La autopsia psicológica: cuando la muerte necesita hablar

Tanto el pensamiento humano para transitar un proceso de duelo a raíz de una muerte, por una parte, y el procedimiento judicial, por la otra, necesitan dilucidar “que pasó”, “en qué condiciones pasó” y “por qué pasó”.

Por Andrea Queruz Chemes * – Exclusivo para Comercio y Justicia

La Autopsia Psicológica (AP) es una evaluación psicológica pos-mortem para explorar los aspectos psicodinámicos que pudieron haber conducido a la muerte de un sujeto.

Se usa con distintos fines, según diversos autores, de acuerdo con el área de la psicología que lo requiera en un proceso de investigación judicial, en los fueros Penal, Civil o Laboral; y también según el objetivo, pudiendo éste ser, por ejemplo, no sólo la investigación de una MED sino la prevención de suicidios, homicidios o accidentes. Tratar de evaluar la conexidad entre el comportamiento de la víctima y las condiciones en las que se produjo su deceso es el uso más frecuente en las MED.

En algunas situaciones es posible aproximarse a la relación entre las condiciones psicológicas de la víctima y algunas conductas de interés jurídico previas al fallecimiento.

Cuando se trata de un suicidio – y no un suicidio inducido-, en el cual la víctima es la única responsable de su fallecimiento, se podrá investigar cuáles fueron los móviles que llevaron a tal decisión; si era consciente en el momento que lo hizo, cuáles fueron los desencadenantes, si hubo cambios previos en el comportamiento del suicida antes de autoinfligirse la muerte, la presencia de algún desencadenante mental, patológico o conflicto en su entorno, son variables intervinientes en esta metodología de investigación.

Sea cual fuere la situación en que transcurre la muerte, deja un mensaje después de la vida.
Los mismos factores que se investigan en el suicidio sirven también en las investigaciones de accidentes y homicidios. En este último caso, la AP puede contribuir a la investigación tratando de establecer un círculo de sospechosos, sobre todo cuando la autoría del crimen resulta desconocida.

Mediante la evaluación reconstructiva del perfil psicológico de la víctima, los peritos psicólogos oficiales y de control nos aproximamos a sus posibles conflictos, sus motivaciones, el estilo de vida, hábitos, preferencias y perfil psicológico.

La lectura y el análisis de la realidad en que se produce una MED es siempre compleja, pero necesaria a fines no sólo del esclarecimiento sino de la prevención.

El conocimiento de la conducta humana se encarga de mostrar que lo que emerge y aparece fenomenológicamente no resulta ser lo suficiente para arribar a la verdad real, en la problemática que se investiga en un proceso judicial. Y, por supuesto, tampoco en la psicológica. “No todo lo que parece, es”.

La autopsia psicológica y también los procedimientos de investigación criminal de la policía nos han develado supuestos accidentes que han sido suicidios, o simulaciones de suicidios que son verdaderas pantallas para ocultar un homicidio.

En los suicidios inducidos no se puede decir que la única responsable de la muerte sea la víctima. Tampoco se puede aseverar a priori, por ejemplo, que en una riña callejera entre sujetos, uno de ellos haya tenido intención de matar a otro.

La AP habrá de clarificar si el deceso fue producto de homicidio, suicidio o accidente. ¿Cuál fue el rol que asumió la víctima en su propia muerte? ¿Puede decirse que hubo intencionalidad para ocasionarse la muerte? ¿Suicidio, homicidio o accidente?

Mediante el análisis de los criterios psicológicos que permite llevar a cabo la metodología de la autopsia psicológica tales como perfil psicológico, componentes pre mórbidos en su personalidad, estado de ánimo, entre otros, se podrá distinguir entre la muerte intencionada y no intencionada de una víctima. Según sea el caso, será factible transitar el proceso de duelo psicológico por la pérdida y también el cierre de una investigación judicial, o por el contrario, podrá cambiar el curso de esta última y complicar el primero.

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