La creatividad humana como activo económico fundamental

La semana que viene comienza el posgrado “Gestión de ciudades y emprendimientos creativos”, que busca impulsar la gestión de la creatividad como generadora de riqueza .

La economía creativa es la gestión de la creatividad para generar riquezas. Tiene su centro en los sectores de la economía con más carga de creatividad, como los de las industrias culturales y creativas (editorial, audiovisual, artes visuales, música, artes escénicas, diseño) y de las industrias tecnológicas de la información y comunicación (software, programación web, videojuegos, etcétera). Pero además, se expande al resto de la economía tradicional por el valor agregado que estos sectores aportan a otros.

Esta explicación corresponde a Ana Carla Fonseca Reis y a Silvina Freiberg, ambas docentes del curso de posgrado “Gestión de ciudades y emprendimientos creativos” que dictará el Área de Gestión Cultural de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, desde el próximo día 16.

En diálogo con Comercio y Justicia, las especialistas avanzaron sobre algunos puntos que ayudan a la reflexión sobre la economía creativa como estrategia de desarrollo para ciudades y emprendedores creativos.

– ¿Cuáles son las prácticas concretas de la economía creativa?

– La economía creativa se hace concreta por medio de los emprendimientos creativos, que a su vez son catalizados por políticas vueltas a las industrias creativas. El diseño es un ejemplo interesante en Argentina, ya que su influencia en los distintos sectores de la economía tradicional genera miles de emprendimientos y fuentes de empleo y aporta valor agregado a las exportaciones.

– ¿Cómo puede desarrollarse una ciudad mediante este tipo de gestiones?

– La ciudad y su economía presentan una relación muy íntima. Pensemos en la economía industrial y las ciudades industriales, la economía de servicios y las ciudades de servicios. Sin embargo, la ciudad está habitada por personas, no tanto por infraestructuras y edificios. Cuanto más creativas son las personas de un sitio, más capaces de desarrollar innovaciones de negocios lo serán; y cuanto más innovadoras son las empresas, más recursos e ideas vuelven a la ciudad.

– ¿Este tipo de economía guarda relación con la realidad de una ciudad determinada?

– La economía creativa y la ciudad tienen por base singularidades: productos, servicios, manifestaciones, tradiciones. La economía creativa surge justamente como reacción a un mundo en el cual los productos y servicios están cada vez más estandarizados. Con esto, la creatividad humana pasa a ser reconocida como activo económico fundamental. Lo mismo pasa con las ciudades. En un momento en el que se estima que los turistas (de ocio o vacaciones) llegarán a 1,6 mil millones en 2020, las ciudades buscan diferenciarse. Algunas lo hacen buscando ser lo que no son (el síndrome de «yo quiero ser Barcelona»), lo que claramente no se sostiene. No hay nada menos creativo que la copia. Otras ciudades se diferencian mirando hacia dentro y buscando los puntos más singulares que las representan. Ésta sí es una estrategia creativa.

– ¿Qué relación tienen la cultura y la creatividad con el urbanismo?

– La cultura es una gran fuente de estímulos creativos. Es imposible pasar por una experiencia artística y sentirse como se estaba antes de ella, por ejemplo. A su vez, una ciudad que fomenta la creatividad es una ciudad en la que personas con distintas ideas son bienvenidas, en la que los espacios públicos son espacios de encuentro y reconocimiento, son ciudades que viven en permanente proceso de transformación y valoran la diversidad. Si volvemos a lo dicho antes, un ambiente creativo es un campo de inspiración e innovación. Es un ciclo que gira de forma continua.

– ¿Y qué rol tienen los emprendedores creativos en el contexto socioeconómico actual?

– Los emprendedores comienzan a tener un rol activo en el contexto socioeconómico actual ya que su presencia no se limita a su pertenencia a las industrias culturales o tecnológicas de la información y comunicación sino que aportan valor agregado a otros productos y servicios de la economía tradicional. El diseño, por ejemplo, atraviesa sectores que van desde el de la moda hasta el de maquinaria agrícola. Aportan valor agregado, singularidad, diferenciación. En estos emprendimientos se prioriza el concepto y contenido simbólico de cada producto, valores que deben estar en coherencia con los procesos de producción, distribución y comercialización. Aportan una nueva mirada a la cultura del trabajo y a los modelos de producción.

– ¿Qué desafíos enfrenta el sector?

– Se presenta, por un lado, la necesidad de profesionalización y formalización de la figura del emprendedor cultural como un empresario, y por el otro lado, la necesidad de implementar políticas que protejan estos emprendimientos de la competencia de los grandes conglomerados, fortaleciendo principalmente la distribución, que es uno de los mayores inconvenientes que tiene el sector. Por otra parte, es necesario fomentar la gestión de la creatividad en el resto de los sectores de la economía tradicional para generar más valor agregado.

– ¿Cómo se ve la profesionalización de quienes gestan emprendimientos culturales y creativos?

– Lo que pudimos observar a partir de nuestro proyecto de formación es que los emprendedores comprenden cada vez más que se dedican a proyectos vinculados con la cultura que pueden trabajarse como fuentes generadoras de empleo e ingresos y que precisan profesionalizarse en la gestión de estos proyectos.

Comprenden que hay emprendimientos culturales y creativos que se diferencian de otros proyectos cuyos fines son puramente sociales y/o artísticos o no lucrativos y que, por su naturaleza, no entran en la lógica comercial. En líneas generales, se está tomando conciencia sobre la importancia de la industria cultural y creativa en la economía de las ciudades actuales, el emprendedorismo como salida profesional y de autoempleo y el asociativismo como camino de fortalecimiento y crecimiento de sus proyectos.

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