Es hora de hackear los mercados de trabajo

 Por Andrés Pallaro *

El año 2018 será recordado por el record de análisis y debate sobre el futuro del empleo en el marco de las transformaciones por la aceleración tecnológica. Hackear los mercados de trabajo es una posible solución.
El trabajo de los seres humanos ya no será lo que viene siendo ya que máquinas y software harán por nosotros muchas más tareas en todos los tipos de actividades.
En países desarrollados, la problemática se manifiesta en la calidad de los nuevos empleos y las distancias crecientes entre los empleos mejores pagos y los de la base.
Por otra parte, en países en vías de desarrollo la problemática se concentra en las dificultades para transformar los empleos propios de la era industrial en nuevos trabajos con base tecnológica, además de generar nuevas oportunidades para enormes segmentos excluidos del mercado laboral formal.
Hay un común denominador en todos los abordajes sobre el tema: apostar por la educación, capaz de desarrollar en las personas habilidades para nuevos empleos y proyectos independientes.
Pero hay una gran evidencia: no se puede esperar, porque la curva de aceleración tecnológica es mucho más pronunciada que la curva de preparación de la gente para aprovecharla y de desarrollo de nuevos sistemas para la era digital. En otras palabras, el mundo está tomando conciencia que no alcanza con lo que se está haciendo para que la dinámica de reconversión laboral y social equiparen a la disrupción tecnológica y globalización acelerada. Ya no alcanza el reformismo ni el derrame y, por ello, surge la idea de hackear los mercados de trabajo, cuyas bases al menos deberían ser:

A) Modernizar el abordaje de la gestión pública sobre el trabajo. Ministerios de Trabajo, nacionales y provinciales, siguen haciendo más de lo mismo.
Urge al menos construir una plataforma digital pública que sea capaz de registrar las habilidades que cada ciudadano va logrando, visibilizar y catalizar oportunidades de trabajo en rubros y actividades dinámicas y conectar a la gente de forma más ágil y eficiente con mecanismos de formación específicos para adquirir las competencias que requieren esas oportunidades. Resulta vital acompañar a las personas en el permanente camino de adaptación y actualización laboral.
B) Fomentar y multiplicar iniciativas que de forma creativa apuntan a llevar colectivos sociales más rezagados hacia las competencias requeridas hoy y, sobre todo, a futuro. Por citar un ejemplo, el proyecto Arbusta propone formar y contratar jóvenes vulnerables para tareas tecnológicas de baja complejidad.
C) Blindar nuevas experiencias de desarrollo laboral que requieren de ensayos y regímenes especiales para nacer y reproducirse. Se necesita de un paraguas que permita apartar las instituciones más tradicionales del derecho laboral y desarrollar evidencias sobre la dinámica y potencial de actividades y sectores que pueden generar más y mejores empleos. Actividades de atención de niños y ancianos, coaching y acompañamiento de personas, están dentro de este sector que promete oportunidades masivas de trabajo bien remunerado y cuya curva podría acelerarse con un marco de regulación más simple y menos costoso.
D) Recrear la dinámica de las mesas de transformación sectorial de industrias y servicios.

No se puede seguir con secuencias incrementales de lento impacto en este tema tan crucial.
Mapear las transformaciones necesarias en cada sector, elevar las conversaciones, construir acuerdos y acelerar implementaciones público-privadas debiera ser una prioridad.
E) Innovar seriamente en la política impositiva para convertirla en palanca del desarrollo laboral del futuro. La agenda impositiva no puede seguir siendo rehén de las disputas políticas y concentrada en la cobertura poco inteligente del gasto público desbocado.
Estos y otros elementos son la punta de lanza para hackear el mercado de trabajo y acelerar la construcción de soluciones que ya no pueden esperar al gradualismo ni al derrame. Esto supone, además, una gran audacia para abordar la seguridad social y diseñar nuevos modelos que permitan proteger más y mejor la persona del trabajador y no el trabajo específico que cada uno de ellos desempeña en distintos momentos de sus vidas.
Expertos en economía del desarrollo, como Robert Solow y Dani Rodrik, hace varios años advirtieron que el éxito o fracaso de la globalización dependerá de asegurar un reparto equitativo de los dividendos digitales. Hackear los mercados de trabajo y evitar que las grietas se hagan inmanejables es un imperativo moral y una prueba de fuego para la sostenibilidad de las democracias en el mundo.

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