Europa traspone el umbral de la tragedia

El pasado domingo, los ojos del mundo, como en los tiempos de la Guerra Fría, se habían vuelto hacia Europa.

Dos elecciones, de distinta naturaleza pero de igual significación, mantuvieron en vilo a todo el viejo continente. En una se jugaba parte del futuro de la Europa Comunitaria y en la otra, la probable resolución de la tensión entre Rusia y Ucrania, habida cuenta de que ésta perdió Crimea y la potencia usurpante aspira a avanzar sobre las fronteras de Kiev para crear bajo su égida un nuevo Estado que responda a los designios del Kremlin y sirva de base para iniciar la ofensiva final que lleve a Moscú a restaurar los límites del antiguo Imperio de los Zares.

Ucrania decidió, a pesar de la presión de Rusia y de los grupos ultraderechistas -la Asamblea Nacional Socialista, los Patriotas de Ucrania, la 14ª Centuria y el Batallón Azov, que desfila por las calles de las grandes urbes al son de tambores, ondeando enormes banderas nazis-, en elecciones complejas. Petro Poroshenko, dueño de la séptima fortuna del país, fue el elegido. Consiguió 55 por ciento de los sufragios. Se trata de un conservador que en nada se diferencia de su predecesor. Salvo para el establishment, ya que habría asegurado a los líderes de “Euroatlántida” – integrada por Estados Unidos, la OTAN y la troika que gobierna la Comunidad Europea- obediencia y sumisión, a pesar de su discurso.

Lo que ocurrió en el resto de Europa motivará debates de suma intensidad. A pesar de ocupar el tercer puesto en los escrutinios generales, la ultraderecha y sus aliados fueron los verdaderos triunfadores en esta elección parlamentaria continental.

Gran Bretaña aún no despierta. Cree vivir un extraño sueño. El triunfo del Partido de la Independencia del Reino Unido –UKIP- le ha trastocado los planes al primer ministro David Cameron, quien ve peligrar su permanencia en el despacho principal en 10 Downing Street.

Tras las elecciones Francia es un tembladeral. Lo que presumía la opinión pública y los grandes partidos ocurrió. El Frente Nacional de Marine Le Pen le infringió la peor de las derrotas de la que se tenga memoria. Por primera vez los ultranacionalistas constituyen la fuerza política hegemónica de las Galias. Marine, ahora dueña del centro del tablero político, busca imponer condiciones. Reclama elecciones anticipadas.

Para los inquilinos del Palais de l’Élysée – sede de la Presidencia de la República francesa-, los resultados que mostraron las urnas fueron calamitosos. Mucho más si tenemos en cuenta que en el mes de abril, el presidente Hollande modificó su gabinete para reflotar el gobierno. El primer ministro Manuel Valls trató de explicar lo inexplicable. En tono grave y circunspecto, dijo que el resultado de las elecciones “no es una alerta sino un terremoto para todos los responsables políticos”, y añadió que el momento “es grave para Francia y para Europa”. Otros, como el primer secretario del Partido Socialista, Jean-Christophe Cambadélis, fueron más realistas. Avanzó en la autocrítica, tras definir la jornada como “un día oscuro para Francia y para Europa”, advirtiendo de que “sin una política de crecimiento, empleo y transparencia política, la Unión Europea se deshará (…) Francia entra en una zona donde todo es posible.”.

¿A partir de estos resultados integrará la lista de países que marcha a la desintegración o la guerra civil? ¿Sus dirigentes no entendieron que la crisis estructural que agobia al mundo genera desafíos que las élites gobernantes no pudieron, no supieron o no quisieron resolver? Quienes están habituados a manipular a sus seguidores a cambio de subsidios y dádivas miserables, ¿comprenderán que ese sistema de hacer política dejó de ser eficaz? Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

Las políticas de ajuste y austeridad han incubado el huevo de la serpiente y los partidos xenófobos han crecido de forma aterradora en una Europa que creía haber dejado atrás el drama del fascismo. Sus líderes, como alguna vez lo vociferó Jean-Marie Le Pen, entienden que es menester acabar, en forma definitiva, con negros, árabes, gitanos, judíos y todas “las razas menores” que infeccionan la Europa de todos los tiempos, haciendo peligrar su “esencia cristiana”.

“En Alemania -leemos en un informe especial de la revista digital de investigación ‘La Marea’-, el partido que aglutina todos los grupos neonazis entraría con un escaño en el Parlamento Europeo. En países como Austria, el FPO -Partido de la Libertad- consiguió 19,5%, aumentando el considerable apoyo que ya tuvo en el año 2009. En Croacia o Dinamarca, los partidos de extrema derecha fueron las opciones más votadas, aunque en Croacia el Partido Croata por los Derechos acudió a la elecciones en una coalición de partidos conservadores tradicionales que, eso sí, logró 41,39% de los votos. Jobbik mantiene su apoyo en Hungría, el partido que tiene milicias que se dedican a la caza de gitanos, mantiene 14% de los votos”.

En definitiva, las elecciones celebradas el domingo 25 de mayo ¿permiten medir la intensidad del fracaso de un proyecto democrático que sirvió sólo para el enriquecimiento de una minoría enquistada en el poder? Esa duda potencia el accionar de los partidos eurofóbicos de la ultraderecha europea que no sólo han logrado movilizar el malestar de la población sino desarmar las respuestas de una izquierda sin reflejos que, “frente a la ofensiva protofascista, se contrae en un europeísmo supersticioso que –explica el filosofo español Santiago Alba Rico-, a su vez, legitima a la UE y deslegitima su oposición a la misma.”. La denuncia ultraderechista de la UE, en nombre de la “soberanía”, condena los proyectos continentales que trabajosamente fueron acordados desde que, en 1951, Konrad Adenahuer hizo suyo el enjundioso trabajo de Robert Schuman que permitió avanzar hacia la consolidación del Mercado Común Europeo.

1 Comentario en "Europa traspone el umbral de la tragedia"

  1. Avatar Carlos Roberto | 29 mayo, 2014 en 11:58 am |

    Excelente perspectiva de una realidad inexcusable..¡¡

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