“Hoy la abogacía es una profesión de alto riesgo”

Carlos Andreucci, elegido vicepresidente de la Unión Iberoamericana de Colegio de Abogados

Un argentino fue elegido vicepresidente de la Unión Iberoamericana de Colegios de Abogados (UIBA). Se trata de Carlos Andreucci, el titular de la Federación Argentina del Colegio de Abogados, quien acompañará durante cuatro años al español Luis Martí Mingarro.

La UIBA tiene sede permanente en Madrid y representa 250 Colegios de Abogados de Iberoamérica, incluyendo a España y Portugal . Su importancia radica principalmente en su alta representatividad; en total se estima que reúne a casi un millón de letrados de los dos continentes.

Nacido en la ciudad de La Plata y especialista en Derecho Administrativo, Andreucci dialogó con  Comercio y Justicia a sólo diez días de asumir el nuevo cargo.

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-¿Cuáles es el panorama que vive la profesión en la región?
-Bueno, son varios ejes que podría mencionar. Primero está el tema de garantizar la seguridad en el ejercicio de la profesión, porque hoy en Iberoamérica la abogacía es una profesión de alto riesgo. Los abogados estamos sufriendo amenazas, tanto de los sectores públicos -políticos y no políticos- y de los sectores privados que nos coercionan. En los últimos años hemos detectado que se han incrementado los atentados y los hechos de violencia tanto hacia los abogados como a sus familias. Lo mismo ocurre con los magistrados.
Por otra parte, también estamos viviendo las presiones y los manejos que buscan remover los Colegios y las Asociaciones que nuclean a los abogados.  En Bolivia, por ejemplo, el control de la matrícula pasó a manos del Ministerio de Justicia. La intención es clara, es una manera de coartar la profesión.  En Ecuador ocurre lo mismo, se eliminó la colegiación legal y, como si esto fuera poco, en Venezuela se designaron interventores políticos en los Colegios de Abogados. Las autoridades, en lugar de ser elegidas por los profesionales, son puestas a dedo por el poder político.
Asimismo, vemos con gran preocupación la afectación que sufre la defensa del ciudadano común, por ejemplo, a través de las escuchas telefónicas. El caso emblemático es lo que ocurrió con el juez Baltasar Garzón en España, que colocó micrófonos en los lugares donde el abogado tenía una audiencia con su cliente detenido. Esto es una clara violación al derecho a la intimidad. En lugar de torturar a los detenidos, ahora se les pone un micrófono. Es terrible. Con más o menos matices esto nos muestra las distorsiones que está sufriendo la profesión.

-¿Cuál es la situación en nuestro país?
–  Aquí podemos mencionar el tema del Consejo de la Magistratura y este proyecto del Gobierno para que los abogados sean elegidos en este cuerpo a través del voto popular. Ello demuestra la clara intencionalidad de que los abogados y los jueces estén más vinculados con la política que con cualquier otra cosa.

-¿En este contexto, cuáles son los desafíos  con los que se enfrentan?
– Nos tienen preocupados cuatro cuestiones específicas. En primer lugar la formación de los abogados: en lo últimos años hemos visto que han proliferado una gran cantidad de profesionales – no nos preocupa el número, sino la calidad con la que egresan de las universidades. Se han multiplicado las casas de alto estudios que no garantizan una buena formación profesional y, paralelamente, no hay una preocupación para que se  actualice la currícula.
En segundo lugar, creemos en la necesidad de una formación permanente. En la actualidad los abogados están preocupados por la sobrevivencia cotidiana y no hay tiempo para la actualización. En este sentido me parece fundamental que el Ministerio de Educación se comprometa a rediseñar los posgrados- que cada vez tienen menos contenidos -porque, más que posgrados, se ocupan de cumplimentar la formación que desde la universidad no se termina de ofrecer al estudiante.
Como último punto, me parece que el desafío es que la universidad cumpla verdaderamente su rol de manera completa y no saque profesionales a medias. Para ello, tiene que ser capaz de formar no sólo buenos profesionales que se limiten a ejercer la profesión, sino que además deben ser capaces de convertirse en docentes. Además, la universidad debe poder generar investigación y profundizar la extensión,  porque el contacto fluido con el mundo exterior, es fundamental.

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