Las ideas del Congreso de Oriente

Por Luis Eugenio Roa (*) - Exclusivo para Comercio y Justicia

La historia de nuestro país cuenta que en los primeros días del mes de julio del año 1816, en la provincia de Tucumán, diez provincias de la actual República Argentina y tres altoperuanas se reunieron en congreso soberano para declarar nuestra independencia de toda autoridad española, con el agregado posterior “y de toda otra potencia extranjera.”

Sin embargo, esa versión de la Historia Argentina es parcial y tendeciosa. Otras voces relatan que un año antes, en el mes de junio de 1815, se realizó en Arroyo de la China -hoy Concepción del Uruguay- otra reunión que la historia reconoce como el “Congreso de Oriente” o “De los Pueblos Libres” que, convocado de urgencia frente a la negativa de la Asamblea del Año XIII a declarar la independencia, presidido por don José Gervasio de Artigas concentró a los diputados de seis provincias del antiguo virreinato del Río de la Plata que conformaban la Liga Federal.

Si bien las actas de dicha reunión aún permanecen extraviadas, su existencia está probada. Surge del análisis circunstanciado de documentos anteriores y posteriores al evento, en los cuales con claridad meridiana aparece la voluntad política de proclamar la independencia nacional y avanzar en la organización jurídica de la Nación, adoptando para su gobierno el sistema republicano y federal.

Así se desprende -para mayor probanza- de una carta que el caudillo oriental Don José de Artigas cursó al entonces director supremo Juan Martín de Pueyrredón, con motivo de la convocatoria al congreso a reunirse en Tucumán.

En ella le expreso que hacía un año la Liga Federal ya la había declarado en Arroyo de la China y esperaba, con ansiedad, que ellos hicieran de una buena vez lo mismo. Sumando como argumento las expresiones del diputado por Santa Fe Pascual Diez Andino, quien llevó como mandato de su provincia al Congreso de Oriente que, prioritariamente, se declarara la independencia.

Ante la Asamblea del Año XIII los diputados artiguistas expresaron, pese al rechazo de sus diplomas, que tenían precisas instrucciones de llevar adelante la proclamación de la independencia, la sanción de una constitución y la organización republicana y federal.

Ya sea que se haya o no declarado la independencia en el congreso celebrado en Entre Ríos un año antes que en Tucumán, lo que trasciende es la firme voluntad de las provincias integrantes de la Liga Federal de luchar contra el despotismo y ambiciones de las monarquías europeas (españolas, portuguesas o cualquier potencia extranjera), contra la pretensión centralizadora de Buenos Aires y lograr para el país un verdadero régimen federal en el cual todas y cada unas de sus provincias pudieran lograr el progreso y desarrollo de sus habitantes de manera integral.

La contienda por estos ideales federales y de progreso equitativo de todas las partes no ha cesado. Ha tenido avances satisfactorios y dolorosos retrocesos. El centralismo porteño pactó con la Casa de los Braganza, con el librecambio inglés y se perdió la Banda Oriental como parte integrante de la Nación. Una pérdida aceptable para ellos con tal de mantener sus privilegios portuarios. Artigas terminó derrotado y marchando al exilio en Paraguay. A pesar de haber luchado con denuedo contra una potencia extranjera como Portugal (tan peligrosa en aquellos momentos, tal vez más que la corona española) por la defensa de la integridad territorial nacional, sus sinceros valores democráticos y federales, lo que provocó que se lo relegara al lugar de símbolo patrio del Uruguay pero no de la Argentina. Fue el precio que se le hizo pagar por poner en jaque los intereses económicos monopólicos portuarios.

Hoy se pueden seguir observando destellos de aquella disputa. Si bien quedó establecido un régimen federal, las fuerzas centrípetas de la capital siguieron imponiendo solapadamente sus intereses a los del resto del país. No se deberá luchar literalmente por la independencia de toda potencia extranjera pero la defensa de los intereses locales frente a los de grupos económicos trasnacionales sigue siendo una realidad.

Las provincias deben renovar y continuar sus esfuerzos para no quedar subsumidas completamente al poder de decisión de otros poderes económicos o políticos. De lo contrario, seguirán vigentes las claras asimetrías que atraviesa el país. Donde se habla de “revolución ferroviaria”, ésta está lejos de llegar al litoral del país para que los productores puedan trasladar los frutos de la región a un costo ochenta veces menor que los actuales. Donde se clama por la necesidad de generar fuentes de trabajo se encuentra un obstáculo insalvable: no se tiene acceso a la energía para el desarrollo de las industrias, llegando al extremo tal que la tradicional localidad correntina de Gobernador Virasoro hace más de sesenta días que se encuentra sin electricidad. Donde se lleva décadas esperando el prometido gasoducto del NEA, que permitiría a toda la zona contar con los beneficios del gas natural para avanzar en el progreso, nunca se concreta.

Las postergaciones no son pocas ni livianas. Queda claro que las reivindicaciones de la Liga de los Pueblos Libres del Sur no eran vanas; siguen vigentes con sus parámetros actuales. Los avances en tal sentido nunca han sido ni serán fáciles. Pero las provincias, para lograrlos, deberán apuntalarse en sus referentes históricos que llevaron adelante el Congreso de Oriente, que si bien fueron minimizados en sus valores, son una usina inagotable de fuerzas morales, que no se puede menospreciar a la hora sostener los ideales de un verdadero federalismo al servicio del progreso y bienestar de todo el país, concibiéndolo de manera integral.

(*) Investigador. Abogado

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