La mediación intercultural y los prejuicios (I)

Por Gabriela Mohaded * - Exclusivo para Comercio y Justicia

La Mediación Intercultural trasciende la mera cuestión de resolución del conflicto, cumpliendo además con una función preventiva y transformadora para alcanzar nuevas normas y modos de relación compartidos. Su especificidad radica en la naturaleza etnoculturalmente diferenciada de las partes involucradas, la incidencia que tiene dicha diferenciación en la relación existente entre las partes, la relevancia del propio bagaje cultural del mediador y el objetivo de la interculturalidad. Supone la intervención de terceras partes, en situaciones en las que la distintividad sociocultural de los actores sociales se convierte en una cuestión relevante y central, dándose una importancia considerable a la diferenciación del otro o a la propia respecto del otro, sea en términos físicos, de conducta, de modo de vida, de lenguaje, de simbolización, de expresión de valores, etcétera.

Lo ideal sería que en cualquier relación ambas partes se acepten como interlocutores (reconocimiento); haya una comprensión cabal no sólo de las palabras del otro sino del conjunto de sus mensajes y las implicaciones de éstos (comunicación); se respete la distintividad del otro, mientras no suponga daño para uno, sabiendo cómo tratarlo (convivencia); y se sepa prevenir o resolver posibles conflictos (regulación del conflicto). Pero cuando, por el motivo que fuere, esto no sea posible, resulta imprescindible la figura del mediador intercultural, cuya tarea estará en apoyar la integración como función primordial.
Podemos decir entonces que la mediación intercultural es una modalidad de la mediación social con una característica propia: “la variante cultural”, que hace referencia a un conjunto de factores étnicos, raciales, lingüísticos, religiosos, etcétera…, que afectan la relación entre las partes involucradas, su percepción del conflicto, sus posibles soluciones, la comunicación o incomunicación entre ellas y la figura del mediador.

Caracterización. Posee rasgos propios que la distinguen de la mediación tradicional.

1) La naturaleza etnoculturalmente diferenciada de las partes involucradas. Una de las capacidades del mediador debe ser su conocimiento de cómo son utilizadas las diferencias y de cómo interactúan los sistemas de estratificación y dominación etnorraciales, de clase y de género, y su habilidad para aplicar oportunamente dichos conocimientos.

2) La incidencia de dicha diferenciación en la relación existente entre las partes. El mediador intercultural deberá tener en cuenta las distintas ideas, valoraciones y percepciones de los actores respecto al conflicto, el consenso, la cooperación, los protagonismos, etcétera.

3) La relevancia del propio bagaje cultural del mediador. Lo importante es que, primero, la persona tenga una gran capacidad de mediar, y segundo, una sensibilidad y capacidad de acercamiento y estudio hacia ambas lógicas culturales en presencia. Es decir que debe contar con competencia intercultural.

4) El objetivo de la interculturalidad, entendida como un proyecto de establecer relaciones interpersonales y sociales en las cuales no se discrimine por motivos de raza, cultura, etnia, lengua, religión y nacionalidad, y en las que los sujetos se reconocen como interlocutores, se comunican adecuadamente, se enriquecen mutuamente, etcétera.

5) El mediador puede asesorar a las partes y esto rompe el paradigma de la mediación tradicional.

6) Otra de las diferencias está relacionada con que la mediación, desde sus orígenes, aparece ligada al conflicto y a su regulación. Sin embargo, las experiencias formales o informales de intermediación cultural van mucho más allá del conflicto, pudiendo adoptar diferentes formas, ya que en ocasiones persigue el establecimiento de comunicación entre las partes o la mejora de dicha comunicación. A veces, lo que se está tratando de conseguir no es resolver un conflicto entre usuarios e institución sino un desajuste entre ambos, ya sea en materia de escaso o deficiente acceso al recurso institucional por parte de los grupos minoritarios o diferenciados, ya sea en lo referente al inadecuado tratamiento de sus miembros por el personal ligado a la institución.

Habilidades y actitudes específicas con las que deberá contar el mediador intercultural. Como lo mencioné más arriba, es necesario que cuente con “competencia intercultural”, es decir, posea conocimientos sobre inmigración e interculturalidad, comunicación intercultural, interpretación lingüística y sociocultural, negociación y mediación para la prevención y resolución de conflictos culturales.

1) De preferencia -aunque no únicamente-, ser miembros de los colectivos de referencia, tener experiencia de participación social.

2) Dominar la lengua de la sociedad mayoritaria y la lengua de la comunidad autónoma donde trabajan, así como de la propia lengua de origen.

3) Poseer una trayectoria personal de interculturalidad, es decir que encuentran una articulación entre dos o más códigos culturales, en una búsqueda de compromisos y negociación interior.

4) Poseer capacidades personales tales como flexibilidad, equilibrio emocional, humor y habilidades para la interacción, para involucrarse y tomar distancia.

5) Facilitar la comunicación entre personas/grupos de culturas distintas.

6) Asesorar a los agentes sociales.

7) Asesorar a personas y colectivos minoritarios en su relación con la sociedad mayoritaria.

8) Promover el acceso a los servicios y recursos públicos y privados.

9) Construir ciudadanía y acompañar activamente los procesos personales de integración; y

10) Favorecer la participación social y comunitaria.

* Mediadora, abogada. Especialista en Políticas públicas de inmigración, mediación
intercultural y codesarrollo. Escuela de Negocios, Universidad de Alicante, España.

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