financieros, dañarlos en su operatividad o descargar software malicioso.

En nuestro país, han sido los bancos públicos y privados han recogido el guante y también han organizado una campaña para prevenir estafas virtuales. Hoy por hoy, el mayor delito cibernético en nuestro país. La idea al respecto es que todos los bancos difundan publicaciones en diferentes medios digitales, indicaciones simples y directas previniendo sobre cómo actuar cuando se opere a través del home banking, cajeros automáticos y humanos, redes sociales, teléfonos, entre otros.

La idea central gira, según el comunicado de las entidades bancarias, en torno a “no compartir claves ni datos personales y entrar en contacto únicamente a través de los canales oficiales de atención de los bancos”.

Celebramos este tipo de iniciativas y creemos importante que se difundan y multipliquen. En tiempos difíciles donde los problemas nos sobrepasan, es importante que nos informemos y seamos nosotros quienes accionemos para evitar convertirnos en víctimas de la criminalidad. Ahora que se ve claramente que nuestras instituciones no pueden dar respuesta a todos las cuestiones que nos afectan.

Ello no significa que debamos protegernos y combatir la inseguridad por nuestros propios medios al margen de las instituciones. Ésta es una función indelegable del Estado. Lo que creemos y queremos transmitir es que también es un deber ciudadano cuidarnos y cuidar a nuestros conciudadanos. Para ello, prevenirnos e informarnos es una muy buena herramienta. Pero también debe acompañar el Estado con un proceso de transformación que desarrolle los elementos de las fuerzas de seguridad destinados al combate de ese tipo de ilícitos.

También, tanto desde lo público como lo privado debe propiciarse medidas a fin de resguardar de accesos no autorizados a los sistemas informáticos que resultan esenciales para la vida diaria de la población.

No debemos dejar de tener en consideración que, entre las necesarias transformaciones de la vida diaria por la pandemia, entre los cuidados que deben adoptarse todos los días para mantenerse a salvo, lo relativo a la informático ocupa también un lugar. Y no es menor.

(*) Abogado. Doctor en ciencias jurídicas
(**) Abogado. Doctor en derecho y ciencias sociales

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