¿En qué creen los que crean?

 Por Israel Cinman (*)

¿En qué creen los que crean? Para dar respuesta a esta pregunta usaré un ejemplo: la cama. ¿Qué pasa con el colchón en la mente de los que crean? Primero, para dormir, le creamos un hueco y le damos nuestra forma. Hay gente que no se va a dormir sino que se zambulle en ese colchón. Es la famosa zona de comodidad. Y nosotros ¿qué hacemos en nuestra cabeza? Lo damos vuelta, no lo cambiamos. Lo giramos para todos lados. Y, como si fuera poco, recién después compramos uno nuevo. ¿Qué pasa la primera noche que dormimos en un nuevo colchón? Es fatal. Pero, ¿por qué? Porque aunque hayamos conseguido un colchón aun mejor que el que teníamos antes, los seres humanos valoramo el control. Éste es uno de los grandes problemas que tenemos a la hora de hacer cambios. Es la fuerte vocación de acostumbrarnos a lo que sea.
Otra pregunta que se desprende del análisis anterior: ¿por qué hay personas que cambian el mundo y otras que no lo hacen? Hagamos una distinción generacional, tomando como referencia el año 1980, momento en la historia en que la tecnología irrumpe de forma masiva.
Para aquellos que nacieron antes de ese año, conocidos como “Generación X” o los “remadores” -según yo- había más obligaciones que derechos. Esto fue un momento en el que no había las mismas posibilidades que hoy en el ecosistema emprendedor. Después de 1980 sigue la “Generación Y” o los “raffineros”, una generación que, a diferencia de la anterior, tiene más derechos y menos obligaciones. ¿El dilema? Vivimos en un mundo donde la mayoría de los X dirigen a los Y. Es importante tener en cuenta que, en ese proceso de cambio, tenemos que ir leyendo a las siguientes generaciones. Los primeros recorrieron un río muy lento, con historia y más obstáculos mientras que los segundos avanzan mucho más rápido, apasionados y conectados con el placer extraordinario.
Y, por último, después de los Y está la generación post 2000, los “runners”. Ellos son personas que buscan la transparencia y tienen una gran capacidad para trabajar en comunidad. Son, entre muchas cosas, los que vienen a cambiar el mundo. “Hay un montón de cosas que no las vamos a poder hacer sin ellos, por eso es tan interesante juntarse con chicos de ocho, nueve o 10 años. Entre otras palabras, es la primera vez en la historia de la humanidad que los jóvenes pueden enseñarles a los adultos.
Pero, volviendo a la pregunta inicial, ¿en qué creen los que crean? La respuesta: creyeron lo que crearon. El cambio está presente en todos los rubros: Einstein, Da Vinci, Mandela o Bill Gates fueron revolucionarios porque primero creyeron en aquello que estaban haciendo.

Las dos caras de la mentalidad
Veamos las diferencias entre aquellas personas que integran el “paradigma histórico” y las que conforman el “paradigma del liderazgo”:
El paradigma histórico. Hay mucha gente que cree que no tiene posibilidades y espera, desea, le gustaría y está llena de opiniones. Pero esto nos quita la posibilidad de crear. Estamos llenos de razones, de historias y de circunstancias que dictan los acontecimientos. Otros creen que son el resultado de su propia historia. Por ejemplo, si uno de sus padres hizo algo, el hijo creé que también lo debe hacer.
Se identifica por la resignación y el resentimiento. Es frecuente sentirse mal con uno mismo y culpar a los demás. Quedarse en la zona de confort, sin ningún tipo de cambio posible.Supervivencia de muchos a costa de los proyectos de los demás. Ellos eligen por uno mientras uno es un espectador.

El paradigma de liderazgo
Está conformado por aquellas personas que ven oportunidades: crean, inventan generan y diseñan el futuro. Esto nos lleva a comprometernos con promesas y responsabilidades.
Cada uno es el origen de sus resultados: “Mi historia empieza y termina conmigo”.
Las emociones son la ambición y las ganas. Se trata de una zona de creación y de expansión personal: “Soy el protagonista de mis sueños”.
Nos damos cuenta de que el mundo es otro cuando nos animamos a soñar, a crear y a sentir. ¿Qué es crear un mundo? Crear un mundo es un lugar donde la gente quiera y pueda pertenecer apasionadamente.

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