La dramática situación de Siria e Irak

Por Salvador Treber. Exclusivo para Comercio y Justicia

Ubicados en la zona próxima al Mediterráneo Oriental, una de las más conflictivas del planeta, ambos países soportan enconados enfrentamientos que los sumergen en un proceso de franco retroceso económico-social, que puede llevarlos a la desintegración.

La República Siria posee apenas 185 mil km2 y alrededor de 28 millones de habitantes, lo que equivale a una densidad promedio de 146 personas por cada uno de ellos. Aunque es de escasa dimensión, su territorio exhibe la combinación de una meseta calcárea y otra volcánica lindante con el río Eufrates, además de un área central y sudoriental llana de similar extensión muy fértil, apta para la actividad agrícola, que llega hasta el mar de Galilea.

Pese a estar situada en uno de los ámbitos que se caracterizan por disponer de extensos yacimientos petrolíferos, no los posee dentro de sus fronteras; por lo menos con una significación semejante a la de sus vecinos, pero es ruta casi obligada de los oleoductos que transportan el combustible hasta los puertos del mar Mediterráneo. Separada de Líbano y Palestina, al término de la Primera Guerra Mundial fue confiada a un protectorado que ejerció Francia. Tras lograr acceder a ciertas concesiones de autonomía en 1930, recién durante el año 1941 los sirios pudieron proclamar su independencia, en tiempos que adquiría mayor fragor la Segunda Guerra Mundial.

Luego de una fugaz asociación binacional con Egipto, que no funcionó -como se esperaba-, le sucedió una serie de operaciones armadas que incluyeron una invasión frustrada en 1948 contra el nuevo Estado de Israel, lo que significó la perdida de las alturas del Golán, lugar desde donde se bombardeaban las áreas cercanas más bajas del citado país enemigo. Obviamente, la principal fuente de ingresos la constituye una serie de derivados de la explotación minera, y la agrícola, especialmente el cultivo del algodón y sus procesos de industrialización.

En 1978, luego suscribir un acuerdo de paz semejante al de Egipto e Israel, inició negociaciones con la República del Líbano, en el margen occidental, procurando unirse para constituir un solo país, objetivo éste que también duró poco. En 1993, bajo la presidencia del general Hafez al-Asad, que detentaba ese cargo desde 1973 y lo retuvo por 29 años, acordó límites definitivos con Jordania e Israel. A la muerte Asad, en el año 2000, asumió como mandatario su hijo Bashar al-Asad, quien gobierna con despotismo semejante al de aquél.

Esa virtual eternización en la cúspide del poder por dicha familia ha creado un creciente malestar, y los disidentes, algunos de los cuales Rusia mira con bastante simpatía, le plantean una guerra de guerrillas que ha ganando espacio y violencia. Los conflictos entre kurdos, shiitas y sunitas que se originaron en el vecino Irak superaron esa frontera para extenderse con todas sus consecuencias de depredación y muerte. Por su parte, Estados Unidos, que retiró sus tropas de Irak en 2011, se mantiene expectante y refuerza las bases militares más cercanas, en especial la ubicada al noreste de Arabia Saudita, por lo que entiende son “sus intereses”, tanto en el área como mundiales. La presencia en dicho escenario se circunscribe hasta el momento a 275 soldados que protegen su embajada, y 300 “asesores”.

La convulsa situación de su vecino Irak
En cuanto a su vecino oriental, Irak, que hasta hace poco más de dos años era centro de una guerra abierta, dispone de 438,3 miles de km2 que contienen apenas unos 16 millones de habitantes, de los cuales más de 5 millones viven en su capital, Bagdad. También tiene una parte fértil dentro de la Mesopotamia enmarcada por los míticos ríos Eufrates y Tigris. Su milenaria historia se remonta a un pasado en que lo poblaban caldeos y asirios, desempeñando en la más distante antigüedad el rol de cuna de civilizaciones pero también de víctima para continuas invasiones.

Su ubicación y condiciones naturales lo hicieron presa frecuente de sucesivas dominaciones, entre ellas de persas, griegos, romanos y, en la Edad Media, de los turcos. En el siglo VII llegaron los árabes, quienes impusieron el culto islámico logrando difundirlo ampliamente. Como parte del Imperio Otomano, que lo sojuzgó cruelmente desde el siglo XIX, pasó a convertirse en aliado indirecto de Alemania durante la Primera Guerra Mundial; es decir, del bando perdedor. En función del esquema formulado entonces por los vencedores, se dispuso otorgar el “protectorado” al Reino Unido, con el mismo carácter que Francia en Siria, virtualmente bendecidos por la flamante Sociedad de las Naciones con sede en Ginebra.

Durante la Segunda Guerra Mundial cambió de bando e integró el de los ganadores, lo cual le permitió coronar al “rey títere” Feisal II al morir su padre, aunque el jefe del ejército no tardó mucho en destronarlo. La decisión de nacionalizar la explotación del petróleo era considerada una “aventura inaceptable” para quienes, desde Estados Unidos -secundado por Gran Bretaña-, manejaban el circuito comercial y marítimo mundial que incluía, por supuesto, la extracción y comercialización de petróleo. La alarma se hizo más grande aún cuando se sumó un segundo “atrevimiento”, consistente en implementar una no muy profunda reforma agraria.

En 1990, Irak irrumpió con sus tropas y ocupó a el vecino Kuwait, muy importante fuente de abastecimiento petrolero, y esto no pudo ser tolerado y dio lugar a la intervención armada abierta estadounidense, en 2003. Desde entonces se suceden pseudomandatarios que tienen por misión central asegurar se impongan los designios de la potencia ocupante. Pese a la serie ininterrumpida de atentados y cuantiosas pérdidas de vidas -aunque a ritmo menor-, no se ha detenido en ningún momento esa “vigilancia” de EEUU, pues actualmente lo hace mediante drones equipados con misiles. Obviamente, si bien prosigue la explotación masiva de petróleo, la migración de la población civil o la adopción de una vida nómade se ha generalizado en la parte nororiental.

Para tener alguna idea de esa dramática realidad cabe mencionar que no menos de 500 mil iraquíes -hay versiones que los duplican- procuran refugiarse en la zona administrada por los kurdos y hasta recalar en Turquía. Su número se ha engrosado en muy alta medida al caer la segunda ciudad del país, Mosul, en manos de belicosos irregulares sunitas ultraislámicos que pretenden anexar el territorio sirio y se autoproclaman los “combatientes del Estado Islámico de Irak y el Levante” (EIIL), operando a ambos lados de la frontera. Las misiones humanitarias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no dan abasto en la provisión de alimentos y algún resguardo, subrayando que trabajan en un contexto totalmente “caótico”.

Por lo visto, el acceso formal al régimen republicano con pleno respaldo del Consejo de la (ONU) no evitó se sucedieran gobiernos militares de neto corte dictatorial que trabaron su modernización, pero ello se agravó al estallar la llamada Guerra del Golfo, con fuerte incidencia de los intereses petroleros internacionales que también utilizan intensamente el puerto de Basora.

La población está compuesta por tres grandes grupos étnicos; al norte viven los kurdos, en la zona oriental del centro los sunitas -que son los más temibles- y en el centro-sudoriental los shiitas. Ellos han mantenido enfrentamientos ancestrales, que en estos días recrudecen en intensidad impulsados por la antes referida franja sunita, que ya ha ocupado con sus milicias buena parte del norte del país.

El oscuro futuro conjunto
El objeto públicamente confeso de los EIIL es establecer un califato transnacional y reclutan, al efecto, o incorporan compulsivamente, grupos tribales e incluso antiguos partidarios del tradicional partido Baath. Actualmente, han encarado una ofensiva que pretende ocupar la ciudad de Bagdad, para lo cual son apoyados por grupos provenientes de Irán. Un comunicado oficial del gobierno estadounidense ha enfatizado que está “profundamente preocupado” por tales acciones que buscan instalar una base que les permita consolidad un “bastión juhadista” suficientemente poderoso como para que pueda confrontar con posibilidades de éxito frente a las “americanas” en la región.

El gobierno de Barack Obama dice que no está dispuesto, por el momento, a intervenir masivamente, pero presiona al actual primer ministro iraquí Nuri al Maliki para que renuncie por ser demasiado débil para la emergencia y por haber restringido su gestión exclusivamente a lo que puedan aportar los correligionarios shiitas con exclusión de todos los demás. A modo de sugerencia -pero con visos de amenaza si no obedecen-, urge se intente una reforma política que sume sectores sunitas “moderados” y los militantes kurdos que puedan convocarse para sustentar un frente y las posiciones que se hacen indispensables encarar, necesarias para reconquistar el territorio actualmente en manos de los subversivos.

Este proyecto político alternativo es airadamente rechazado por Irán, que intenta profundizar su influencia y también apela a “drones de vigilancia”. Ello ha puesto en guardia a Arabia Saudita, Dubai y Jordania, firmes aliados en la región de Estados Unidos.

En cuanto al precitado primer ministro iraquí, no se hizo esperar pues de inmediato rechazó la idea, ratificó que seguirá en funciones y tampoco creará, como se le pide, un gabinete de “unidad nacional”. Es oportuno aclarar que no se trata de un improvisado, ya que ejerce esa función desde 2006 y viene sosteniendo que “los llamamientos para formar un gobierno de salvación nacional son un golpe contra la Constitución y un intento de eliminar el proceso democrático”. De todas maneras, esta dura posición la pudo tomar porque cuenta con el respaldo de Teherán. De otra forma es obvio que ya hubiera caído…

Por todo lo expuesto, no debe extrañar que el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, haya volado de inmediato al área en conflicto a mediados de junio, haciendo sucesivas escalas en Damasco y Bagdad, hasta recalar finalmente en Riad, donde asistió a varias entrevistas con las máximas autoridades de Arabia Saudita. Ha lanzado la voz de alarma por la intensificación de las acciones de Irán y el sobrevuelo de “sus drones” sobre la referida ciudad de Bagdad.

La compleja problemática que afrontan Siria e Irak, junto con el cada vez más enconado enfrentamiento armado y la creciente paralización o destrucción de los sectores productivos, multiplica no sólo los miles de migrantes que huyen sino los millones que quedan sin la más mínima fuente de sustentación pues carecen de casi todo para atender a problemas esenciales e impostergables, como los primarios de salud. Todo esto hace suponer que esta emergencia no podrá extenderse por mucho tiempo más, pero no está nada claro de qué forma se decidirá. En realidad, los países que componen la NATO, liderados por Estados Unidos de un lado, e Irán y Rusia por el otro, son los verdaderos protagonistas, apenas disimulados, de esta muy peligrosa disputa que amenaza con incendiar todo Medio Oriente y, por tanto, el área petrolera más importante del planeta.

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