Las golondrinas cautivas

Por Alicia Migliore*

Por Alicia Migliore (*)

“Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustras la oscuridad,
detrás de tu vuelo errante mis ojos buscan
la inmensidad, la inmensidad…
¡Vuela, vuela, vuela, golondrina!
¡Vuelve del más allá, vuelve desde el fondo de la vida,
sobre la luz, cruzando el mar…!!!
(Letra: Jaime Dávalos. Música: Eduardo Falú)

En esta misión imperiosa que nos obliga a rescatar a mujeres del olvido, con obstinación se nos ha impuesto la presencia de algunas detenidas y la de algún lazo sorprendente que las une, pese a sus diferencias sociales y espaciales.
Cuando enarbolamos las banderas feministas la primera interpelación que nos formulan es preguntarnos si nos creemos mejores, a lo que invariablemente respondemos: “Mejores no, diferentes sí”.
Si dirigimos nuestra mirada a la cárcel de mujeres de San Telmo, en Buenos Aires, rápidamente surgirán datos interesantes: que es una joya de arquitectura erigida frente a plaza Dorrego, regenteada durante muchos años por la Congregación de las monjas del Buen Pastor, las mismas que se ocuparon de las mujeres detenidas de todo el país y de gran parte del continente americano. A fin de ofrecer glamour se citará, casi como si hubiera recibido una condecoración, que allí permaneció detenida Ramona Victoria Epifanía Rufina Ocampo, conocida mundialmente como Victoria Ocampo.

En efecto, Victoria, embajadora cultural de nuestro país y activa militante por los derechos humanos, estuvo alojada casi un mes en el penal de mujeres en 1953, acusada de tener armas para favorecer a los enemigos del régimen peronista. La persecución alcanzó también a su amiga Susana Larguia, a Norah Borges y a su madre Leonor Acevedo, a quien luego se otorgó prisión domiciliaria por tener 77 años de edad. Fue en esa misma época en que Rosa Clotilde Sabattini se exilió en Montevideo para eludir un nuevo periodo en la prisión de San Telmo, donde estuvo alojada por resistir el peronismo.
En ese camino, rescatamos a Emma Day, una de las primeras profesoras de Ciencias y Letras, egresada de la Escuela Normal Roque Sáenz Peña, de la ciudad de Buenos Aires. Nacida en 1883, abrazó la causa feminista en su juventud, integrándose a todos los grupos que militaban para conquistar derechos. Se registra su participación en el Partido Socialista, junto a Sara Justo y las hermanas Chertkoff.
Su vocación dirigencial y combativa quedó evidenciada en la conducción de la Asociación Pro Derechos de la Mujer fundada con Elvira Rawson, Alfonsina Storni y Adelia Di Carlo, en 1919. Esta asociación logró aglutinar a más de once mil mujeres, posibilitando la primera presentación de un proyecto de sufragio femenino en el Congreso de la Nación en ese año, por parte del diputado Santafesino por la UCR Rogelio Araya.
De convicciones firmes y valentía incuestionable, en tiempos cuando el lugar de las mujeres era el interior de la casa, y sus voces apenas eran susurros, Emma sostuvo su rebeldía y levantó su voz ante cada injusticia que la tuviera como protagonista.

No le resultaría gratuita esa conducta prohibida: en 1918 fue declarada cesante, sin sumario previo, por criticar públicamente al director de la escuela en la cual se desempeñaba como docente.
Empecinada y lejos de victimizarse, con fuerza renovada publicó a los pocos días su obra Pasatiempos de una cesante, en un nuevo acto de provocación.
Su militancia feminista la llevó a ser la primera en presidir el Capítulo Argentino de la Unión de Mujeres Americanas, que había fundado la mexicana Margarita Robles de Mendoza en 1934, y la presidió hasta los 82 años de edad.
Fue su desempeño en este rol lo que la condujo a la cárcel de mujeres junto con su hermana Enriqueta, donde permanecieron durante siete meses, durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón. Su militancia antifascista la llevaría por el mismo camino durante la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu.
Las crónicas de la época refieren que durante su tiempo en prisión se dedicó a dar clases a las reclusas, enseñando historia, geografía, arte, castellano, y promoviendo el crecimiento de sus congéneres.

Es claro que no se consideró la edad de estas detenidas por razones políticas: Victoria con sus 63 años, Emma casi 70, en tiempos de Perón y superada esa edad en el período de Aramburu.
Antes de estas detenciones, se puede rastrear en la cárcel del Buen Pastor a Salvadora Medina Onrubia, conocida como la adolescente enamorada de Simón Radowitzky, el anarquista que mató con una bomba al jefe de policía Ramón Falcón en 1909.
Casada con Natalio Botana, el dueño de Crítica, se enfrentó desde el diario con el presidente Hipólito Yrigoyen, pero fue el tirano José Félix Uriburu quien clausuró el diario y dispuso la prisión de ambos. Se dice de ella que fue la primera mujer encarcelada por razones políticas.
Bella pelirroja, fue llamada la “Venus Roja” por su cabellera y por su militancia anarquista y revolucionaria. Por su jerarquía intelectual y los aportes en las letras se la consideraba “la Victoria Ocampo de los anarquistas”.
Orgullosa y rebelde, cuando los intelectuales intercedieron por ella, como luego harían por Victoria, rechazó el pedido de clemencia y dijo a Uriburu: “Guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta cómo, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio”. Posteriormente, pese a solidarizarse con la trayectoria de Eva Duarte, recibió el rechazo del gobierno peronista y el desprecio de la primera dama, lo que la condujo a la miseria por la expropiación del diario y de todos sus activos.

Estas mujeres detenidas, por pensar diferente, se nos representan como golondrinas: frágiles y fuertes, delicadas y obstinadas; traen en su evocación las imágenes de Dávalos y Falú en la zamba que deslumbró a mediados del siglo XX a todas las almas sensibles y resonaba en nuestras aulas infantiles.
Ellas no inauguraron la “grieta”: mucho antes, Camila O’Gorman pagó con su vida el atrevimiento de disentir del mandato de su época y el poder subordinado a la curia. Tampoco terminó la fisura social, derivada de la intolerancia, con los sucesivos cambios de gobierno; antes bien se agudizó, hasta llegar al paroxismo y la locura homicida en la última dictadura militar.
En nuestro país, como en toda América, quienes se alzaron con el poder ilegítimamente para “restaurar” valores extremos en connivencia con la iglesia Católica, como si occidente no tolerara disensos, en el afán mesiánico de sentirse dueños de la verdad, suspendieron garantías y derechos y procedieron como si nunca se hubiera dictado ley alguna.
El relato estremecedor de una mujer que, aún hoy, canta imponiendo mucha fuerza a su voz (porque recuerda que sus compañeras de detención le pedían escucharla como un modo de mantenerse en contacto con la vida) retorna la imagen de la música para alejar la locura, los miedos, la tortura y la muerte.

Las golondrinas y las mujeres, vulnerables y gráciles surcando cielos y calles, representan la libertad y la belleza. Víctimas de tormentos y encarceladas, muestran las miserias inexplicables que podemos construir desde abusos inconcebibles que parecen no tener fin.
Hoy el “cautiverio” de las mujeres-golondrinas se diversifica y multiplica: se las categoriza y descalifica. Son celestes (y responden a las iglesias) o son verdes (y responden al gobierno anterior).
¿Deberíamos pintarnos de otro color para defender las vidas de las que mueren a manos de sus esposos, amantes o pretendientes sin que la sociedad condene a los ejecutores?
Las que luchan por las libertades son acalladas, las que piensan por si y por sus semejantes son ridiculizadas. Las rejas son diferentes. Son condena social, desvalorización y exclusión.
Deberemos reconocernos todas mujeres-golondrinas para volar en la inmensidad sin que los oscurantistas de antes, de hoy y de mañana nos cercenen en vuelo.

(*) Abogada-ensayista. Autora de los libros Mujeres grandes y Ser mujer en política.

2 Comentarios en "Las golondrinas cautivas"

  1. Alicia, buen refresco de memorias, cuántas verdades históricas dolorosas, cuántos obstáculos a las mujeres. Desde cuándo viene la grieta, y quién la generó. «NO SOMOS MEJORES SOMOS DIFERENTES». Gracias por la golondrinas, excelente reflexión.

  2. Excelente Alicia, tu relato es un documento ???

Los comentarios están cerrados.

Artículos destacados