“La inflación termina siendo una profecía autocumplida”

José María Rinaldi – especialista en finanzas públicas, docente, ex miembro del Plan Fénix- remarcó la necesidad de reformular el rol del Estado y atacar cuestiones estructurales. Descartó la receta de enfriar el consumo y apuntó a poner freno a los oligopolios.

En medio de las pujas políticas por la definición de paritarias y con el fantasma de la inflación rondando los discursos mediáticos, el Gobierno nacional volvió a responsabilizar ayer a los formadores de precios. Comercio y Justicia dialogó con el economista y docente de la UNC, José María Rinaldi, para obtener algunas precisiones con respecto a la coyuntura.

-La presidenta Cristina Fernández insistió ayer en que no existe inflación en Argentina sino que lo que se está dando es una «dispersión y distorsión» en los precios. En su opinión, ¿hay o no hay inflación?
-Como que la hay, la hay -como las brujas-, y eso ni es tan sencillo ni es tan dramático. Existe un proceso inflacionario que todavía es leve, pero que debería ser neutralizado. Para ello hay que tener un correcto diagnóstico de las causas de la inflación. Por una parte, están los que consideran que es fruto de la expansión monetaria (visón simplista de los ortodoxos). Empíricamente está demostrado que no es así (en el mundo se derramaron más de 9 mil billones de dólares y están sumergidos en la deflación). Personalmente creo que son causas estructurales que todavía no se han atacado, como los oligopolios, las cartelizaciones y otros estrangulamientos de los mercados (fíjese lo que pasa con el conflicto del campo, reconocen la cartelización de las exportaciones). Por otra parte, hay que poner especial atención en lo que ocurra con la puja distributiva entre los asalariados y las entidades patronales.

-De acuerdo con las cifras del Indec, los aumentos de precios están afectando rubros que no componen la Canasta Básica Alimentaria y, por lo tanto, las subas estarían impactando sólo en la «clase media alta». ¿Esto es así? ¿De qué manera debería intervenir el Estado para frenar la especulación y proteger los sectores más desfavorecidos?
-Está relacionado con lo anterior. Los problemas son solucionables en el mediano y largo plazos mediante la redefinición del rol del Estado, pero no a «lo Moreno» sino en forma consensuada. El otro gran problema es la pérdida de confianza en el Indec (es gravísimo), tanto como los cálculos de las privadas, uno tiene el pan a 2,5 pesos y otros de una pastelería de Belgrano a 15 pesos. Así no hay diagnóstico que aguante.

Es obvio que la canasta está afectada y que no se lo quiere reconocer por la inflación y, además, por el cálculo de línea de pobreza (los afectaría en un mayor deterioro social).

La intervención del Estado debería ser, en perimer lugar, recuperar el Indec como la institución confiable que era; en segundo lugar, solucionar los problemas estructurales de la economía argentina, que son temas de mediano y largo plazos (se podría empezar por la reforma de la Ley de Entidades Financieras).

-Entonces, si las cifras del organismo oficial de estadísticas se encuentran todavía cuestionadas, ¿son fiables las consultoras privadas a la hora de planificar políticas y acuerdos salariales? ¿Cuál debería ser la fuente de información principal para poder mediar la puja distributiva en Argentina?
-La fuente principal tiene que seguir siendo el Indec y las delegaciones provinciales. Alternativamente se pueden utilizar las universidades, pero las consultoras son de terror. Nuevamente debemos recordar lo de Galbraith: “Si Ud. quiere saber cómo piensa un economista, lo que tiene que hacer es preguntarle a quien le paga”.

-Ante un clima próximo a paritarias, los sindicatos reclaman mover el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias. ¿Considera oportuno modificar ese piso en este momento? ¿Qué efectos generaría en el corto plazo?
-Sería una solución importante para distender la puja distributiva. La consecuencia es la caída en la recaudación, pero se podría suplir con una mejor fiscalización en las personas físicas de mayor capacidad contributiva (el 1% más rico de la población). Es ahí donde está la recaudación y la equidad distributiva, no en los monotributistas o en mínimos no imponibles ridículos de 10 mil pesos anuales o en retenciones a casados que ganan 6 mil.

-Por último, ¿es necesario frenar el consumo para frenar la suba de precios? ¿Qué medidas deberían aplicarse para proteger los salarios de los trabajadores y compatibilizar esto con el crecimiento de nuestra economía en términos macro?
-Tomemos en cuenta que buena parte del crecimiento económico es causado por el consumo (además de las exportaciones y la inversión). No me gusta la idea monetarista de enfriar la economía. Por otra parte, es necesario recuperar el poder adquisitivo de los asalariados, sin el “cuco” de la inflación. Vuelvo a decir  que la inflación pasa por otros problemas de tipo estructural y por economistas lobbystas que siguen asustanto con el «cuco inflacionario», obteniendo beneficios mediante lo que en economía se denomina «efectos perversos» y «profecías autocumplidas”. Dicho sea de paso, parece que la inflación hizo que se olvidaran de los corralitos que se pronostican desde 2008 y que se recuperaron con la falta de billetes.

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