“Es sorprendente que el demoledor tenga miedo del constructor”

Acostumbrados a los análisis políticos plagados de datos de encuestas, que funcionan en suma como reafirmación de las editoriales de los grandes medios de comunicación –y, a su vez, los retroalimentan-, los empresarios que se acercaron el miércoles al habitual almuerzo de la Bolsa de Comercio de Córdoba se sorprendieron gratamente con la exposición del analista Jorge Giacobbe, titular de la consultora homónima.

Mediante una oratoria agradable, Giacobbe desplegó un análisis en perspectiva sobre los cambios políticos en Argentina, abordando desde la ruptura de la etapa actual con las décadas del setenta y noventa, el rol de la juventud en este momento y el mensaje de las pasadas elecciones primarias. En diálogo con Comercio y Justicia, el analista consideró “inteligente” la moderación evidenciada por las entidades empresariales tras el 14 de agosto y consideró que la sociedad argentina expresó su voluntad de “no retroceder” sobre lo ya avanzado.

– ¿Cómo analiza el papel de las entidades empresariales en Argentina en este momento, las cuales tras las elecciones moderaron sus críticas al Ejecutivo y hasta manifestaron un inusual “oficialismo”?
– El 14 de agosto ha habido una voz muy contundente a favor del Gobierno y, en ese marco, que todos entiendan lo que pasó me parece sano. Todo lo que se modere, lo que no sea salvaje me parece inteligente. Los argentinos estamos terminando la etapa del salvajismo. Sí reconozco, de todas maneras, que hay una parte de la sociedad a la cual le hace falta eso, hay una adrenalina de muchos votantes que necesitan un salvaje en escena. Pero más allá de esos pequeños grupos, me parece muy bien todo lo que llame a civilizar, a humanizar, a desanimalizar una sociedad que ha sido tan animal como ésta, que ha roto tanto innecesariamente. Cuando se pasea por el conurbano bonaerense y se ven cuadras y cuadras y cuadras de gente donde no hay una persona con más de tres dientes, te das cuenta qué animales hemos sido.

El daño que hemos hecho a esta sociedad es tan grave y tan profundo que todo lo que sea un tono más racional para conversar lo que tenemos que conversar nos va a ayudar. Todo lo que sea una guerra desde arriba, por intereses, distrae a todo el mundo de lo que hay que hacer inmediatamente, que es recuperar esa sociedad que está ahí abajo, a los muchos que todavía están abajo.

– Hay sectores que miran con mucho temor la juventud, que actualmente está involucrándose en la vida social –desde los partidos hasta los gremios y las empresas-, está revirtiendo la apatía que la había inundado durante buena parte de la década del noventa. ¿Qué opinión tiene sobre este proceso?
– Quiero hacer un llamado explicito sobre eso: los que tenemos que dejar de pensar la Argentina somos los que la hicimos, los mayores de 50 años. Argentina es el producto de la inteligencia de mi generación. Si nosotros nos animamos a criticar a los que vienen, con lo que les dejamos y con lo que les hicimos, seríamos dos veces brutos, hoy hay que hacer todo lo contrario.

Hemos tenido una inmensa animalidad, no sólo en los setenta sino después, con el robo, con la corrupción, con la pobreza, con la indiferencia: haber llegado a 60% de pobres es una muestra de una indiferencia absoluta de la clase dirigente sobre la carne de la gente. Hemos sido muy animales, no solamente con las armas sino con la inteligencia, con grupos facciosos, con intereses de parte.

A lo que estoy llamando es a dejar de pensar la Argentina nosotros. Los jóvenes tienen la obligación de hacer su mundo. Si a esta altura se lo dejamos así, no se lo sigamos construyendo. Me asombra muchas veces que el demoledor tenga miedo del constructor, si es así estamos equivocados.

A diferencia de otras épocas de nuestro país, hoy los políticos dependen de los ciudadanos, y no al revés, ya no se acepta eso del voto cautivo, tan presente en otros tiempos. ¿Por qué? Porque 45% del padrón tiene menos de 40 años, no acepta ese voto, no es parte de su historia. En ese sentido, estamos en un gran momento de la sociedad argentina.

– ¿Cuál fue el mensaje de las primarias del 14 de agosto, si es que puede sintetizarse en una expresión?
– Lo que la gente dijo es: “Votamos esto porque no hay adónde ir. Para delante no hay pero para atrás no queremos volver”. Duhalde no, el peronismo feroz no es lo que se quiere, Duhalde es ponerlo para no sacarlo más, es la venganza. Radicalismo tampoco, para atrás no. Por eso ganó todo lo que estaba sentado de cualquier signo ideológico que fuera. La Argentina tomó conciencia de que hacia ciertos lugares ya no se puede ir y de eso deberían tomar nota muchos políticos y muchos dirigentes de todos los ámbitos.

Lo que la gente no quiso el 14 de agosto es romper los equilibrios. Una elección es eso, una recomposición de los equilibrios políticos: ponemos más de este condimento, sacamos más del otro. Lo que la gente no quiso es romper los equilibrios. Dijo que hasta que no tuviera adónde ir, se quedaba acá. Y hubo un consenso tácito de Salta a Ushuaia y de San Juan a Buenos Aires, sin que nadie se hablara por teléfono. Y ganaron todos los oficialismos, un momento extraordinario de la Argentina, de una sabiduría enorme.

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