La mediación se pone seis sombreros para pensar – El sombrero amarillo (V)

Por Christian Julio Díaz / Abogado y Samuel Paszucki / Contador, mediador

Positivo, constructivo. Sentido de la oportunidad. Brillo y optimismo. Sueños y esperanzas de algo. PREGUNTA 4: ¿Qué aspectos resaltaría como positivos del actual servicio de mediación?

Graciela Peralta: el hecho de que esté legislado, lo que permite su desarrollo. Que el poder judicial lo tomó y lo está poniendo en práctica en la justicia. Que estén funcionando centros privados y extrajudiciales públicos que permiten un sistema abarcativo de todos los sectores y todas las temáticas. La difusión que se está dando a raíz de que cada vez más personas “vivencian” el proceso de mediación. El compromiso de las distintas instituciones, que apuestan al mejoramiento, aplicación y difusión del sistema.

Ana María Sucaría: destaco como muy positivo y uno de los aspectos más relevantes del proceso de mediación, el hacer conocer a las partes el empoderamiento (empowerment) que poseen en la resolución de sus propios conflictos; la posibilidad que les brinda la mediación de ser protagonistas del acuerdo, no permitiendo que una tercera persona (el juez) decida sobre ellos y sus propias vidas. La práctica demuestra que frecuentemente las soluciones encontradas colaborativamente por las partes al final del proceso de mediación son distintas de las que cualquiera de ellas hubiera imaginado. Esta creatividad -más allá de la limitación que la propia ley impone- fue ponderada por Fisher y Ury en su famoso modelo de negociación de la Universidad de Harvard: “Agrandar la torta” (ideas nuevas capaces de producir soluciones impensadas) y se ve reflejada significativamente en las mediaciones de índole familiar, preservándose el aspecto relacional de los protagonistas.

Esteban Bustamante: Lo que más puedo resaltar, es la posibilidad -que tuvo o que hicimos nosotros los mediadores y las autoridades de las distintas áreas- de que creciera y llegara hasta donde llegó. Digo  “nosotros los mediadores” porque en estos casi quince años desde que comenzó en Córdoba, fuimos los mediadores quienes palma a palma y puño a puño hicimos que avance siempre de la mano y con el esfuerzo de todas las autoridades que desde sus respectivos lugares lucharon también a brazo partido. Lo más positivo y esperanzador es que no veo límites en su crecimiento; así como se expandió en cantidad y materias desde su inicio, es como un árbol que continúa creciendo. Imaginemos cuántas ramas más dará, sin saber con precisión cuán grande será, porque ese árbol está hecho de la mejor madera y cuenta con todos nosotros -sus nutrientes incansables y creativos- a la hora de seguir aportando y creciendo.

Cristina Di Pietro: El modelo Córdoba de mediación, es para mí, uno de los mejores del mundo y no creo exagerar. Hace casi 20 años que la ejerzo, en distintas jurisdicciones. Conozco los considerados grandes sistemas mundiales: California, Miami, San Francisco, Nueva York, Cataluña, Toledo, Buenos Aires, entre otros. Pocos tienen la eficiencia que demuestra el nuestro. ¿Por qué? Por el sistema de comediación; por la diversidad de profesiones; por el compromiso que se advierte de sustentar el instituto de la mediación; el control en su funcionamiento. Nuestra ley no excluye la práctica de la mediación en cualquier momento: como prevención; antes de llegar a tribunales; ya en tribunales, antes de dar trámite a la demanda y luego de trabada la litis; en cualquier momento durante el pleito. No olvidemos que la mediación es un proceso autónomo que incluye el derecho –y otras ciencias- como parámetro y puede operar como tal o ensamblado al juicio o a cualquier otro proceso: arbitraje, consolidación de deudas, diseño de reingeniería empresarial. El término “proceso” no pertenece sólo al derecho; está prestado, igual que para otras ciencias, en las que también juega, como lo hace el lenguaje con nosotros.

Débora Fortuna: El servicio de mediación actual pone a disposición de la ciudadanía un instrumento de diálogo privilegiado en ámbito público y privado y esto significa que el compromiso asumido por los mediadores y el Estado no es menor a la hora de promover la paz social en el diario vivir. Estos servicios brindan la posibilidad de que las personas se encuentren para pensar y trabajar juntas en la gestión de la situación de conflicto que las vincula, acompañadas por mediadores conductores de ese proceso de diálogo y por otros profesionales y terceros interesados que conforman la base social de quien acude como parte. Asimismo, el trabajo en equipo realizado con la participación de dos mediadores permite un intercambio muy enriquecedor y ofrece a las partes un modelo de responsabilidad compartida. Por todo ello Córdoba tiene un reconocimiento a nivel mundial y es tomada como ejemplo a la hora de legislar y diseñar políticas de desarrollo de la mediación.

Gabriela Magris: Debemos distinguir por lo menos dos ámbitos de mediación: la comunitaria y la judicial. En relación con la primera,  es un servicio que proporciona efectivamente a las personas un lugar de comunicación, de solución a sus conflictos vecinales y/o sociales y que, con las condiciones de gratuidad y celeridad que se desarrolló en los Centros de Mediación Comunitaria Municipales y de Defensorías del Pueblo, significó un importante hito para la pacificación social. La mediación judicial se ha posicionado en Córdoba quizás más acabadamente en relación con las causas familiares; sin embargo, no es de despreciar el interesante número de acuerdos en las áreas civil y comercial y el avance hacia la mediación penal. Sin dudas, la mediación es un eficiente método de resolución de conflictos y espero que con el tiempo la sociedad toda lo incorpore como propio y así se desarrolle la mediación privada.

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