La mediación intercultural y los prejuicios (II)

Por Gabriela Mohaded * - Exclusivo para Comercio y Justicia

En la entrega anterior traté las características propias de la mediación intercultural, a saber:

1) La naturaleza etnoculturalmente diferenciada de las partes involucradas.

2) La incidencia de dicha diferenciación en la relación existente entre las partes. 3

) La relevancia del propio bagaje cultural del mediador.

4) El objetivo de la interculturalidad, entendida como un proyecto de establecer relaciones interpersonales y sociales en las cuales no se discrimine por motivos de raza, cultura, etnia, lengua, religión y nacionalidad, y en las que los sujetos se reconocen como interlocutores, se comunican adecuadamente, se enriquecen mutuamente, etcétera.

5) El mediador puede asesorar a las partes y esto rompe el paradigma de la mediación tradicional.

6) Las experiencias formales o informales de intermediación cultural van mucho más allá del conflicto, ya que en ocasiones lo que se está tratando de conseguir no es resolver un conflicto entre usuarios e institución sino un desajuste entre ambos.

También se hizo referencia a las habilidades y aptitudes específicas del mediador intercultural: es imprescindible que cuente con lo que se denomina “competencia intercultural”, es decir, poseer conocimientos sobre inmigración e interculturalidad, comunicación intercultural, interpretación lingüística y sociocultural, negociación y mediación para la prevención y resolución de conflictos culturales.

Característica
A lo largo de la historia hubo variaciones en la manera de expresar el prejuicio, a medida que la sociedad se ha vuelto más consciente de los derechos fundamentales de las personas y de la forma de respetarlos. Muchos sociólogos y psicólogos sociales han trabajado el tema de los prejuicios en el marco de las relaciones sociales.

Los prejuicios introducen los elementos de “emoción y acción”, que podemos definir como un juicio previo no comprobado, de carácter favorable o desfavorable, acerca de un individuo o grupo, tendiente a la acción en un sentido congruente. Además de los principales prejuicios que observamos en nuestra sociedad -que a continuación mencionaré-, existen otras expresiones de prejuicios, aunque menos comunes y conocidas.

Desde la niñez son frecuentes las burlas respecto de quienes usan anteojos, aparatos; al que le va bien en la escuela; el famoso; si se es un poco “rellenito” o muy alto o muy bajo; si se viene del campo o de la gran ciudad; si se asiste a determinado colegio o universidad.

Encontramos prejuicios hacia las personas que realizan ciertos deportes: considerar que todos los jugadores de golf son aburridos o que los futbolistas no han alcanzado un alto desarrollo intelectual… y la lista es interminable.

El prejuicio, como una predisposición personal, se traduce en comportamientos con contenido negativo hacia una persona o grupo de personas. Dichos comportamientos, reales y observables, son llamados discriminación.

Ésta supone maltratar o limitar posibilidades de acceso a servicios, por ejemplo a personas, por tener características especiales que deciden su pertenencia a un grupo. Una persona que discrimina no necesariamente lo hace sobre la base de un prejuicio personal sino sobre la de un prejuicio que tienen otras personas cercanas sobre el tema. Sin embargo, la discriminación de todas maneras sustenta el prejuicio. Asimismo, éste suele crear y sustentar la discriminación. Es un círculo vicioso que se retroalimenta.

Dilema ético: ¿cómo mediar con los prejuicios? Creo que en este tema es fundamental que el mediador sea sincero consigo mismo y capaz de advertir hasta qué punto puede dejar de lado sus prejuicios a la hora de mediar; o -caso contrario- si sus percepciones son tan fuertes que le impiden mantenerse dentro de la neutralidad requerida, pueda retirarse.

Aunque iría más allá y me atrevería a decir que, dada mi experiencia en mediación familiar, me ha sido muy útil la comediación; por un lado, porque he aprendido al estar al lado de mediadores que vienen trabajando desde años, conociendo distintos perfiles y maneras de operar; y por otro lado, a la hora de mantener la neutralidad, ya que si alguno no puede continuar, el otro toma el control hasta que la situación se supere o, si se retira de la mediación, se nombre a otro que lo suplante.

Conclusión: considero que en la actualidad la clave debe estar puesta en generar buenas políticas de gestión de la diversidad. Abarcando no sólo la escuela sino las diferentes instituciones, promoviendo el intercambio, el conocimiento y el respeto mutuo. Porque uno le teme a lo que no conoce y si estamos frente a alguien distinto – sea por su raza, religión, forma de vestir, color de piel, etcétera- en un primer momento la atención está puesta ahí, en lo que no se acomoda a nuestro concepto de “igual a”, o “parecido a”. Pero al ir conociendo a esa persona, lo que en un primer momento se llevaba toda la atención, luego desaparece, se normaliza y la veo como uno más. Creo que lo importante es lograr que nos veamos como personas y -por supuesto- no con todos nos llevaremos bien, pero eso ya no estará relacionado con los prejuicios hacia diferentes culturas sino con que si vibro o no con ese otro.

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